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Argentina: aliado estratégico del Estado de Israel

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La política exterior argentina siempre ha sido consecuencia directa de nuestra política interna. Dime con quién andas reza el refrán, y en asuntos de diplomacia no hay nada más cierto.

Desde diciembre de 2015 hasta la fecha, la relación entre Tel Aviv y Buenos Aires se ha hecho cada vez más profunda. Sobre todo, desde la primera e histórica visita oficial del primer ministro israelí a nuestro país, producto del cambio de gobierno y su cambio de posición respecto al anterior; que había reconocido y apoyado a Palestina en su conflicto e iniciado el Memorándum de Entendimiento con Irán.

El aparato de propaganda del gobierno pretende mostrar el acercamiento de Macri a Israel como un producto de la admiración que le generaron, tras sus numerosas visitas, la avanzada agroindustria, el fomento de las energías renovables o el crecimiento económico generado por el libremercado bajo el gobierno de Netanyahu. Sin embargo, el acercamiento político entre estos países responde a razones geopolíticas.

El Estado de Israel surgió, independientemente de las razones religiosas o culturales que sus fundadores y defensores puedan profesar, como una estrategia del imperialismo norteamericano para impedir la unidad de los pueblos árabes. La integración política de los más de 22 países que se comunican entre sí en la lengua del Islam en un territorio que abraza dos continentes, ha sido siempre un asunto de importancia geopolítica extrema; entre otros factores, por el control del mar mediterráneo, de numerosas rutas comerciales, por sus enormes reservas petroleras y el control de los oleoductos que distribuyen este recurso.

Si Estados Unidos y las potencias europeas hubieran tenido que negociar con una gran Nación Árabe su política hacia la región en los últimos 50 años, el curso de la historia podría haber sido bien distinto. En la actualidad, el objetivo político israelí es impedir el acrecentamiento del poderío iraní. Desde Teherán han sabido cómo transformar la renta petrolera en independencia económica; y su programa nuclear le disputa la hegemonía tecnológica y armamentística al Imperialismo.

En esta disputa, Estados Unidos e Israel combaten con Irán en el terreno de la diplomacia. Necesitan quitarle aliados y presionar firmemente para terminar con su soberanía. El cambio de gobierno en la Argentina, permitió que nuestro país pase de “Aliado de Irán” a por lo menos “Neutral”, en las votaciones que año a año ocurren en Naciones Unidas y otros organismos similares que condenan sistemáticamente la política sionista en territorio árabe.

La afinidad de Macri con Estados Unidos-Israel es incondicional. Macri es un hombre de las finanzas, con un partido que dice que su principal fuerte es no venir de la política, desprestigiando esta actividad y, por lo tanto, obstaculizando la principal herramienta para la emancipación de los pueblos ¿De qué otra forma las grandes mayorías podrían acceder a un más alto grado de justicia social tal y como se encuentran el poder judicial, los medios de comunicación y la república toda hoy en día?

Por su parte, Netanyahu es un hombre del sionismo -vale decir, de las finanzas- y pertenece al partido Likud, abiertamente liberal y enemigo de Palestina. Para muestra basta un botón: La tradicional casa Rothschild -de origen sionista- es la que dirige la Reserva Federal “de Estados Unidos”.

Por lo tanto, podemos concluir en que este mundo de las finanzas, sus partidos y sus personajes encuentran en su altísima rentabilidad las razones para legitimar tanto el genocidio en medio oriente como la represión -que sería la “política interna”- en nuestro país.

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