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El ataque a Venezuela es una agresión contra la América Morena

Si hay algo que debemos aseverar, es que la situación política latinoamericana no es ni por cerca la misma de hace cinco o diez años. La América Morena hoy sufre una recaída y sangra por Venezuela.

Durante los ’90, signados por el auge del librecambio neoliberal y occidental, se creó el Mercosur, entidad que lejos estaba de ser un mercado común, y más lejos aún de aquella idea de “integración solidaria” elaborada por Juan Carlos Puig, que promovía la cooperación social, cultural, económica y para beneficio recíproco. Terminó por asemejarse más a una mera zona de libre comercio, cuyo resultado sería la profundización de las desigualdades entre los países del bloque. Los intereses norteamericanos, reafirmados por el alineamiento incondicional de nuestros dirigentes, deambulaban en búsqueda de la firma de aquel Consenso (de Washington) que les permitiera hacerse con nuestros recursos.

El inicio de la nueva década encontraría a los países del sur devastados pero en movimiento. Las llegadas de Kirchner, Lula y Chávez limitarían la intromisión de Washington, al rechazar el ALCA y fortalecer los vínculos regionales logrando el ingreso de Venezuela al Mercosur. Los intereses económicos se entrelazarían con los ideológicos, para posteriormente estrechar manos con Evo Morales y Rafael Correa. Salvo por algunas rispideces eventuales, América Latina lograba estar más unida.

Pero como dijimos al inicio, la situación no es la misma, y sin ánimos de negar la incidencia de los errores cometidos por los gobiernos antes mencionados, que no lograron modificar la matriz productiva de sus respectivos países para reducir su dependencia industrial y tecnológica, podemos decir que con ayuda foránea la región actualmente ha retrocedido hacia aquellos años noventosos, en los que la desigualdad es una constante y lo extranjero es más atractivo que lo nacional.

Esta realidad facilitó la suspensión de Venezuela del Mercosur (y su posible eliminación) y ha reforzado internamente la potencia de la derecha opositora al chavismo, que a falta de argumentos democráticos y legales decidió realizar un plebiscito inconstitucional para crear un gobierno paralelo; un Estado dentro del Estado. Pero esto no hubiera sido posible sin el respaldo regional de los nuevos y antiguos gobiernos antinacionales y antipopulares. Con Macri en Argentina, Temer en Brasil, Bachelet en Chile, Kuczynski en Perú, Cartes en Paraguay, Santos en Colombia, Peña Nieto en México, Hernández en Honduras, Varela en Panamá y Solís Rivera en Costa Rica; aunque el respaldo de Evo Morales, de Lenín Moreno y de Raúl Castro se reduce drásticamente frente a la intervención de los primeros, conducidos por el Departamento de Estado.

Entendemos que cuanto antes concluyan los gobiernos de Macri y Temer (y hay una elevada probabilidad que no concluyan sus mandatos), más posibilidades y mayor apoyo encontrará el gobierno de Maduro para que el pueblo bolivariano vuelva a su grandeza. Ojalá eso ocurra en breve.

Por último, resulta irónico que ciudadanos argentinos se rasguen las vestiduras denunciando la falta de acceso a bienes de primera necesidad que sufren los hermanos venezolanos. Parecen haber olvidado que durante los 80, los 90 y en 2001, conducidos por gobiernos “nacionales” que se inclinaron por el servilismo y la dependencia financiera de EEUU, decenas de miles de argentinos tuvieron que saquear supermercados para conseguir azúcar, harina o papel higiénico. Incluso ignoran (o fingen ignorar) que hoy en la Argentina democrática de Macri, la mitad de nuestros niños viven en condiciones de pobreza. Venezuela también sufre, sería necio no reconocerlo, pero lo hace por una causa autonomista, justa, nacional y latinoamericana. Vaya diferencia…

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