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Causa fotocopias: capital financiero contra la patria contratista

 

Unas palabras previas: no hay cuaderno alguno en esta causa. Quien hable de  “cuadernos” es un mentiroso o un desinformado. El supuesto agente de inteligencia Centeno afirma haberlos quemado. No obstante, las “copias digitales de alta calidad” se prestan a algunas pericias, pero no las suficientes para condenar a nadie. La causa no tiene elementos de prueba serios (hasta donde se ha hecho público). Los principales acusadores son familiares y allegados al presidente Macri. Además, la competencia del juez Bonadío y del fiscal Stornelli es, como mínimo, dudosa. La violación de los más elementales principios constitucionales y de los tratados internacionales de derechos humanos no parece discutible.

El “PBI” que se robó la corrupción del gobierno anterior, no aparece en ningún lado; los únicos que figuran en los paraísos fiscales son las cuentas y empresas offshore de Macri y sus ministros, es decir, los verdaderos delincuentes que integran el hampa financiera que asola a buena parte de la América del Sur, a excepción de Bolivia y Venezuela. Pero esto tiene sin cuidado a los fabricantes mediático-judiciales de esta nueva cortina de humo para expropiar al pueblo argentino la discusión fundamental sobre los problemas del país (tarifazo, despidos, deuda, ajuste); la triste realidad es que la Argentina se dictan prisiones preventivas y condenas sin pruebas, igual que en Brasil o Ecuador.

Lo que ocurre, es que el comando de varios poderes judiciales suramericanos está en manos directas de la Embajada estadounidense y la CIA. Obviamente, el Estado estadounidense es el instrumento del capital imperialista, dueño de los monopolios mediáticos. Por lo tanto, los jueces y fiscales dictan las prisiones y los medios ejecutan la condena.

La república democrática, como forma de gobierno donde el poder político es una cuestión pública y el pueblo se gobierna a sí mismo, está seriamente debilitada: las grandes corporaciones han expropiado el poder político, nombrando a sus CEOs como ministros: el gabinete de Temer, Piñera o Macri lo demuestran. Se ha privatizado la “cosa pública” y la democracia participativa está debilitada; estamos ante “gobiernos de opinión pública”, impuesta por la universidad desnacionalizada, las redes y los medios monopólicos, y la rosca político-judicial tributaria del poder extranjero. La Argentina vive la dictadura civil del capital financiero.

Sin embargo, la política de endeudamiento y desindustrialización del gobierno macrista no puede ser sostenida sino por medio de una agobiante dictadura cultural y, tarde o temprano, una mayor represión contra la movilización social provocada por el ajuste y la destrucción de las condiciones de vida de la mayoría del pueblo. Ante esta situación, el Departamento de Estado estadounidense exige que los Ejércitos latinoamericanos se ocupen de la seguridad interior.

El problema es que, si llega a las elecciones y no cae antes por el odio popular, Macri, Vidal y Cambiemos en general perderían las elecciones ante el peronismo. Por lo tanto, igual que Lula, desatan la persecución mediática-judicial.

El procedimiento es un casi un calco: la burguesía contratista del Estado, que fue una socia menor de los gobiernos populares suramericanos (Correa, CFK, Lula-Dilma), e hizo negocios en todo el continente, es investigada a partir de las pruebas norteamericanas (caso Oderbretch) y de esta forma el capital financiero-mediático se libra de socios menores, aprieta a las grandes empresas constructoras e industriales de capital total o parcialmente nacional (Techint) y quema sus últimos cartuchos con el verso de la “corrupción”.

El caso de las fotocopias, tramitado por un individuo que debería estar destituido o preso en vez de hacer de juez federal, es ridículo: con dudosas pruebas que habrían sido fabricadas por agentes de inteligencia, aprietan empresarios, encarcelan a los gerentes y algunos dueños de empresas menores de capital local (Pescarmona), sin investigar a los dueños de las grandes compañías. Al mismo tiempo, el primo y testaferro de Macri y su familia, Calcaterra, en vez de quedar detenido por delincuente y coimero, queda libre como “arrepentido” y “víctima de extorsión” por parte de funcionarios del gobierno anterior.

Por lo tanto, todo se trata de sacudirse socios incómodos, apropiarse de negocios de obra pública y tratar de proscribir mediáticamente o judicialmente a los dirigentes que pueden ser más determinantes para formar un frente nacional centrado en el peronismo que acabe en las urnas con el régimen macrista. Recordemos que este gobierno promueve la intervención de sindicatos y partidos políticos (PJ nacional).

Incluso, ya no es ningún secreto (hasta Pagni de La Nación lo dice) que esta causa trucha de las fotocopias es un episodio más de la guerra comercial entre Estados Unidos y China. La opereta estaría impulsada por los yanquis para quitarle contratos de obras públicas a los chinos y debilitarlos en el desarrollo de su comercio y sus relaciones económicas con América del Sur. Se trata de privar a nuestras repúblicas de socios alternativos a Estado Unidos. El gran crimen de los gobiernos populares ha sido buscar asociaciones diferentes a la dominación norteamericana. Ahora, los bancos y el gobierno norteamericano le ponen la plata del FMI a Macri y quieren arruinar nuestras relaciones con el nuevo mundo emergente. Tenemos que seguir atados al mandato semicolonial.

En suma: estamos ante un episodio del conflicto entre las grandes potencias del sistema capitalista a escala mundial; al tener un gobierno vendepatria, mientras todos los Estados soberanos se vuelven proteccionistas, la Argentina se abre y termina dominada por el capital financiero global representado por el FMI.

La truchada de las fotocopias es un instrumento más de dominación extranjera para tratar de salvar desesperadamente al gobierno de Macri o lo que quede de él. Pues, como sucede cíclicamente en la historia argentina, al principio de todo gobierno apoyado en el capital extranjero y la rosca oligárquica local, al principio los dos bloques clásicos de las clases dominantes marchan juntos, pero cuando la crisis del sector externo obliga a elegir entre el capital foráneo (conducido por el sector financiero) y la parte más débil de la rosca local (contratistas, exportadores), se rompe la “comunidad de negocios” fundada en la entrega incondicional del país a las exigencias del mercado mundial.

Luego, la divergencia entre exportadores e importadores, entre producción y especulación, entre capital extranjero y rosca local, se profundiza y se produce el agrietamiento del frente común; el ajuste, las tasas de interés, la política cambiaria, el sistema tributario, etc., entra en contradicción porque lo que favorece a un bloque daña al otro. Y, mientras tanto, afuera, en la intemperie, el pueblo pierde sus medios de vida y se enfurece peligrosamente. Y la hora del estallido se aproxima.

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Dr. Gabriel Delgado
Abogado y profesor.
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