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A cien años de la Reforma, el radicalismo revienta a palos a la autonomía universitaria

En la noche del miércoles 12 de abril, agentes de la policía jujeña en conjunto con integrantes del grupo GEN, ingresaron a mitad de una celebración en la Facultad de Ciencias Agrarias de la Universidad de Jujuy (UNJu) y se llevaron detenidos al presidente del Centro de Estudiantes Joaquín Quispe, y al estudiante Ignacio García, justificándose en supuestas “denuncias por ruidos molestos”.

Sin contar con autorización alguna y violando el artículo 31 de la Ley de Educación Superior que determina que “la fuerza pública no puede ingresar en las instituciones universitarias nacionales si no media orden escrita previa”, el gobierno radical de Gerardo Morales, alineado políticamente con el de Macri, dispuso la violación de la autonomía universitaria, derecho conseguido a partir de la Reforma Universitaria del año 1918.

El uso de la fuerza policial contra los estudiantes (repudiado en toda la Argentina y lugares de América Latina) es otra expresión del agotamiento de un gobierno que recurre a la represión ante la crisis social causada por las políticas económicas impuestas por este. Las aguas se dividen, y miles de universitarios, docentes y estudiantes (que inclusive habían votado a Cambiemos), hoy enfrentan a un modelo que abandona los votos para calzarse las botas.

En ese sentido, a la nefasta intervención de la policía se le suma al amedrentamiento de los docentes en las puertas del Congreso Nacional. Ocurre entonces que los sectores vinculados a la educación se alzan ante los insultantes ofrecimientos salariales, el desfinanciamiento de la educación superior y los intentos de arancelamiento en toda la universidad argentina. Por su parte, la respuesta del gobierno es contundente y monótona: palos y palos.

Entre tanto, ¿dónde se esconde la Franja Morada? Gorilas serviles, celebraban cuando el gobierno jujeño encarcelaba a Milagro Salas, y ahora se desentienden en un tibio comunicado de la FUA por las redes sociales para salvar sus pruritos “reformistas”, o más bien sus cargos, ante el avasallamiento de los derechos universitarios. Aquella eterna apología de la Reforma, tras casi un siglo de su conquista, no les ha impedido colarse en los gobiernos antinacionales y más represivos de nuestra historia. Hoy ocupan cargos de primera línea en la Secretaría de Políticas Universitaria dependiente del Ministerio de Educación; ¿será esta el modelo de universidad “plural y reformista” que pretenden “en toda la Argentina para poder cambiarla”?

La Reforma del ’18 gestada en Córdoba y cuya influencia se expandió por la América toda, influyendo marcadamente en movimientos como el aprismo peruano y el MNR boliviano, significó el ingreso a la vida política de la pequeña burguesía universitaria, en el marco del gobierno democrático de Yrigoyen. Con una expresa ideología latinoamericanista, sus planteos trascendían el reformismo de la libertad de cátedra o la misma autonomía universitaria, y cobraban un carácter revolucionario al proclamar una “hora americana” y la intención de “borrar para siempre el recuerdo de los contrarrevolucionarios de Mayo”. A esta arista de la Reforma, que es la más importante por su denuncia de una cuestión nacional latinoamericana por resolver, Franja Morada se ha encargado de tacharla una y otra vez, generación tras generación de estudiantes. Y es que reivindicarla es oponerse a todos los gobiernos antinacionales en los cuales se han visto entreverados; ¡el de Macri y Morales inclusive!

Pero hechos como el de ayer demuestran que ni siquiera en su tan autoproclamado reformismo, resisten la tentación de aferrarse a la caja del Estado y simular alguna clase de indignación elegante, mientras la autonomía universitaria es ultrajada.
Mientras la policía entra a las universidades y los docentes son reprimidos en sus acciones sindicales, hay quienes, levantando las banderas que enarbolaron los reformistas de 1918, bregamos por una Universidad nutrida de un fuerte sentido nacional que, desde sus aulas, denuncie la ofensiva de este gobierno contra la educación pública y gratuita.

Para ello, la movilización estudiantil a través de sus gremios, muchos de ellos inutilizados por quienes los encabezan, tal es el caso de la Federación Universitaria de Cuyo (FUCuyo) conducida por Franja Morada, es necesaria para poner a la Universidad al servicio del pueblo argentino.

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