Iván Duque y Juan Manuel Santos, en su encuentro posterior a la elección presidencial

Iván Duque y Juan Manuel Santos, en su encuentro posterior a la elección presidencial

“Gobernar a Colombia requiere grandeza para mantener todo lo que funcione, corregir todo lo que sea necesario y construir nuevas iniciativas, instituciones y programas que le aseguren a nuestro país un futuro de justicia social”, dijo Iván Duque este martes en su discurso de asunción como presidente.

Todos los gobiernos combinan distintas dosis de continuidad y de ruptura con lo heredado. El nuevo mandatario fue lo suficientemente vago en sus propuestas como para que no resulte tan fácil imaginar cuál de los dos componentes va a primar.

“No veo un eje claro hasta el momento. Esto se debe, en parte, a que Duque es un político poco conocido y joven. No ha tenido tiempo de construir una agenda propia, ni de afianzar una imagen y una trayectoria como experto o abanderado de temas específicos, así como tampoco tiene capital político propio”, dijo a Infobae Sandra Botero, profesora de la Facultad de Ciencia Política, Gobierno y Relaciones Internacionales de la Universidad del Rosario.

Iván Duque y el titular del Senado, Ernesto Macías, durante la jura presidencial (Reuters)

Iván Duque y el titular del Senado, Ernesto Macías, durante la jura presidencial (Reuters)

La campaña que lo llevó a ser el candidato más votado en primera vuelta, y a ganarle claramente a Gustavo Petro en el ballotage del 17 de junio, giró en torno a la consigna “legalidad, emprendimiento y equidad”, que no dice mucho. Es cierto que su candidatura fue impulsada por el ex presidente Álvaro Uribe (2002 — 2010), así que podrían buscarse en su gobierno pistas de lo que se espera para el de Duque. Pero los antecedentes pueden ser engañosos.

Juan Manuel Santos también ganó las elecciones de 2010 como el delfín de Uribe, de quien había sido ministro de Defensa. Pero no tardaron en volverse enemigos acérrimos. A pesar de haber ejecutado la estrategia de enfrentamiento militar con las FARC que caracterizó al gobierno de su padrino político, Santos pasó a la historia como el mandatario que alcanzó la paz y terminó con más de medio siglo de guerra.

En ese punto se encuentra, por ahora, la diferencia más clara entre Duque y su predecesor. El ex senador fue muy crítico del acuerdo con la guerrilla y prometió introducir cambios en la implementación, que ya está en marcha desde el año pasado. No obstante, a medida que se acercaba su desembarco en la Casa de Nariño, fue suavizando su postura y alejándose del uribismo duro, nucleado en el Centro Democrático (CD).

 Duque es un político poco conocido y joven. No ha tenido tiempo de construir una agenda propia, ni de afianzar una imagen y una trayectoria como experto

Es muy difícil prever si habrá continuidad o ruptura entre Duque y Santos. Porque es un relativo desconocido y porque la campaña ha dejado algo de disonancia entre los discursos su partido, que tiene una posición muy beligerante de derecha, y el discurso del mismo Duque, que fue mucho más moderado. En principio, uno esperaría cambios en la implementación de los acuerdos de paz y una relativa continuidad en política económica, pero puede haber sorpresas”, sostuvo Yann Basset, doctor en ciencia política por la Universidad de París III y docente de la Universidad del Rosario, en diálogo con Infobae.

Las diferencias entre el mandatario y algunas figuras prominentes de su espacio político fueron muy palpables el día de la jura. Antes de Duque habló el presidente del Senado, su copartidario Ernesto Macías. En un discurso muy crítico con Santos, se refirió a “un sombrío legado marcado por el derroche y la corrupción”, y acusó al gobierno saliente de haber sacrificado “la seguridad democrática” y de ignorar a las víctimas de las FARC.

Álvaro Uribe e Iván Duque

Álvaro Uribe e Iván Duque

Muy lejos estuvieron las palabras que pronunció luego el flamante jefe de Estado, que hizo énfasis en la necesidad de superar “los sentimientos hirsutos que invitan a la fractura social”. “Quiero gobernar a Colombia con el espíritu de construir, nunca de destruir”, dijo. Tras la ceremonia, Uribe se mostró mucho más cerca del tono de Macías. “Era necesario”, afirmó.

“Duque necesita ambos lenguajes. Por un lado, no puede perder la fidelidad de su partido y de sus bases sin arriesgar su gobernabilidad. Por otro, aunque su triunfo sobre Petro fue claro, su contrincante obtuvo algo más del 40 por ciento. Y una parte de los voto que él recibió no fueron a favor del ideario del Centro Democrático, sino en contra del petrismo. Duque no puede gobernar sólo para sus electores más convencidos, pues tiene que ganarse a casi una mitad del país que lo observa con desconfianza. Ese equilibrio entre ambos polos marcará, de principio a fin, su gobierno“, explicó Carlos Andrés Ramírez, profesor del Departamento de Ciencia Política de la Universidad De Los Andes, consultado por Infobae.

La firma de Juan Manuel Santos en el pacto con las FARC (AP)

La firma de Juan Manuel Santos en el pacto con las FARC (AP)

Un presidente en busca de su propio sello

“Duque va a tener que imponer rápidamente su marca proponiendo medidas u orientaciones claras, porque en este contexto de incertidumbre el Gobierno nace presionado por todas partes, incluso por su propia mayoría. Va a tener que marcar un rumbo”, dijo Basset.

Como buen estudioso del marketing político, Duque evitó siempre dar definiciones demasiado taxativas sobre temas sensibles para la opinión pública. Pero eso no significa que carezca de ellas. Si se mira su trayectoria y las alianzas que construyó, se puede suponer que su gobierno se diferenciará del anterior en ciertas áreas de la política pública.

“Santos es ideológicamente un pragmático liberal que gobernó con las reglas tradicionales del clientelismo —dijo Ramírez—. Duque gobernará bajo esas mismas reglas, pero no mantendrá el mismo talante liberal. Su gobierno se alineará en las corrientes neoconservadoras y eso significa liberalismo económico a rajatabla y conservadurismo moral y cultural. Duque recibió el apoyo de la mayoría de las agrupaciones cristianas, junto con el de sectores del electorado conservador que añoran una Colombia basada en el valor del orden, el patriotismo y la familia tradicional. En ese marco se jugará la principal diferencia con su antecesor”.

Los presidentes Enrique Peña Nieto (México), Ollanta Humala (Perú), Michelle Bachelet (Chile) y Juan Manuel Santos (Colombia), junto al titular del BID, Luis Alberto Moreno, en una cumbre de la Alianza del Pacífico de 2016 (AFP)

Los presidentes Enrique Peña Nieto (México), Ollanta Humala (Perú), Michelle Bachelet (Chile) y Juan Manuel Santos (Colombia), junto al titular del BID, Luis Alberto Moreno, en una cumbre de la Alianza del Pacífico de 2016 (AFP)

No sería extraño que, para mantener el respaldo de esos votantes conservadores, endurezca las penas vinculadas con el narcotráfico y rechace flexibilizar el marco normativo para los consumidores de drogas. De la misma manera, se espera que continúe fuera de agenda la legalización del aborto.

Esos sectores son los que reclaman que se revierta el acuerdo con las FARC. Los más radicales pretenden que se elimine la Jurisdicción Especial para la Paz (JEP), creada para juzgar a quienes cometieron crímenes en el marco del conflicto armado, pero con penas y criterios distintos a los de la justicia ordinaria. Además, quieren que se les prohíba la participación en política a los ex líderes guerrilleros y que se les retiren los diez escaños parlamentarios que les garantizó el pacto.

“Durante la campaña se insistió en que era necesario modificar la JEP, a la que el Centro Democrático percibe como una herramienta de impunidad —dijo Botero—. Sin embargo, esa retórica está cambiando. Hace unos días, la vicepresidente Marta Lucía Ramírez afirmó que una cosa es el partido y otra el gobierno, y que no se modificaría la JEP ni se apoyaría el referendo para revocarla. Estas declaraciones generaron sorpresa. No está claro si el presidente Duque efectivamente buscará desmarcarse de Uribe y del CD. Pero, más allá de la JEP, podría asfixiar la implementación simplemente no haciendo”.

 Su gobierno se alineará en las corrientes neoconservadoras y eso significa liberalismo económico a rajatabla y conservadurismo moral y cultural

Todo indica que la posibilidad de que el Gobierno trate de derribar los pilares del acuerdo, como pretende la línea dura, está descartada. Sí podría ir por correcciones parciales. Uno de los proyectos es eliminar la conexidad del narcotráfico con los delitos políticos, lo cual permite un tratamiento más favorable para los acusados. Otra de las iniciativas es que las ex FARC puedan conservar los escaños en el Parlamento, pero que no puedan ser ocupados por dirigentes acusados de haber cometido delitos graves.

Un eje alternativo sobre el cual podría innovar la nueva gestión son los diálogos con la que es hoy la principal organización armada del país, el ELN. “Durante los primeros 30 días de nuestro gobierno vamos a realizar una evaluación responsable, prudente y completa del proceso de conversaciones que, durante 17 meses, se ha adelantado con el ELN”, señaló Duque.

Las negociaciones mantenidas en Ecuador entre los representantes del gobierno de Santos y de la guerrilla no llegaron a buen puerto por la continuidad de los atentados. Duque podría retomar las deliberaciones, pero endureciendo algunas de las condiciones.

El presidente colombiano Iván Duque y el vicepresidente de Estados Unidos, Mike Pence.

El presidente colombiano Iván Duque y el vicepresidente de Estados Unidos, Mike Pence.

Las cosas que no van a cambiar

Hay muchos aspectos de la vida pública colombiana en los cuales los últimos gobiernos vienen manteniendo una misma línea, sin demasiadas alteraciones. La economía es el mejor ejemplo. Cuesta encontrar diferencias significativas entre la gestión Santos y la de Uribe, y no hay razones para creer que Duque vaya a romper con la tradición.

“En materia de política económica no veo mayores cambios. Aunque algunos miembros del Centro Democrático se han mostrado muy críticos del manejo de Santos, es más discurso que práctica. La realidad es que los lineamientos macroeconómicos de Colombia han tenido mucha continuidad desde hace varias décadas. Es un país conservador en lo económico, con relativa estabilidad, sobre todo, cuando se lo compara con otros países latinoamericanos que son mucho más volátiles”, dijo Botero.

Algo muy parecido se podría decir de la política exterior. Colombia sostiene los mismos alineamientos desde hace mucho tiempo. La condena a las violaciones a los derechos humanos perpetradas por el gobierno venezolano van a continuar, al igual que la Alianza del Pacífico con Chile, México y Perú, y las buenas relaciones con Estados Unidos.

 La realidad es que los lineamientos macroeconómicos de Colombia han tenido mucha continuidad desde hace varias décadas

Fredy Cante, doctor en ciencias económicas y profesor de la Facultad de Ciencia Política de la Universidad del Rosario, sostuvo que con Duque podría haber incluso una profundización de esas tendencias. “Posiblemente, se incremente la liberalización y se consoliden tratados de libre comercio. Sin duda se agudizará el conflicto con Venezuela y el país se acercará mucho más a los Estados Unidos por las afinidades electivas de los gobernantes”, dijo a Infobae.

En definitiva, si uno se guía por los discursos más extremistas de los distintos bandos que juegan en la política colombiana, podría esperar diferencias muy importantes en los próximos años. Sin embargo, cuando se analizan con más cuidado las últimas expresiones públicas de Duque, y se estudia la historia reciente, se llega a la conclusión de que difícilmente se vayan a ver movimientos abruptos. Aunque la historia enseña también otra cosa: siempre puede haber sorpresas.

(Por Darío Mizrahi)