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Crisis de gobierno | la invasión del FMI barrió con dos ministros más

Desde hace pocos días, cuando el presidente anunció la entrega de la soberanía al capital extranjero por medio del sometimiento al Fondo Monetario Internacional, desde el comando extranjero voltearon ministros y al presidente del Banco Central, dándole todo el poder a los célebres delincuentes económicos, evasores y malandras del hampa financiera: el petiso Dujovne y el ladrón Toto Caputo.

El primero, como un nuevo Cavallo o Martínez de Hoz, garantiza la centralización dictatorial de las decisiones económicas; aclaramos que es dictatorial porque el macrismo se niega a cumplir la Constitución de la república que ordena de manera terminante que el endeudamiento sea tratado por el Congreso como parte de sus facultades; y que quede claro: ninguna delegación alcanza al poder ejecutivo para encajarnos 50.000 millones de dólares de deuda más la cesión de derechos soberanos del Estado argentino, pues la política económica ahora queda a cargo de un comando de asesinos económicos extranjeros, disfrazados como burócratas internacionales del FMI.

En términos históricos, la entrega al FMI equivale a la ocupación del país por una fuerza colonial extranjera. A partir de ahora, la metrópoli es el eje Wall Street-Washington. Y el macrismo es una autoridad virreinal. Pero mucho más limitada que Cisneros: el Banco Central, que ya no tiene nada que ver con el pueblo argentino, ahora debe ser más “independiente” (según las condiciones de la rendición impuestas por el FMI). El agente colonial se llama Toto Caputo, individuo al servicio de los fondos buitre y ladrón que lucra armando empresas como cajas chinas y especulan con la deuda. Este despojo moral es el responsable del manejo de la moneda y del crédito público, dos atributos de la soberanía estatal que la Argentina acaba de enajenar. Los vendepatria en toda su ferocidad, helados de terror ante la crisis que devora a un régimen agotado, aceleran el ajuste y la desnacionalización de la economía y las finanzas.

Finalmente, y siguiendo seguramente los ridículos consejos del neo-arbitrista Durán Barba -un patético rasputín del algoritmo-, el oligofrénico Macri aprovechó la supuesta “distracción” del pueblo argentino con las cosas del fútbol para despedir a dos ministros: Aranguren y Cabrera.

¿Qué significa el movimiento palaciego? Pues no otra cosa que una concentración y centralización del poder para la ejecución limpia del ajuste exigido por el FMI. Los señores del Fondo no pueden hablar con todas las corporaciones a la vez, cada una en un ministerio o secretaría, como ha sido hasta ahora el gobierno macrista. Por el contrario, la fórmula de la intervención extranjera tiene un esquema doble: un virrey formal (Macri) con un ministro de finanzas que aplica la política del capital financiero global a través del vínculo directo con el FMI (el petiso Dujovne); y un “procónsul” de Wall Street, independiente del gobierno argentino, a la cabeza del Banco Central.

Los dos cambios de ministros no son sólo nombres. No se trata sólo de Iguacel por Aranguren. Es más que el hecho de que Aranguren traicionó a las petroleras al no sostener el compromiso de liberación del precio de los combustibles resuelto en octubre del año pasado y luego dejada en suspenso a partir del mes pasado, y que ahora las petroleras le cobran a Macri con su cabeza y poniendo alguien que asegure sus ganancias. Tampoco se trata de que el reemplazante de Cabera, Dante Sica, ex duhaldista, sea un elemento vinculado al negociado de la obra pública vial, y que es una ofrenda a la Unión Industrial Argentina, que exigía la renuncia de Cabrera. Dicho sea de paso, éste queda como presidente del Banco de Inversión y Comercio Exterior (BICE) y asesor del presidente Macri.

Eso es lo adjetivo: lo sustantivo no son los nombres (porque sigue el mismo o peor ajuste), sino la centralización del comando por pedido del FMI. Un ejemplo más: el Ministerio de Energía y Minería de Aranguren ya no existe: ahora sólo es de Energía. La Secretaría de Energía ahora integra el Ministerio de Producción de Dante Sica. ¿Qué significa este dibujo burocrático? Que el gobierno del FMI necesita que las corporaciones argentinas de la oligarquía diversificada (UIA) apoyen el ajuste mediante un acercamiento limitado al manejo de la minería, hasta ahora ligada a la conducción de los oligopolios energéticos. De esta forma, el macrismo intenta limitar los daños en el frente de clases que componen la alianza Cambiemos.

Además de la bronca de los “industriales” con Cabrera y de la sociedad con “Amarguren”, la situación se vuelve difícil de aguantar políticamente para el macrismo: “…los aumentos en electricidad llegaron al 1700 por ciento desde el 10 de diciembre de 2015. Desde ese período la fuga de divisas llegó a los 90 mil millones de dólares…” (Página 12 – 17/06/2018).

La fuente de estos datos, que es el Observatorio de la Deuda Externa de la Universidad Metropolitana para la Educación y el Trabajo, que dirige Arnaldo Bocco, prepara un informe sobre el sector externo. Los números son lapidarios. El gobierno macrista no ingresa divisas como no sea a través de deuda, en tanto obliga al pueblo argentino a financiar a los monopolios petroleros y energéticos; que son los mismos que, junto al hampa financiera, transfieren la renta nacional al exterior, descapitalizando al país y destruyendo su economía. Semejante política sólo tiene un final: caos social, movilización popular y la huida final, por medio de la fuerza de las urnas, o el helicóptero./

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Dr. Gabriel Delgado
Abogado y profesor.
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