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Después del Congreso, otra carta de Pocha al presidente Mau

Querido Mauricio:

Acá me tiene otra vez escribiéndole. La semana pasada fui al médico, ando con los huesos a la miseria, los años y la artrosis me están jugando una mala pasada. Y teniendo en cuenta los recortes en el PAMI (¡no me dan ni una ASPIRINETA Mau!) no me queda más opción que recurrir a ejercicios caseros, que estén a mi alcance. Por eso acá estoy, el doctor me dijo: -¡Escriba Pocha!, ejercite los dedos. Y qué mejor ejercicio que escribirle a usted, MI PRESIDENTE.

Mauricio ¡Qué “mono” se veía el otro día en el Congreso!, en verdad me dispuse a escuchar su discurso y debo decirle que me emocionó muchísimo: la felicidad, la alegría, estar juntos y unidos, la pobreza cero, el trabajo, el crecimiento, la honradez y el “Sí se puede” son dichos a los cuales usted nunca le escapa, y eso alienta. Sin embargo presidente, hay algunas cosas que me desconciertan.

Usted habló de alegría, y yo veo a mis vecinos con el “caballo cansado”: les pasa como a mí, no les alcanza ni para tres bollitos de pan. Juana, por ejemplo, la costurera de la cuadra me contaba el otro día que para pagar la luz tiene que pedalear la máquina de lunes a lunes, desde el amanecer hasta la madrugada; usted también habló del empleo, pero… ¿Cómo es Mauricio?, se dice que hay miles y miles de desempleados a consecuencia del cierre innumerable de fábricas y Manuel, por ejemplo, otro de mis vecinos se ha puesto a vender maples de huevo porque hace una año lo echaron de su trabajo sin justa causa. Presidente, usted habló y habla de cuidar a los docentes: la Matilde (otra de mis vecinas), que a propósito es maestra, hace semanas que no va a la peluquería: dice que con el miserable aumento que le han ofrecido no van a arrancar las clases y que mientras usted hablaba en el Congreso estaban “meta palo y golpe” con los docentes que se habían acercado a hacerle oír sus reclamos.

Yo entiendo que usted ha marcado una impronta: discursos cortos, mal leídos, redundantes, pero por el respeto que le tengo Mauricio, la próxima vez no se olvide de mencionar estas cosas que le hago llegar en mi segunda carta.

Mi nieto, se enteró que le escribí. Estaba “chocho” y me pidió que le hiciera llegar a usted todo su cariño, él y sus amiguitos de la Franja Amarilla (¡Sí, creo que así se llamaban!) lo apoyan incondicionalmente. Yo, gracias a ellos, me pongo a repensar incluso, lo que le he cuestionado párrafos anteriores. Vea usted, que el otro día vino mi nieto con Tamarita Salomón, ellos son amiguitos (yo hacía mucho que no la veía, esa chica vive de vacaciones) y los dos me explicaban que el reclamo de los docentes es sólo oportunismo de la oposición que no quiere que usted nos lleve al CAMBIO, ese que con gran convicción ellos militaron. Hablaban de la FUC (yo no entiendo mucho como es eso) y se los notaba preocupados, ella le decía a mi nieto que los “negritos peronistas” los estaban poniendo al descubierto… ¿Pero al descubierto de qué Mauricio? Yo no entiendo…

Habiéndole contado mis preocupaciones; habiéndole hablado de mis vecinos y hasta de mi nieto… ¡Me despido Mauricio! Recuerde que sigo confiando en usted, pero a mi edad la paciencia es un esfuerzo y cuando el hambre y la salud aprietan todo es más complicado, no me defraude Mauricio, no me defraude…

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