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El sindicalismo ante la crisis argentina

El triunvirato que dirige actualmente la CGT es una conducción transitoria. Estos nunca han servido para afrontar el inicio de una crisis justamente porque son una consecuencia de la misma. Al mismo tiempo, la crisis no tiene necesariamente que ser interna del sindicalismo, pero siempre se enmarca en una crisis generalizada del país.

Si comparamos al triunvirato anterior con el actual, vemos que aquel fue consecuencia de la implosión del 2001 mientras que este es el paso hacia la unidad ante el ajuste brutal de Cambiemos. Ahora bien, tampoco son estas conducciones gremiales los que deben cumplir con el objetivo de salir de la crisis. El triunvirato que asumió en el 2002 pasó al año siguiente a ser reemplazado por un secretario general. Pero no fue que la Argentina se desajustó porque la cúpula sindical se normalizó, sino al revés.

Señalaremos dos consecuencias de la carencia de una profunda industrialización del país en la década que va del 2003 al 2013, momento en el que el precio de las materias primas era alto y se podría haber utilizado el colchón de divisas de él proveniente como crédito fabril.

Primero, el sindicalismo (y la Argentina) no ganó en cantidad y “calidad” (1) de afiliados.

Segundo, al caer el precio de las materias primas, la política de distribución del ingreso del anterior gobierno llegó a su límite, iniciando una suerte de crisis que le permitió llegar al gobierno a Cambiemos. Su política de ajuste no hizo más que empeorar la situación, entrando el país en la primera recesión económica en años. En este marco la CGT buscó la unidad.

No hay que caer en errores a la hora de buscar las causas de la unidad. No fue por motivos individuales, como la evidente persecución política del gobierno sobre los dirigentes sindicales (2). Es porque se rompe el requisito indispensable. Los sindicatos, en un país con las condiciones del nuestro, son incapaces de ser independientes del Estado (más allá de quién lo conduzca) siempre y cuando el régimen gobernante satisfaga las mínimas necesidades de trabajadores y gremios.

No solamente la caída del poder adquisitivo es el problema (aunque el presidente alucine con salarios que le ganan a la inflación), sino también la disminución de los puestos de trabajo y la constante amenaza de una reforma laboral dictada por financistas, especuladores y trasnacionales.

Entonces, la totalidad de la clase trabajadora, superando su heterogeneidad, empuja a la institución creada específicamente para defender el salario. La máxima de la CGT sería la unidad de todos los sectores. El peor escenario posible es su desaparición, pero al no ser el vacío una posibilidad, sería reemplazada por otra personaría jurídica ya existente o una por crearse.

Pero, por las características reformistas mencionadas más arriba, no sería la solución para la crisis del país, sino una fortalecida herramienta para resistirla. La solución siempre se va a dar desde el Estado, siempre y cuando sean los representantes del campo nacional quienes lo conduzcan. Por lo que es fundamental que el frente electoral nacional y popular que dispute con Cambiemos cuente con la participación de los más lúcidos representantes de los trabajadores (3).


Notas

1. Teniendo en cuenta que el salario del obrero industrial es más alto que el resto, lo que da mayor cuota sindical; y al mismo tiempo, la actividad que realiza le hace más palpable su vínculo al mercado interno y su dependencia a políticas concretas como control de cambios o comercio exterior, lo que lo hace menos permeable a la colonización cultural.

2. Cierta parte de la prensa y la intelectualidad ve en la degeneración moral de los dirigentes (real o inventada, según el caso) el motor de los sucesos. “Se juntan todos porque tienen miedo de ir en cana” sería su tesis, y tachan las causas profundas.

3. No del estilo de Triaca (padre), que en el gobierno de Menem como Ministro de Trabajo flexibilizó el mercado laboral y como interventor de SOMISA preparó su privatización.

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