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El verso macrista del “crecimiento” del empleo

Uno de los principales indicadores de una sociedad para medir su justicia social consiste en utilizar como criterio la remuneración del trabajo. Si nos guiáramos con este parámetro podría entenderse que la sociedad argentina es, en la actualidad, una sociedad que en términos de justicia se encuentra alejada de lo que fue hace apenas algunos años atrás.

Si bien este gobierno ha repetido que la base sobre la que se debe construir una nueva sociedad debe ser la generación de empleo para lograr así el objetivo de “pobreza cero”, los datos demuestran que poco se ha hecho en ese sentido, ya que es justamente el trabajo una de las variables de ajuste. Precarizar el trabajo es la tarea a cumplir.

La remuneración del trabajo es uno de los principales mecanismos de integración social. No solo basta con trabajo, sino con trabajos bien pagos.

Según los datos extraídos de las últimas mediciones del INDEC se afirma que si bien la cantidad de puestos de trabajo ha demostrado una pequeña evolución (atado fundamentalmente a la obra pública) respecto al año anterior, su remuneración está muy por debajo del valor de la Canasta Básica Total de alimentos. El organismo oficial estadístico señaló que en el primer trimestre de este año (último dato disponible) los ingresos promedio de siete de cada diez trabajadores se encontraban por debajo de los $ 14.090,52, el valor de la CBT a marzo pasado. La mitad de la población que afirmó tener ingresos percibe menos de 10 mil pesos por mes, muy debajo de la CBT.

Uno de los principales ejes de campaña con los que plantea retener votos la alianza Cambiemos consiste en plantear la “recuperación” de distintas variables económicas como parte del sendero para construir una “Nueva Argentina”. Pues los datos demuestran una vez más la falacia con la que nos quieren vender gato por liebre.

En el caso de los datos de empleo del sector privado registrado, la leve recuperación del 0,8% implica un crecimiento absoluto de 50 mil trabajadores en blanco comparados con el mismo mes del año anterior, cuando se habían perdido 80 mil en relación con 2015. Es decir, la comparación demuestra que salimos perdiendo en 30 mil trabajadores que perdieron su empleo. Pero además, este crecimiento del empleo “en blanco” se explica especialmente por la cantidad de nuevos monotributistas: un 4,05% y un 11,13% para el caso de los monotributistas sociales.

Lo que no se explica de fondo es el porqué de este crecimiento en esta modalidad. Muchas son personas que trabajaban y dejaron de hacerlo, es decir que en realidad son despidos o personas que entraron a alguna forma de trabajo precario. Las estadísticas difundidas son un halago a la precarización laboral.

Quien mejor nos explica esto es la ministra de Desarrollo Social, Carolina Stanley, para quien el hecho de que un vecino de la zona donde estaba timbreando haya puesto una parrilla en la puerta de su casa para venderle a los obreros que trabajan en la zona, es una muestra de la “Gran Argentina” que se está construyendo: “Así ellos almuerzan y él se gana una changa”. Clara muestra del desprecio y el cinismo con el que actúan frente a los sectores más desprotegidos.

Si esto es el empleo en “blanco” que pregonan imaginamos el empleo en “negro” que soportan. La cantidad de personas que trabajan de manera informal –es decir, sin registrar aportes- se ubicó en el 33,7% al cierre del segundo trimestre del corriente año según el INDEC.

La reforma laboral que se intenta imponer luego de octubre es una forma más de sostener, fomentar y legalizar el trabajo precario, el único que concibe el gobierno macrista.

 

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