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“Estudio de Nuestra América”

“Trincheras de ideas valen más que trincheras de piedras”

 

Los exquisitos aportes de José Martí al pensamiento latinoamericano, son centrales a la hora de pensarnos como una unidad continental soberana. Su vida está bañada de un romanticismo revolucionario humanista. Su juventud, las letras, su entrega, el exilio, su capacidad de renunciamiento y sus últimos días en el campo de batalla, lo ponen, no en el bronce, sino en el espíritu de todos los que quieren comprender y actuar en pos de una sociedad más justa.

Fue maestro de maestros. Trazó su mensaje en una de las mejores prosas de América y encontró tribuna en las principales capitales de la región. Escribió para dos tiempos. Su presente estaba condicionado a su fe y su fe era el futuro de su América que le dolía en el drama de su isla antillana y en toda opresión a cargo de redivivos encomenderos.

La sensibilidad y profundidad de sus párrafos en describir la opresión a nuestro pueblo, y su “prosa centelleante y cernida, va cargada de idea”, logrando que nos hierva el  pecho, y que no nos quedemos en la agonía, sino que busquemos la esperanza y la libertad. Fue capáz de desbarrancar la fórmula construida por apresurados ideológicos para explicar la realidad y el conflicto americano. Sentenció: “No hay lucha entre la civilización y la barbarie, sino entre la falsa erudición y la naturaleza”.

Sus largos años en Estados Unidos lo llevaron a que sus primeros días en Nueva York fueran en soledad y anhelo. Fue el exilio quien lo arrojo ahí, puerto de posibilidades para liberar a la isla que espera. Desde allí redactó los textos de la insurrección y se acercó cada día a su raíz india y expresión hispana criolla, para dolerse con sus dolores, esperanzarse con sus esperanzas, para convocar a la jornada nueva, y para mostrarnos desde sus notas de corresponsal al vecino norte(1).

Fue desde allí que surgió Nuestra América. Ensayo escrito en 1891, y publicado por primera vez en la Revista Ilustrada, en Nueva York, y días más tarde en el diario mexicano El Partido Liberal. La obra, creada en vísperas de la preparación y fundación del Partido Revolucionario Cubano, define con entera nitidez, los problemas fundamentales de la América nuestra(2).

Desde Norteamérica (1880-1895) Martí produjo textos como Respeto de nuestra América (agosto de 1883), Mente latina (noviembre de 1884), Madre América (diciembre de 1889), Nuestra América (1 de enero de 1891) y Las guerras civiles en Sudamérica (septiembre de 1894)(3).

Nuestra América nace en un contexto histórico en el que “la independencia de Latinoamérica, en los alrededores de 1890, ya no está amenazada por las metrópolis ibéricas, que sonpotencias en el ocaso, sino por la rivalidad de las nuevas potencias europeas y sobre todo por la descollante potencia americana: Los Estados Unidos de América”(4).

“Nuestra América” no es un canto a un pasado glorioso, ni un manifiesto americanista, sino un programa político cultural establecido en la base a las necesidades más urgentes del continente, donde se afirma lo natural, lo nuestro, para poder mostrar mejor el proceso de inversión de valores producido por el dominio colonial.

El título del ensayo de Martí obedece a un llamado a la unión entre los pueblos hispanoamericanos, como una forma de re-apropiación y distinción del nombre América, de la América anglosajona. Martí “niega a los norteamericanos el derecho a reivindicar para sí solos el nombre de América, como han tenido la tendencia a hacer desde el tiempo de George Washington.”(5)El título también sugiere una re-apropiación de identidad de la cultura de los países hispanoamericanos como un todo, y además como una forma de resistencia al imperialismo naciente. Sumado al pensamiento situado y enfrentado a la autodenigración y fragmentación que nos proponen desde los centros de poder que buscan dominar.

En la estudiada obra podemos destacar tres temas principales: una invitación a la unión y la soberanía entre los pueblos latinoamericanos, una llamada a la lucha de independencia contra la corona española y un despertar ante la amenaza del imperialismo norteamericano. El ensayo comienza con un párrafo sentencioso y grave en el que se acotan como temas a) el aldeanismo o regionalismo, b) los EE.UU., c) una incitación y arenga al ‘despertar’ latinoamericano y d) a su unión. Martí llama a ser buenos latinoamericanos mediante el autoconocimiento, restando diferencias, soterrando celos, estableciendo la justicia histórico-geográfica entre los pueblos mediante la unión y resistencia ante las fuerzas imperialistas de los EE.UU.(6).

El Apóstol yuxtapone dos conflictos diametralmente opuestos en los párrafos iniciales: por una parte la “pelea de los cometas en el cielo”, y por otra, los hermanos celosos “que se enseñan los puños”. Este combate se refiere a los grandes poderes mundiales,

particularmente EEUU -el “gigante de siete leguas”-. Los hermanos celosos en conflicto son el signo de la pequeñez y la división que tienen que ser vencidas en la América Latina para que pueda ponerse, no sólo, a la altura de las dificultades de un escenario geopolítico mundial poblado de Estados poderosos, como EEUU, sino también para ser dueños de su destino y para poder tener una política común, donde no se impongan los intereses de los representantes de las oligarquías portuarias, que lo único que quieren es que “le crezcan en la alcancía los ahorros”, manteniendo la fragmentación de la América morena.

Frente a este conflicto que se plantea, la  identidad  autóctona y el pensamiento situado son centrales. José Martí, sentencia que los habitantes de los pueblos de América, deben de conocerse los unos a los otros, alcanzar un grado de identidad y afinidad, para luego convertirse en hombres y mujeres de su propia historia y no, en instrumento y presa fácil, a manos de poderes imperialistas. Esto sería posible, a través de la cultura, puesto que “los pueblos cultos son pueblos libres”.

Reivindicando la lucha de Bolívar y San Martín, y en esa misma línea plantea la unidad latinoamericana. Poniendo énfasis en el estudio y el reconocimiento del pueblo americano:

“Lo que quede de aldea en América ha de despertar. Estos tiempos no son para acostarse con el pañuelo a la cabeza, sino con las armas de almohada (…) Los pueblos que no se conocen, han de darse prisa para conocerse, como quienes van a pelear juntos (…) ¡Los árboles se han de poner en fila, para que no pase el gigante de las siete leguas! Es la hora del recuento, y de la marcha unida, y hemos de andar en cuadro apretado, como la plata en la raíces de los Andes.”(7)

Así, para Martí, “Ni el libro europeo ni el libro yankee daban la clave del enigma hispanoamericano”, la clave no radicaba, como solía decirse entonces y todavía algunos repiten, en la incapacidad racial, cultural o histórica de esos países para dejar atrás el modo de existencia fijada por el colonialismo, sino en la repetida y errada decisión de trasladar esquemas de gobierno y de organización foráneos y no pensar en base a nuestras necesidades. Es decir en la profunda Colonización Cultural.

Martí continúa haciendo un férreo hincapié en la necesidad de tener una cultura propia y liberadora. Por esto, y con total actualidad, coloca la función de la universidad y el gobierno en un aspecto directamente vinculado y fundamental, donde “la universidad europea ha de ceder a la universidad americana”.

“¿Cómo han de salir de las universidades los gobernantes, sino hay universidad en América donde se enseñe lo rudimentario del arte del gobierno, que es el análisis de los elementos peculiares de los pueblos de América? A adivinar salen los jóvenes al mundo, con antiparras yankees o francesas, y aspiran a dirigir un pueblo que no conocen.”

Los gobernantes, deben de conocer la realidad de sus países, para que de esta forma logren dar las respuestas idóneas, a las diferentes problemáticas, sin tener que importar soluciones ajenas. “Conocer al país, y gobernarlo conforme al conocimiento, es el único modo de librarlo de tiranías”. “Gobernante en un pueblo nuevo, quiere decir creador”.

“(…) y el buen gobernante en América no es el que sabe cómo se gobierna el alemán o el francés, sino el que sabe con qué elementos está hecho su país, y como puede ir guiándolos en junto, para llegar, por métodos e instituciones nacidas del país mismo, a aquel estado apetecible, donde cada hombre se conoce y ejerce, y disfrutan todos de la abundancia que la naturaleza puso para todos en el pueblo que fecundan con su trabajo y defienden con sus vidas. El gobierno ha de nacer del país. El espíritu del gobierno ha de ser el del país. La forma del gobierno ha de avenirse a la constitución propia del país. El gobierno no es más que el equilibrio de los elementos naturales del país”.

Para el cubano la Cuestión nacional está vinculada a la social. La necesaria identidad  y unión nacional latinoamericana se afianza a su vez a una recuperación de la unidad de clases y de razas. “No hay odio de razas,”  dice Martí, “porque no hay razas.”  Para Martí hay una identidad universal del hombre”. Las repúblicas latinoamericanas han de recuperar al “indio mudo,” “el negro oteado” y al “campesino creador,”  marginados por la experiencia colonial antes y después de la independencia, para domeñarlos, explotarlos y silenciarlos. Sin la incorporación y la justicia para el indio, el negro, el criollo, el campesino, el trabajador y las mujeres, es imposible constituir una sociedad más Justa.

En tanto que el problema de la independencia no era el cambio de formas, sino el cambio de espíritu. Con los oprimidos había que hacer causa común, para afianzar el sistema opuesto a los intereses y hábitos de los opresores.

Nuestro pueblo mestizo es la confluencia de diversas etnias, siendo las mayorías populares latinoamericanas, expropiadas de su pasado histórico y permanentemente boicoteado su conciencia política. La autodenigración fue y es instalada por el sistema educativo y por los valores impuestos como “sentido común” por parte de los sectores dominantes aliados a los centros de poder mundial.

A propósito, José Martí afirma:

“¡Estos hijos de carpintero, que se avergüenzan de que su padre sean carpintero! ¡Estos nacidos en América, que se avergüenzan, porque llevan delantal indio, de la madre que los crió, y reniegan, bribones, de la madre enferma, y la dejan sola en el lecho de las enfermedades!”

Sólo ven el valor de las expresiones culturales que nos imponen los países desarrollados y reniegan de los valores culturales creados por nuestros pueblos. Con ello Martí se opone a la imitación, que conduce extrapolar formas y costumbres ajenas a nuestra idiosincrasia, hábitos que en el mejor de los casos, provocan el desarraigo de los hombres de su tierra, pero los cuales en última instancia, constituyen factores que permiten el dominio de unos pueblos sobre otros, lo cual significa la destrucción de aquello que cualifica a una región en relación a otra, la aniquilación de la rica herencia y el desprecio de todo aquello que nos liga a los hábitos, a nuestro idioma, nuestra tierra, y nuestro aire, y nos vincula a nuestros pueblos, no en el sentido estrecho de un pedazo de tierra (lo que no se niega), sino de lo que nos nutre y brinda nuestra forma de ver y asimilar creativamente nuestra realidad a partir de nuestra cultura.

Nos advirtió, que la educación debe de estar orientada hacia la humanización.  En este punto, refutó, tal como señalamos al principio, a Domingo Faustino Sarmiento, en su obra Facundo o Civilización y Barbarie, al decir:

“No hay batalla entre civilización y barbarie, sino entre la falsa erudición y la naturaleza. El hombre natural es bueno, y acata y premia la inteligencia superior, mientras esta no se vale de su sumisión para dañarle o le ofende prescindiendo de él, que es cosa que no perdona el hombre natural, dispuesto a recabar por la fuerza el respeto de quien le hiere la susceptibilidad o le perjudica el interés”.

Además afirma imperiosamente como necesario que: “Los jóvenes de América se ponen la camisa al codo, hunden las manos en la masa, y la levantan con la levadura de su sudor. Entienden que se imita demasiado, y que la salvación está en crear. Crear es la palabra de pase de nuestra generación”  y con ello expresa la esencia de la enseñanza que nos lega el ideario martiano, la actualidad manifiesta en constituir una orientación de hacia dónde y cómo hacer nuestro futuro, por ello el significado que le concedemos a la afirmación del Apóstol al señalar: “La América ha de promover todo lo que acerca a los pueblos y de abominar todo lo que los aparte”.

El gran humanista, concluye dejándonos un deber y alertando sobre el mayor peligro:

“El deber urgente de nuestra América es enseñarse como es, una en alma e intento, vencedora veloz de un pasado sofocante, manchada sólo con la sangre de abono que arranca a las manos la pelea con las ruinas, y la de las venas que nos dejaron picadas nuestros dueños. El desdén del vecino formidable, que no la conoce, es el peligro mayor de nuestra América (…)”.

Ese peligro era inminente, y los cañones literarios de Martí ya se había redireccionado desde España a EEUU. La guerra hispano-estadounidense estalló en 1898, y “el tigre de afuera” tomaba el control sobre Cuba. Control que iba a ser desterrado por el movimiento nacionalista democrático martiano conducido por Fidel Castro.(8)

La influencia de Martí no sólo iba a ser decisiva para la Cuba de Fidel hasta el día de hoy, sino que caló muy hondo en los pensadores y políticos latinoamericanos. La defensa de la región es una tarea plenamente vigente.

Abordar la lucha de las ideas, es parte de la defensa de un pueblo que siglo a siglo y año tras año, brega por una sociedad más justa. Martí, comprendía agudamente esto, y actuaba en consecuencia por nuestra cultura, nuestra política, nuestra universidad, nuestros indios, trabajadores, campesinos y negros. Su lucha no era solamente la de Cuba, su lucha era por Nuestra América.


Referencias

1- “Esta república, por el culto desmedido de la riqueza –escribe el 1 de enero de 1888)-, ha caído, sin ninguna de las trabas de la tradición, en la desigualdad,  injusticia y violencia de los países monárquicos”. El 14 de diciembre de ese año, insistirá: no son de la democracia las culpas. “Vigílese al gusano –es el texto de su recomendación-, pero no, porque lo trae con su belleza, se desprecie o maldiga la rosa”. “La república se hace cesárea e invasora –escribe el 28 de febrero del 89-, y sus métodos de gobierno, con el espíritu de clase de la monarquía, vuelven a la forma monárquica”.

2- El Partido Revolucionario Cubano (PRC) fue una organización política creada por José Martí el 10 de abril de 1892 con el fin de organizar la independencia de Cuba, una de las últimas colonias españolas.

José Martí, poseedor del ideario más completo y acabado del siglo XIX latinoamericano, con proyecciones ideológicas que superaban con mucho lo tradicional, abogo sin descanso por hacer realidad la hora de la ¨ hora de la segunda independencia¨ e impedir con esto la expansión de los EUA sobre las tierras de América. En su estrategia continental, la liberación de Cuba y Puerto Rico era un primer paso que decidiría la suerte del continente.

Por tanto, José Martí a partir de 1891 dedicaría todas sus energías en crear una institución de nuevo tipo, estructurar una fuerte y solida unidad revolucionaria, única en la historia de América Latina: El Partido Revolucionario Cubano, un partido para la independencia. A fines de 1891 Martí había expresado en conversaciones y discursos a los exiliados cubanos, la idea de crear una agrupación que organizase y sirviese de vehículo idóneo a la preparación de una futura revolución.

El día 3 de enero de 1892, en el Club San Carlos de Cayo Hueso (Key West), José Martí dio a conocer a José Francisco Lamadrid, José Dolores Poyo Estenoz y al coronelFernando Figueredo Socarrás, su idea de fundar el Partido Revolucionario Cubano (PRC), conocido también como el Partido Revolucionario Cubano-Puertorriqueño.

3- SOBREVILLA, “El surgimiento de la idea de nuestra América en los ensayistas latinoamericanos decimonónicos”

4- ESTRADE, Paul. José Martí: Los fundamentos de la democracia en Latinoamérica. Doce Calles: Madrid, 2000.

5- Ibíd.

6- SACOTO, Antonio. José Martí (1953): Estudios y Antología. Casa de la Cultura Ecuatoriana: Quito, 2003

7- MARTÍ, José. Nuestra América. 1ra ed. 2da reimp. –Buenos Aires: Losada, 2005.

8- La influencia de las letras en la praxis política resultó decisiva en el proceso libertario. Cuando Fidel Castro realiza el asalto al cuartel de Moncada, señala que el autor intelectual había sido Martí. Y además agregó el 26 de julio de 1973:

“Martí nos enseñó su ardiente patriotismo, su amor apasionado a la libertad, la dignidad y el decoro del hombre, su repudio al despotismo y su fe ilimitada en el pueblo. En su prédica revolucionaria estaba el fundamento moral y la legitimidad histórica de nuestra acción armada.  Por eso dijimos que él fue el autor intelectual del 26 de Julio.”

Dice Fidel en otro momento: “En mi época de niño me enviaron para una ciudad, en el primer colegio adonde me llevaron interno, leía con asombro sobre el Diluvio Universal y el Arca de Noé, más adelante centre mi interés en Martí. A él le debo en realidad mis sentimientos patrióticos y el concepto profundo de que Patria es humanidad. La audacia, la belleza, el valor y la ética de su pensamiento me ayudaron a convertirme en lo que creo que soy: un revolucionario.”

Lic. Gastón Navarro
Lic. Gastón Navarro
Director de Revista Integración Nacional. Licenciado en Ciencias Políticas y Administración Pública (UNCuyo). Diplomado en Historia Argentina en Latinoamérica. Diplomado en Geopolítica y Defensa Latinoamericanas.
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