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Impuestos mínimos, rentas enormes, fugas criminales

Sí, es cierto lo que se dijo hace poco: “América latina, de algún modo, todavía es colonia; [y] hoy hay un proyecto que viene de arriba” (1). El aspecto económico de esta dominación es el sistema financiero y su alimento constante es la transferencia y fuga de capitales antes prolijamente concentrados. El flujo siempre es hacia los países más ricos y la guarida está en los paraísos fiscales. El “impuesto a la renta financiera” de un gobierno off shore puede, con razón, generar suspicacias.

Aclaremos que, según el especialista Juan Carlos Gómez Sabaini, “la renta financiera es la que resulta de la valorización de una inversión en el tiempo. En general son rentas ‘pasivas’; son todas aquellas que se obtienen cuando la persona invierte en algo y espera, y esto no proviene del trabajo”.

En nuestro país hay impuestos al consumo, a la producción, al transporte y hasta el salario, pero no tributan ni los intereses a plazo fijo, la compra-venta de acciones en la bolsa porteña, ni la ganancia por ventas de acciones y bonos con beneficiarios en el exterior. La leche, sí. Esto último no es producto de un error circunstancial, sino el marco institucional y normativo del choreo a escala global de la renta nacional. Parece que Macri se dispone a hacer justicia. Pero no.

Impuesto mínimo

Se gravará con una tasa del 15% a la renta obtenida por colocaciones en moneda extranjera, o en activos actualizables por UVA o CER, y de 5% para las colocaciones en pesos, con un mínimo no imponible. “En el caso de los bonos regidos por ley extranjera los funcionarios todavía están definiendo los mecanismos a través de los cuales se va a cobrar el impuesto ya que algunos bonos disponen de cláusulas donde el emisor se compromete a pagar un monto adicional si se crean nuevos impuestos” explican los economistas.

La cuenta resulta aburrida, varios diarios hacen ejemplos que toman entre la ganancia de la tasa de LEBACs o Plazo Fijo, una inflación estimada y, con los mínimos no imponibles, cuanto sería lo tributado. Para esos números referirse al siguiente gráfico.

Al terminar el discurso de Macri, los hombres del maletín aplaudían de píe. “A nadie le va a importar que te cobren dos mangos por la renta de un bono cuando están por sacar cambios en la agenda laboral que van a dar que hablar” decía un ejecutivo de las finanzas.

Rentas enormes

Otro hombre de negocios dijo sin pruritos y con mucha razón: “El impacto es parcial porque solamente afecta a las personas físicas en un mercado dominado por las personas jurídicas e institucionales” (2). Lo que se ganaría, equivale a lo que dejamos de percibir por las retenciones a la soja en un año. Una de esas personas son las empresas a quienes, por un lado, se les baja el “costo laboral” con la reforma homónima y por el otro se les reduce diez puntos la alícuota de Ganancias que pagan actualmente en caso de que reinviertan utilidades, se les aplica un nuevo mecanismo para recuperar el crédito fiscal de IVA con plazo máximo de seis meses, entre otras medidas.

Esto no lo hacen porque se proteja al empresariado nacional y se lo discrimine del sistema financiero, sino lo contrario: un sector empresarial extranjerizante, aliado y finalmente conducido por el sistema financiero pide a gritos, como premio por hacer la segunda en el gobierno-CEO, un régimen que le permita mejorar las ganancias y ponerlas a nivel de la banca.

Fugas criminales

El economista Tomás Lukín explica que “63 de cada 100 dólares que se mueven por estas guaridas fiscales, corresponden a grandes empresarios, a maniobras comerciales. Solamente el 37 por ciento corresponden a abusos criminales: narcotráfico, corrupción gubernamental, contrabando, tráfico de personas”. Sobre esto hay que destacar que, como todo mercado, el financiero tiene personas de un lado y otro del mostrador. Un sector concentrado del empresariado está de un lado y del otro el funcionario corrompido, el narco etc. Pero ambos tienen amparos legales y/o se benefician de un estado que padece una simulada ceguera.

Un novelista que describió los comienzos de la burguesía escribió “detrás de toda gran fortuna, hay un delito”. Por desgracia, la frase no ha perdido vigencia./ Fuentes: 1. Papa Francisco en “Latinoamérica, conversaciones con Hernán Reyes Alcaide”; 2. Fausto Spotorno, director de OJF.

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