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La corrupción brasileña

Nadie es tan imbécil como para reivindicar públicamente la corrupción, ni siquiera quienes de ella se benefician.

Tanto el inocente como el criminal, el pobre o el acaudalado la denuncian. Pero señalan sólo al individuo, al que se aprovecha de su posición para llenarse los bolsillos.

En realidad la corrupción sirve para consolidar a una clase social mientras que se legalizan ciertos mecanismos.

El ejemplo argentino es la patria contratista, que fue creciendo y consolidándose con el “onganiato” y la última dictadura gracias a los espurios contratos con el Estado.

Sin embargo su apogeo fue en la década del 90, cuando por mecanismos ilegítimos pero legales consiguieron quedarse con activos públicos, aunque no respetaran luego los marcos regulatorios.

¿Por qué no son tan numerosas las denuncias de sobornos en Estados Unidos? Porque en el país más desarrollado del mundo hasta la corrupción se ha reglamentado, los que se conoce como soborno se ha legalizado en la presión ejercida por los cabilderos, los lobbies.

¿Por qué son tantos los escándalos mundiales en la obra pública, las aduanas o los tráficos, pero no los que involucran a los bancos? Porque el sector financiero ha logrado que la mayoría de sus necesidades estén amparadas por la ley.

Son dos las empresas señaladas en Brasil que han necesitado o necesitan todavía de delictivas maniobras. Obebretch, durante décadas y diferentes gobiernos aprovechó los contratos de obra pública para crecer y convertirse en un conglomerado mundial. Por su parte, JBS fue miembro del empresariado de la carne, que a diferencia de la oligarquía cafetalera brasilera y la ganadera argentina no se encontraba integrada al mercado internacional. Pero gracias a las ventajas (particularmente crediticias) obtenidas durante los gobierno de Lula y Dilma pudo saltar los límites territoriales e instalarse o adquirir empresas por todo el mundo.

Se observa así los límites que han tenido los gobierno progresistas en Latinoamérica. Si bien la gran empresa se les opone por sus aciertos, agradece sus errores ¿No debería, por ejemplo, haber empresas estatales que en conjunto con pequeñas y medianas constructoras ejecuten la obra pública? Es insostenible en el tiempo el crecimiento tanto de quienes dependen del mercado interno como del mercado internacional. La crisis financiera mundial llevó a estos últimos a cambiar las reglas de juego, en Argentina mediante las urnas y en Brasil mediante el impeachment.

Así, el ajuste encontró acá, posiblemente de manera definitiva, en la figura de Macri a su ejecutor. Allá, posiblemente de manera transitoria, en Temer. Decimos transitoria ya que dentro del golpe parece estarse gestando otro golpe. El gigantesco O’Globo presiona para que el actual presidente renuncie. Si renuncia, y al estar los presidentes de ambas Cámaras procesados, el poder pasaría a la Corte Suprema y el Congreso debería de designar en forma de ley a un presidente.

Además, si que se apruebe la propuesta de enmienda constitucional del PMDB (partido de Temer) para anular las elecciones presidenciales del 2018 y acoplarlas a las de gobernadores del 2020, se le quitaría la posibilidad electoral a los brasileños para frenar el ajuste. En caso de que no se puedan prorrogar las elecciones, se busca hacer todo lo posible para que Lula, encarcelación mediante, no llegue a ser candidato. Temer sería entonces una opción pasajera, parece que el favorito de la corporatocracia brasileña es João Doria, alcalde de la poderosa ciudad (San Pablo), empresario multimillonario y sin pasado en el mundillo de los partidos políticos, le faltó solamente haber sido presidente de un club de fútbol.

Pero mientras que se especula con el futuro institucional de Brasil, la realidad indica que solamente en un año, 2,3 millones de puestos de trabajo han desaparecido. Coincidió la divulgación de las cifras (oficiales) con la convocatoria de la segunda huelga nacional. La Explanada de los Ministerio fue cerrada por temor a que se repitieran los incidentes del pasado mes de mayo, en el que Temer tuvo que decretar la ocupación de las Fuerzas Armadas.

Este ejército de desocupados reclutados por Temer, en el marco de la flexibilización laboral aprobada, serán la carta de extorsión: cada brasileño sabe que si no le gusta cobrar poco y trabajar mucho tiene detrás más de dos millones esperando para ocupar su lugar. Estos han sido los verdaderos objetivos del golpe: desocupación y flexibilización laboral, que son formas en las que los sectores concentrados se apropian de la riqueza del Brasil.

En suma, proponemos que para quienes cometen los crímenes de corrupción que atentan contra los intereses de la Nación, no solo debe tenerse en cuenta la encarcelación del individuo sino también la expropiación de sus activos y hasta la aplicación de la lógica al respecto de Mariano Moreno vertido en su Plan de Operaciones.

Por lo demás, Brasil, al igual que el resto de América Latina, vive en una encrucijada. O se consolida y define institucionalmente el ajuste brutal de los rentistas, conservadores, especuladores y corrompidos o vuelve al intento de redistribución de la riqueza e integración. Si se resuelve a favor de este último, se deberá identificar las partes corporales gangrenadas a cortar para no perder extremidades o quedar agonizando, concomitantemente con la implementación de un plan verdadera y profundamente nacional de gobierno.

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