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La cultura y la “opinión pública” del macrismo

No le será sencillo a Macri mantenerse (como viene la mano), en el sillón presidencial. Pero esta nota no pretende terminar acá y posar “mano sobre mano” a pensar otra frase. Mas bien, y dadas algunas noticias en el último mes, nos proponemos pensar cómo se modifica el andamiaje cultural y los medios de comunicación que les son afines en este gobierno.

En otro documento (1) adelantamos el concepto de cultura diciendo que “las distintas sociedades tienen un modo de representarse al mundo y explicarse los distintos fenómenos que ante esa sociedad se presentan, sean estos naturales o provenientes directamente de la acción del hombre”. Esta última parte tiene un origen clásico que se relaciona con cultivar o mejorar. Se mejora la calidad de lo que la tierra nos da. Naturaleza y trabajo del hombre, sintéticamente.

De aquí que se pueda vincular esta superestructura cultural como algo que representa, simboliza, la forma en que los hombres, las sociedades, ¡los Estados! se vinculan productivamente a otros. La cultura no es neutral. Y sus medios no son inocentes: sirven, cuando descansan en pocas y poderosas manos, para explicar las cosas según el interés de quien los tenga. O para anestesiar todo espíritu entrometido y curioso. “No hace falta quemar libros si el mundo empieza a llenarse de gente que no lee” diría al respecto Ray Bradbury.

El cine argentino

La última resolución emitida por el INCAA (Res. Nº 942/2017)) tuvo tres hechos llamativos. Fue precedida por la acusación de corrupción al hoy ex-titular Cacetta, en pleno programa del intelectual Fantino. Las respuestas en su defensa no se hicieron esperar. Por otro lado, la resolución en cuestión ve la luz sin haber sido consultado el Consejo Asesor; que dicho sea de paso no está formalmente constituido porque Macri no firma los papeles que descansan en ese escritorio que no conoce. Y finalmente las reacciones suscitadas por la gran cantidad de trabajadores de la entidad agrupados en Proyecto Cine Independiente (PCI), los Directores Argentinos Asociados (DAC) y la Sociedad General de Autores de la Argentina (Argentores).

De todas las respuestas, la que mejor sintetiza el problema es la de Adolfo Aristarain, que dijo que todas las políticas de esta gestión van “en contra de la cultura” y que “sin el apoyo del Estado en la Argentina no se puede hacer cine” por las características específicas que tiene aquí el mercado. La DAC, afirma “el riesgo de que sólo puedan sobrevivir las grandes producciones asociadas a los sectores corporativos más poderosos de la distribución internacional”. Lo dicen, porque tal resolución va en contra de la Ley de Cine, que procuraba el fomento de la actividad y la financiación de los mismos, con la participación del ya mencionado Consejo Asesor; y lo convierte en una especie de financiera con un criterio puramente mercantil.

La opinión pública

Mientras tanto, asistimos sorprendidos -no tanto, en verdad- a la salida de Roberto Navarro de la TV y la radio. El hecho es una de las consecuencias del proceso que subyace en el “mercado” de las comunicaciones.

El grupo Indalo, días después, vende parte de sus medios a los Terranova, que son una familia íntimamente ligada a los Macri (2) a través de negocios con Publicidad Sarmiento en la CABA, y el “Orly” candidato a concejal en Capital en pasadas elecciones por el PRO. ¿habrá sido un condicionante la presencia de un periodista crítico?

Antes, se produjo la fusión entre Cablevisión y Telecom que, según especialistas (3) alcanza una “concentración extrema”: 42% de la telefonía fija, el 34% de la telefonía móvil, el 56% de las conexiones a Internet por banda ancha fija, el 35% de conectividad móvil y el 40% de la TV paga. A su vez, como el Grupo Clarín tiene el 60% de Cablevisión, todo tiene una expresión en el principal medio gráfico.

Son solo algunos ejemplos de cómo se mantiene y profundiza la concentración de los medios, que siguen la lógica de los bancos. El producto no son ya los inteligentes de la “sociedad pastoril” que denunciaba Jauretche (4), sino más bien una embrutecedora monotonía que los bancos ponen en el noticiero, los diarios o el cine, indistintamente.

Así, la “cultura” que necesita y que finalmente produce la timba y la deuda tiende a quitarnos la curiosidad de preguntarnos porqué poquísimos tipos opinan por muchos de temas que, finalmente, son irrelevantes.

 

Referencias

  • http://rinacional.com.ar/sitio/la-cultura-politica/
  • https://www.pagina12.com.ar/diario/elpais/1-283227-2015-10-06.html
  • http://chequeado.com/el-explicador/fusion-telecom-cablevision-que-implica-y-como-se-llego-a-la-situacion-actual/
  • Jauretche, Arturo. Los Profetas del Odio.

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