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La destrucción de la industria como política de Estado

Quizás algún desavisado que votó a Macri lo hizo por el mito del empresario exitoso. Con la enorme influencia de los oligopolios de comunicación y el sentido común habrán razonado que un cambio que prometía que se podía vivir mejor era posible de la mano de Cambiemos, los radicales y el hijo de Franco.

“Un empresario que sabe hacer negocios, puede poner en movimiento la argentina, y despertar las fuerzas productivas latentes, logrando que los recursos naturales y la mano de obra propia puedan desarrollarse”, habrá pensado.  Como son empresarios van a fomentar los negocios, y por ende el trabajo.

Los avisados sabían 2 cosas que destruían esta fantasía: las medidas que quería impulsar el gobierno ya habían sido implementadas en el país, generando desastrosas consecuencias para las mayorías; y la segunda, es que no existen los empresarios en sentido ideal, abstracto e inmutable. Los define cómo están vinculados al aparato productivo.

Un conocimiento mínimo del pasado de Mauricio Macri era suficiente para demostrar esta falacia. La guita la hizo su padre, Franco, y no él, y casi cualquier negocio que emprendió fracasó (ejemplo la expansión del Grupo Macri a Nueva York). Pero más demostrativo es la clase de negocios de la CEOcracia que tomó el gobierno en el 2015. Esta Revista ya ha probado los intereses de clase de estos vendepatrias y cómo están vinculados los funcionarios de cambiemos a los grandes grupos oligopólicos extranjeros o extranjerizantes de la economía argentina y al sistema financiero (ver sección “Los vendepatrias” en el sitio web).

Los números y las estadísticas aburren y por sí solos no explican nada, pero en este caso son muy elocuentes. Según indica el economista Santiago Fraschina, el Estimador Mensual Industrial del Indec presenta una caída interanual del 2,4 por ciento en lo que va del 2017, siendo que ya venía de una enorme caída del 4,6 por ciento en el año anterior. Y con un enorme aumento de la capacidad ociosa instalada.

En un año y medio de gobierno, entre tantos casos, ya han destruido el 25% de la producción textil nacional. La apertura indiscriminada de las importaciones, sumada a la disminución del consumo interno y al tarifazo, llevó a muchas pequeñas y medianas empresas del rubro a la desaparición. O por ejemplo en Mendoza, la importación de vino de Chile aumentó este año un ¡98%! según la CAME (mientras el consumo se redujo  un 5% aproximadamente). Los únicos beneficiados son los grandes grupos que reconvierten su sistema de la producción a la importación, léase Peñaflor entre otros. Película ésta ya vista por los argentinos, y vivida con mucho dolor.

Esta CEOcracia que gobierna defiende sus propios intereses, que no son los de la producción nacional o el trabajo y salario de los argentinos. Quieren convertir a la Argentina en una enorme plaza financiera para lograr pingües ganancias con la especulación, improductiva y siempre parasitaria.

El ejemplo más cabal es el Ministro de Finanzas, Dujovne, quien recientemente declaró su patrimonio en varios millones de dólares y depositados en cuentas en el exterior. Son la expresión de la imposición del sistema rentístico financiero, donde las ganancias más obscenas e inmorales las logran comprando y vendiendo papelitos que tenemos que pagar todos nosotros.

Y, frente a la crisis industrial y productiva la solución que ofrecen es la competencia a la baja. Apertura de importaciones, reducción de los derechos laborales y del poder adquisitivo del salario, aumento de la edad jubiltaria, etc. El cómo equiparar la tasa de ganancia que ofrece la timba financiera con la producción, en una economía argentina altamente concentrada y extranjerizada.

Estos empresarios son los representantes de sectores de clases sociales cuya prosperidad no está asociada a la del país, sino todo lo contrario. Cual parásitos fundan sus enormes ganancias en la participación accesoria del saqueo nacional. Se enriquecen con la deuda externa, se benefician de las devaluaciones o con la bicicleta financiera, y persiguen la reducción de los costos laborales (que cobremos menos y trabajemos más y en peores condiciones); mientras que las ganancias las transfieren al exterior. Sino pregúntenle a Mossack Fonseca que sabe de Macri.

Mientras, nos dicen que tenemos que arrodillarnos, bajar la cabeza y suplicar por la llegada de inversiones que, a cambio de espejitos de colores, pretrenden profundizar el saqueo de nuestros bienes naturales y del fruto de nuestro trabajo. El pato lo pagamos los que vivimos de nuestro esfuerzo.

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