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Ni la fruta se salva de las importaciones (o de Macri)

Jaqueados por las importaciones, la caída del consumo y los bajos precios obligan los grandes comercializadores, los productores de frutas de pepita continúan en crisis. En el caso de la manzana, mientras el año pasado se dió la producción más  baja de los últimos 10 años,  a los productores les pagaban $3 por kilo y el consumidor llegaba a pagar de 10 a 15 veces ese valor.

En la provincia de Mendoza, la importación de las frutas del sector aumentó por nueve a comparación del año pasado y la exportación se redujo a la mitad. A contramano, la venta de maquinaria agrícola aumentó un 48% en el segundo semestre.

Estos datos no son mera casualidad. En la actualidad, la producción primaria argentina que está en alza, es aquella que se encuentra relacionada directamente a la exportación y a las tierras más fértiles del país. Beneficiada por la alta productividad de grandes extensiones de tierra en la pampa húmeda y el litoral, la reducción de retenciones y la devaluación, los grandes exportadores y pools de siembra festejan a Macri en la La Rural. Es así como los únicos beneficiados en la agricultura son los especuladores de las silo bolsas y sus socios.

El resto de los sectores, cuyo mercado es principalmente el consumo nacional, intentan sobrevivir mientras se ven amenazados por las importaciones que marcan precios extremadamente bajos con los que tienen que competir. Es así, como nuevamente muchos productores terminan regalando su producción a modo de protesta frente ante las políticas del gobierno, cuya respuesta es ofrecer un escaso crédito (con suerte).

En la argentina de Macri los únicos privilegiados son las grandes empresas. Especialmente aquellas que están ligadas a la especulación de productos primarios exportables, los cartels de comercialización y las finanzas. El resto de las actividades deben someterse al dictado de la importación y tributar en altas tasas al estado de la Ceocracia, que se endeuda para sostener a la timba financiera y la transferencia de renta al exterior.

Sin embargo las alianzas del gobierno se ven jaqueadas por sus intereses contrapuestos. Mientas la banca busca un dólar barato para la timba, los grandes exportadores pujan por una mayor devaluación. Especialmente los sojeros, que continúan acopiando producción frente a la caída del 10% en el precio de exportación.

No sería casualidad, que la próxima reforma laboral y tributaria apuntara a mejorar los beneficios de los exportadores y la banca. Reduciendo salarios y beneficios sociales por un lado, para reducir el precio del salario argentino. Por otro, disminuyendo los impuestos que pagan al estado.

La banca y los exportadores se pelearán por decidir quien se queda con la mayor parte de renta nacional. Mientras tanto aquellos que generan esa misma renta con su trabajo, vale decir los trabajadores argentinos, verán a su salario ser botín de la rapiña amparada por el estado. Cuando no se pueda soportar más ajuste, el gobierno tendrá que decidirse por uno de los aliados que los sostiene en el poder.

 

Con información de Ámbito, Iprofesional y Los Andes.

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