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La fusiladora, Onganía y Videla también intervinieron


En el día de hoy la jueza Servini de Cubría determinó la intervención del Partido Justicialista nacional, designando como interventor a Luis Barrionuevo. Más allá de la indignación que esto puede causar, el hecho no es novedoso. Cada vez que ha existido en la Argentina un gobierno enfrentado a los intereses de los sectores populares, que haya perseguido y reprimido al movimiento obrero, han existido también quienes desde la justicia o cualquier otro poder atacan sus órganos e instituciones, lo hicieron con la intervención, disolución o proscripción del Partido Justicialista, de la CGT y de millones de argentinos que durante dieciocho años pidieron la vuelta de su jefe político.

La historia vuelve a repetirse. Esta vez no es un gobierno militar el que lo dispone, sino uno elegido por el 51% de los argentinos, es decir con legitimidad de origen. Pero está en discusión, cada vez con mayor virulencia, la legitimidad de ejercicio: lo atestiguan las encuestas y la puteada en las calles, en las canchas, cada vez que les llega una factura de servicios o que se enteran que sus funcionarios esconden la plata en una offshore.

Hoy la indignación de millones de argentinos afiliados al partido más grande de toda Latinoamérica crece. No vaya a ser que de tanto tirarle la cola al león, éste se de vuelta y le coma la mano.

La intervención del Partido Justicialista fue solicitada por Carlos Acuña, Secretario General de SOESGYPE, y por Oscar Guillermo Rojas, Secretario General de SOIVA, ambos pertenecientes a las 62 organizaciones peronistas. La razón que argumentan es la del estado de acefalía.

Frente a esto, la jueza planteando argumentos que nada tienen que ver con la función judicial que a ella le compete, dice: “Esta suerte de vaciamiento partidario, provocado por quienes dicen ser peronistas al sólo efecto de obtener una ventaja electoral, se ve perfectamente plasmado en la actitud de aquellos que utilizando el sello de la agrupación y el apellido de quien fuera su fundador, emigran a otras agrupaciones políticas -distintas y de diferente pensamiento- para apoyar candidaturas que no son sostenidas por el Partido Justicialista”, “Así las cosas, se verifica la existencia -por un lado-, de una parte de la dirigencia partidaria que permanece en la agrupación intentando fortalecer y reposicionar al partido frente a la sociedad”.

Renglón seguido designa como interventor del partido a Luis Barrionuevo, el mismo que dijo que: “acompañará al nuevo gobierno, que atiende y escucha a los sindicatos”, que no participó de la marcha convocada por la CGT en febrero a la que acudieron miles de trabajadores en el país y que día tras día intenta acercar posiciones con el gobierno nacional. Con esto, desplaza de la conducción del partido a José Luis Gioja, quien, pese a las críticas que algunos puedan realizar, ha procurado la unidad de los distintos sectores del partido enfrentándose al gobierno de Mauricio Macri, los CEOS que lo acompañan y las políticas de ajuste que están llevando a cabo que sólo conducen al desempleo, la pobreza y la desesperanza de los argentinos.

Cuando se apropian del poder del Estado, ya sea por los votos o por golpes de Estado, aquellos sectores minoritarios, vinculados a la concentración y transferencia de la renta al exterior, que cuentan con una base populista, atacan de manera directa a los trabajadores ya sea en sus salarios o en el recorte de derechos. Pero también lo hacen atacando al partido que históricamente ha defendido a esos mismos trabajadores.

Atacar al Partido Justicialista es uno de los mecanismos con el que pretenden minar las posibilidades de los trabajadores de elegir democráticamente a quien los represente. Es esa costumbre irrefrenable de pegarle a los “negros”, de quitarles sus posibilidades de decir y de hacer y de domeñar las mejores expresiones del sindicalismo en la Argentina.

No es casual que las lanzas apunten allí, el 2019 está cada vez más cerca, pero Mauricio Macri está cada vez más lejos.

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Dra. Noelia Navarro
Abogada. Docente
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