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La Justicia CEOcrática, los Medios de Comunicación y la Franja Morada: el retorno del “algo habrán hecho”

El caso de Milagro Sala pone a la luz el funcionamiento de la rosca CEOcrática instalada hace ya un año en el poder. Mientras el Poder Judicial provee de titulares a los diarios y noticieros, la máxima expresión de la tilinguería argentina –la Franja Morada– resucita el “algo habrán hecho” que manchó con sangre las más tristes páginas de nuestra historia.

Milagro Sala fue detenida en enero de este año por el acampe frente a la Casa de Gobierno jujeña, acusada de «instigación a cometer delitos y tumultos en concurso real». Una vez detenida, Gerardo Morales inició una querella por la presunta malversación de fondos de asistencia social; tópico que fue reproducido hasta el hartazgo por los medios oligopólicos de comunicación, con el gordo Lanata a la cabeza. La simple reproducción de un video con “morochos” sacando millones de pesos a plena luz del día de un banco de Jujuy sirvió para legitimar una detención de prácticamente once meses sin sentencia.

Dos semanas después de haber sido detenida, el juez a cargo dictaminó liberarla – dada la inviabilidad de tenerla encerrada por esa instigación –, pero acto seguido estableció continuar con la prisión preventiva por las acusaciones de «Defraudación contra la administración pública» y «Asociación ilícita».

Sala fue sentenciada. Pero ni por la supuesta malversación de fondos, ni por la instigación a cometer delitos: sino por ser supuesta autora intelectual de un escrache en 2009 al entonces diputado Morales. Por más que quedó claro que Sala no se encontraba ese día en el escrache, el testimonio de un tal Arellano la compromete.

Pero este tal Arellano es empleado de Gerardo Morales desde julio de este año, y su testimonio arroja una serie de incongruencias que lo hacen inverosímil. No obstante, el Superior Tribunal de Justicia de Jujuy a pesar de probadas las incongruencias afirmó que esta declaración de un testigo parcial sirve para privar de su libertad por tres años a una persona. Es que Morales, apenas asumió, se buscó la mayoría en este cuerpo nombrando a tres radicales.

Repasemos: detenida en primera instancia por un delito, cuya querella no prosperó; sentenciada por una segunda acusación cuya principal prueba tiene serios vicios, y condenada socialmente por otro que todavía no se prueba.

Mientras tanto, la Franja Morada sale a festejar la sentencia diciendo:

“La condena a Milagro Sala ya es una realidad.
Vamos a enfrentar a los que vaciaron el Estado y a los que se enriquecieron con los millones de pesos destinados a asistencia social… Una vez más apostamos a ese rezo laico que es el preámbulo de la constitución y lo hacemos nuestra bandera.
Somos la vida, somos la paz, somos la Franja Morada.”

¿Alguien puede explicarme qué tiene que ver la sentencia del día de ayer con el “vaciamiento del Estado” y el “enriquecimiento con los millones destinados a asistencia social”? O los muchachos de la Franja no leyeron más que los titulares de las noticias, e imaginaron el resto, o son parte de la correa de transmisión de una serie de falsedades y mentiras destinadas a que los argentinos no entendamos un carajo de qué pasa alrededor nuestro.

Cuentan que en los primeros meses luego del 24 de marzo de 1976, cuando aparecía un camión verde oliva en un pueblo y se llevaba hombres y mujeres – muchos de los cuales jamás volvieron – muchos aplaudían y vivaban las detenciones. No sabían si los que estaban dentro del camión eran o no terroristas. “Pero ALGO habrán hecho” dijeron.

Se empieza a repetir la misma historia. A la tilinguería argentina – con la Franja a la cabeza– no le importa si Sala es apresada por enriquecimiento ilícito, por instigación a la violencia, por una multa de tránsito o porque se olvidó de dejar propina en una pizzería. El sentido común impuesto por la CEOcracia ya la juzgó. El Poder Judicial sólo tiene que proveer titulares a los medios de comunicación. Las garantías procesales son un adorno navideño.

Habíamos leído en los clásicos que la Justicia, en cualquier sociedad, siempre se hace a imagen y semejanza de los intereses dominantes. Ingenuos nosotros, jamás creímos que era posible tal grado de alevosía.

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