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La vuelta de la tablita

Inteligentemente, los economistas que están empezando a describir la próxima maniobra de Cambiemos utilizan el término “Crawling peg”, que es el que le pusieron sus creadores, para no utilizar el que le dio Martínez de Hoz. Hablamos de la conocida “tablita cambiaria”.

El funcionamiento de esta herramienta, que es una de la “sugerencias” del FMI es el siguiente: establecer devaluaciones programadas y controladas por el BCRA, progresivas y siempre por encima de la inflación pero sin dar saltos bruscos. La justificación esbozada por el FMI, que es la misma que dieron los Chicago Boys, es que da previsibilidad al mercado y la posibilidad de que se repatríen capitales de residentes para que entren en el mercado local.

El diario Ámbito, orgulloso de la primicia, se toma su tiempo en medio de supuestos y objetividades, de señalar que Kicillof hizo lo mismo, obviando que también lo hizo Martínez de Hoz. Hay que tener en cuenta de que estas herramientas no existen por sí mismas de forma aislada. El marco actual tiene incontables similitudes con el del 76, y alguna diferencias con el kirchnerismo. Fundamentalmente, la política de comercio exterior y la salarial, entre otras. Entonces no es la medida aplicada asilada la que determina su efecto en el país, sino la posición de clase de quién la aplique.

Si bien no es lo que una política autenticamente nacional determinaría, la tablita de Kicillof permitió la continuidad de una especulación con casi 40 años de tradición, concomitante con un cuidado del mercado interno. Esta contradicción fue posible mientras que los precios de las materias primas estuvieran altas, lo que permitía repartir para ambos lados.

El actual gobierno destruyó el mercado interno y transfirió directamente esa riqueza a los sectores especuladores y exportadores, que canalizaron mediante las política cambiaria y financiera su nueva ganancia extraordinaria. La tablita que implementaría Cambiemos le daría un cronograma a estos, diciéndoles cuándo cambiar dólares por pesos, pesos por letras o notas, para luego hacer el camino inverso (haciendo la diferencia con los intereses) y transferirlos al exterior. Al mismo tiempo, los exportadores saben cuánto tiempo acopiar su producción para liquidarla cuando la cotización del dolar sea la más apropiada. En otras palabras, los que no producen nada o agregan muy poco valor agregado aumentan ostensiblemente su rentabilidad.

Una de las maniobras utilizadas durante el golpe de Martínez de Hoz y Videla era el del autopréstamo. Financistas con cuentas en bancos en el exterior combinaban con las sedes locales de esos mismos bancos para que le hicieran préstamos a su domicilio en el país. De esta forma eran deudores y acreedores al mismo tiempo, teniendo doble ganancia; además estaban protegidos de futuras restricciones al giro de utilidades, porque lo hacían pasar como pago de deuda. Recordemos que es rara la existencia de funcionarios de Cambiemos que no tengan cuentas en el exterior, empezando por el presidente.

Todo lo explicado anteriormente es posible siempre y cuando exista un ajuste brutal y posibilidad de endeudarse, que casualmente es lo que exige y promete respectivamente el FMI.

 

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