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“Los arbitristas no han muerto”

“La crisis crónica de la economía y las finanzas españolas engendró un género o profesión curiosa, la del “arbitrista”, o sujeto fecundo en “arbitrios” y fórmulas que ofrecía al rey como solución radical para curar tantas desgracias nacionales.”

La cita anterior pertenece a Jorge Abelardo Ramos, al referirse al gobierno del rey Felipe II. Al finalizar el apartado, agrega: “Los arbitristas no han muerto […] los afamados técnicos del Fondo Monetario Internacional en el siglo XX, con sus tenebrosas y destructivas recetas, nada tienen que aprender de sus maestros, los arbitristas del Siglo de Oro.”

¿Qué proponen los arbitristas de hoy? Recientemente se conoció la propuesta de Larry Kudlow, Director del Consejo Económico Nacional de la Casa Blanca, que plantea que, “la única salida […] es un sistema de convertibilidad”[1].

Dado que la convertibilidad de la moneda argentina sigue aún vigente, ya que no existe impedimento alguno para cambiar pesos a dólares (solo se ha modificado la paridad cambiaria rígida y regulaciones sobre las reservas del BCRA), la cantidad de defensores que tiene esta tesis en la actualidad, y las nefastas consecuencias que produjo en la clase trabajadora argentina y el empresariado nacional, es que pretendemos aclarar que es lo que la “benevolente” propuesta implica y cuáles serían sus consecuencias.

En 1991 se sancionaba en el Congreso de la Nación la Ley 23.928, la Ley de Convertibilidad que es la pieza central para comprender de qué se trata el régimen convertible.

Esta ley tenía tres puntos fundamentales. Primero, se establecía un tipo de cambio fijo: existía una ley sancionada por el Congreso de la Nación que fijaba el valor de la moneda nacional en relación al dólar: $1 era igual a U$S 1.

En la actualidad, el tipo de cambio existente se conoce como de flotación “sucia” o administrada: el valor de la moneda en relación a la divisa se determina de acuerdo a la relación entre la oferta y la demanda, con la posibilidad de que el BCRA intervenga comprando o vendiendo, para alcanzar un valor que sea útil a los objetivos y sectores económicos que se quiera beneficiar. En la flotación “limpia” el tipo de cambio sólo está determinado por la oferta y la demanda sin que exista la posibilidad de intervención del Estado.

Además, se dispuso que el 100% de los billetes y monedas en circulación más los depósitos a la vista (que son aquellos que el depositante puede retirar en cualquier momento y sin previo aviso a la entidad bancaria depositaria) debía estar respaldado por reservas en dólares en el BCRA. Esto se fundamentaba en que, cómo existía la posibilidad de que cualquier argentino pudiese cambiar pesos a dólares, debía existir la cantidad suficiente para poder abastecer la demanda.

Por último, el BCRA, se obligaba a comprar o vender la cantidad de divisas que el mercado solicitara. Es decir que era sólo funcional a los intereses del mercado: la política monetaria pasiva del BCRA debía ser eficaz a las necesidades de la rosca oligárquica conformada por el capital financiero y los oligopólicos exportadores.

El régimen convertible se acompañaba de la apertura comercial e importadora bajo de argumento de favorecer la competencia con la producción local como mecanismo para combatir la inflación. La invasión de mercaderías extranjeras en competencia desventajosa con la nacional, determinó que muchas industrias debieran cerrar sus puertas o bien, “ajustar” sobre los trabajadores, bajando los salarios o empeorando las condiciones de trabajo. El régimen convertible fue de la mano de la flexibilización y precarización laboral.

El plan condujo a una permanente transferencia de divisas al exterior por la vía del déficit comercial, la remisión de utilidades de filiales extranjeras radicadas en el país hacia sus casas matrices y transferencia de renta al exterior.

Dentro del régimen, se sancionó la Ley de Emergencia Económica que autorizaba al Ejecutivo a llevar a cabo recortes presupuestarios y promovía una mayor liberalización y desregulación de las actividades económicas y la Ley de Reforma del Estado que establecía el marco legal para proceder a la privatización, total o parcial o concesión de las empresas del Estado. La privatización de empresas públicas sólo era posible, si existía la libre convertibilidad de la moneda: las empresas se vendían a firmas extranjeras que pretendían convertir sus ganancias en pesos a dólares para luego llevarlas al exterior.

La necesidad de contar con dólares para abastecer las reservas del BCRA, sumado al déficit en la balanza comercial y el drenaje permanente de divisas fruto de la remisión de utilidades condujo a un feroz proceso de endeudamiento externo. Quienes proveían de esos dólares eran el Fondo Monetario Internacional y el Banco Mundial.

La Argentina perdía soberanía económica al impedirle fijar el tipo de cambio, que implica ejercer uno de los más eficaces instrumentos de política económica genuinamente nacional. Diferente fue el período del peronismo en el que existían distintos tipos de cambio de acuerdo al fin para el que se requería, conforme a una política económica orientada la industrialización, el crecimiento del mercado interno y la creación de puestos de trabajo. La nacionalización de la banca y del comercio exterior completan la triada.

En síntesis, el régimen convertible implicó el aumento del déficit fiscal, mayor preponderancia del capital financiero por sobre la producción de bienes y servicios, privatización de las empresas del Estado, destrucción de la industria nacional, transferencia de renta nacional al exterior y un brutal aumento del endeudamiento externo público.

Los “arbitristas del ´18” proponen el mismo plan destructivo que hemos desarrollado. El plan de la CEOcracia gobernante ya generó la pérdida de U$S 52.000 millones que engordan cuentas en el exterior. Los grandes beneficiarios de ayer como hoy son los bancos y el negocio de las finanzas. Entre antes se vaya Macri y el resto de los secuaces, mayor tiempo tendremos para lograr que el beneficio sea el de las mayorías de los argentinos del campo nacional.


[1]     http://www.perfil.com/noticias/economia/un-asesor-de-trump-dijo-que-el-tesoro-de-eeuu-pretende-una-dolarizacion-del-peso-argentino.phtml

Dra. Noelia Navarro
Abogada. Docente
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