Home   /   Editorial  /   Los trabajadores, los sindicatos y los gorilas de siempre
Los trabajadores, los sindicatos y los gorilas de siempre

Se ha escrito mucho sobre la función de los sindicatos en la política. Ni Mauri ni Maru leyeron esas páginas seguramente. Ni otras, te juro. Pero supongamos que sí: agarraron estos orangutanes -nacidos en esta jungla de cemento- ¡un libro! y se tomaron el trabajo intelectual de investigar el tema. No lo entendieron. Y si lo hicieron: no están de acuerdo. Tan acusada es su licencefalia, tan primitivos sus pensamientos, que ningún erudito, por empeño que le pusiese, podría distinguir su cerebro del de un gorila.

No confunda el lector al noble animal selvático con la acepción política de «gorila» que, aunque no haya una definición precisa, podría conceptualizarse a “todo aquella persona que expresa de alguna forma malestar, repudio o asco a la clase trabajadora en virtud de su filiación política, tono de piel o vestimenta”. Como esos hombres que trabajan son la mayoría en Argentina (y en todo Latinoamérica) el término se corresponde con las políticas más antidemocráticas. Y esas políticas siempre -pero siempre- empiezan mal para los laburantes y terminan peor para los ocupantes de la Casa Rosada. Teléfono Mauri.

En virtud de las últimas movilizaciones y paros de la grandísima mayoría de los gremios y los conflictos que se perpetúan Macri y Maru tuvieron algunas expresiones que, además de ser poco felices, transparentan el gorilismo. El uno dijo que los “docentes le están poniendo palos en la rueda” y la otra dijo que “los sindicalistas no tienen vocación de diálogo, sino de conflicto”. Ambos les espetaron el mote de «kirchneristas».

Huelga decir que la afirmación última es tan fácil de desmentir solo buscando en internet los dichos de Baradel o cualquier otro sindicalista que no tuvieron demasiados problemas en hacerle críticas con distintos matices al gobierno de Cristina Fernández. Pero además, ¡pónganse a pensar! si fueran kirchneristas la cantidad de gente que se manifestó en la calles o que hizo paro en el país, no hubiésemos perdido las elecciones ni a palos.

Es que el problema no es, ni por asomo, el kirchnerismo. Lo que el boludo de Mauri o la tilinguita de Maru no llegan a razonar es que de los trabajadores ellos pueden soportar hasta los siguientes limites: que sean morochitos, que usen camisa arremangadas, que coman con la mano, que puteen, que toquen instrumentos de percusión sin metrónomo adecuado, que se mojen las patas en Mar del Plata o que soliciten se les aumente el salario. Pero lo que nunca, jamás podrán soportar que discutan la política nacional.

En esto, también, se asemejan a la Contrarrevolución Fusiladora, o el golpe cívico-militar de Martinez de Hoz-Videla, entre otros. Los trabajadores respondieron al intento de cortar las manifestaciones políticas de la CGT armando las 62 Organizaciones. El resto es historia conocida.

Los rasgos más antidemocráticos asoman cuando los trabajadores quieren sugerir una modificación del rumbo social, económico o político. La democracia, para estos liberales iletrados, cuando mucho puede significar la expresión libre de las minorías. Una ONG que cuida las ballenas ¡meta! Unos mapuches reclaman tierras ¡diarios! Los “runners” furiosos por la falta de circuitos ¡marchen! Pero unos morochos cuestionando la transferencia de renta al exterior ¡no señor!

Así expresada, la política se discutiría solo en las instituciones que van a elecciones. O por las redes sociales. Partidos políticos o Twitter. Los primeros están todos, completamente o en parte, infiltrados por gorilas. La extranjería logró en ellos la más perfecta forma de dominación. No vamos a decir nada de los gansos ni los radicales aquí en Mendoza porque es demasiado obvio. ¡Pensemos en Miranda! Es un hombre muy útil en el congreso… para el macrismo.

Y distingamos, también, a los trabajadores de los jefes de los sindicatos que muchísimas veces en la historia se desvincularon en el calor de los reclamos. Los sucesos vividos en la marcha del 7 del corriente en Bs. As. hablan por sí solos. No es una fracción enfurecida de la izquierda, siempre más combativa que lo que le da el cuero, la que reclamaba al triunvirato. Si hubiese sido solo eso, esta minoría hubiese sido silenciada por la mayoría de los trabajadores que, estando cerca, les hubiesen solicitado tengan a bien retirarse de la misma. Eran muchos en serio pidiendo el paro. Y eso no es poco.

Corría el 13 de diciembre pero del año 2001. La CGT “disidente” de Moyano llamaba al paro. Las elecciones previas demostraban que la Alianza había perdido popularidad. Ocho días después un helicóptero se llevaba al bobo perverso. Conclusión: cuando los que trabajan se interesan por la política y sugieren correcciones en la misma no es bueno ignorarlos, y menos reprimirlos.

Nota: el próximo 30 de marzo paran las dos CTA; a la unidad en la lucha seguirá la unificación prevista para el año próximo. Y el 6 de abril, la CGT va al paro nacional. Nuevamente, los trabajadores encabezan el reclamo de la abrumadora mayoría de la Nación, agobiada y exasperada por gobiernos de ajuste, despido y pobreza. Si Macri tiene en De la Rúa un espejo fatal, el pueblo tiene por su parte una orientación: las calles que hacen historia.

Etiquetas

Notas Relacionadas