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Los vencimientos de deuda, un abismo cada vez más profundo

Por Julián Zícari

El factor más sensible de la economía macrista es el precio del dólar. Ya que si se le llega a escapar otra vez (como ya ocurrió varias veces este año) puede derivar en un colapso terminal. Sin embargo, dado que durante el último mes la divisa se mantuvo estable, el Gobierno dice que sólo es cuestión de tiempo para esperar una mejora, sobre todo con la llegada de la cosecha en abril/mayo del año próximo. En dicha fecha las fuentes oficiales esperan poder revertir la tendencia a la caída del ciclo económico para entrar en una fase de recuperación.

Las fuentes actuales de la demanda de dólares son cinco: 1) el pago de deuda; 2) el déficit comercial; 3) el déficit turístico; 4) los giros de regalías y utilidades al exterior; 5) la fuga de capitales. Dada la devaluación sufrida este año, el Gobierno descuenta que el déficit comercial y el turístico pasaran a ser superavitarios en lo próximo y durante todo el 2019. Donde ya tiene pruebas para decir eso: luego de 20 meses seguidos de déficit en septiembre se logró el primer superávit comercial y el balance turístico no ha parado de disminuir, proyectando ambos ítems volverse positivos hacia adelante. Algo similar ocurre con el giro de regalías y utilidades de empresas extranjeras residentes en el país: tras la fuerte devaluación sus giros han mermado tras haber adelantado pagos de financiación a sus casas matrices, esperando incluso que con la mejora económica renueven sus inversiones en el país, arrojando también un saldo positivo en lo próximo.

De este modo, tres de las cinco fuentes de demanda de dólares supuestamente ya estarían solucionadas. La cuarta fuente, el pago de deuda, según el gobierno también lo estaría gracias a los desembolsos acordados con el FMI, teniendo cubierto supuestamente todo el programa financiero hasta fines de 2019. Sin embargo, si se mira con detenimiento esto no parece ser tan claro. En el último bimestre de 2018 vencen u$s 25.550 M (u$s 8.894 M en noviembre y u$s 16.656 M en diciembre) y durante todo 2019 vencen otros u$s 56.745 M (u$s 44.228 M en bonos y u$s 12.517 M en letras -Letes, Lebacs, Lecaps y Leliqs-) (ver gráfico, donde los valores en pesos se han dolarizado para unificar la medida). O sea, de aquí a fin de 2019 hay vencimientos por u$s 82.295 M, cuando los desembolsos acordados con el FMI son sólo de u$s 36.000 M (u$s 13.000 M para este año y u$s 23.000 M para el 2019). Es decir, faltaría cubrir más de la mitad de los vencimientos (56,25%), algo así como u$s 46.000 M, que habría que financiar en los mercados. Lo que diagrama un año sumamente peligroso y virtualmente explosivo porque puede no haber renovaciones dadas las incertidumbres existentes.

En este sentido, los vencimientos para el Gobierno que resulte elegido en 2019 serán altísimos: entre 2020 y 2023 vencerán u$s 131.096 M (ver gráfico), cuando el FMI sólo desembolsará u$s 6.000 M en 2020, debiendo comenzar a pagarse los u$s 57.000 M prestados a partir de 2021. Con lo cual, el cronograma de obligaciones a enfrentar para el próximo Gobierno es todavía mayor, luciendo para la mayoría de los analistas como prácticamente incumplible. No es casualidad que los mercados abiertos del exterior para este Gobierno ya estén cerrados y sólo pueda financiarse con el FMI. El Gobierno de Macri está siendo sindicado por los mercados técnicamente como país en default porque no se cree que se pueda seguir pagando la deuda sin reestructurarla, pedir quitas o simplemente declararse en banca rota.

Pero por sobre todas las cosas, lo más importante es considerar la quinta fuente de demanda de dólares del país: la fuga de capitales. Este ítem puede volverse fulminante para el Gobierno porque viene creciendo a un gran ritmo y ha sido el responsable de las devaluaciones que llevaron al Gobierno a estar contra las cuerdas. La fuga de capitales según el balance cambiario del Banco Central fue de u$s 9.951 M en 2016, u$s 22.148 M en 2017 y hasta septiembre de este año de u$s 24.795 M, proyectando finalizar el año en torno a los u$s 30.000 M.

Como el 2019 será un año electoral, los pronósticos conservadores señalan que la fuga será como mínimo de u$s 40.000 M, mientras que los más pesimistas suponen que el piso será de u$s 60.000 M. Sólo la primera mitad del año que viene, es decir los meses previos a las elecciones, vencerán u$s 45.485 M de deuda, lo que coincide con el promedio de los pronósticos de la fuga que habrá en 2019. De seguir cayendo el Gobierno en las encuestas y estimarse que el peronismo puede vencer en las elecciones, los mercados ya sea por el temor a un inevitable default o bien a un virtual triunfo del peronismo pueden reaccionar violentamente frente a la desconfianza, haciendo crecer las corridas contra el dólar y que su precio se vuelva a escapar. Todavía más cuando en diciembre de 2018 (y varias veces más el año próximo) la Reserva Federal va a volver a subir las tasas de interés, presagiando que la salida de capitales del país, como viene ocurriendo desde abril en busca de plazas más seguras (efecto fly to quality), asuma una velocidad indetenible.

Valga recordar que Sergio Massa, uno de los líderes del peronismo no kirchnerista, anunció que para él habría que renegociar el acuerdo con el FMI dado que no es cumplible. Mientras que el peronismo kirchnerista dice directamente que el acuerdo no es legítimo puesto que no fue aprobado por el Congreso. Lo que señala que ambos sectores del peronismo se están perfilando para un escenario caracterizado, por lo menos, como poco amistoso con los mercados y que podría certificar antes que tarde el default ya pronosticado. Todo lo cual hará subir el valor del dólar más allá de lo deseable y haciendo naufragar definitivamente el programa económico actual.

En suma, la relación entre la economía macrista y el dólar no luce viable ni sostenible en el tiempo, sino más bien explosiva, puesto que depende totalmente de una confianza en los mercados que ya ha perdido: sus fundamentos económicos, financieros y la evaluación de los agentes son totalmente negativas. Ni aún si el FMI sostuviese hasta el final el acuerdo pactado con el Gobierno podría evitar una debacle ni asegurar que se renueven todos los vencimientos de deuda próximos. Por lo tanto, sin milagro ni prestamista de última instancia, la suerte ya parece estar echada.


* Economista. Doctor en Ciencias Sociales. Autor de “Camino al colapso. Cómo llegamos los argentinos al 2001”. Para ámbito.com:

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