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Marielle Franco, otra víctima del hampa de las finanzas

 

El miércoles pasado, 14 de marzo, Río de Janeiro revivió períodos de inusitada violencia por parte de las fuerzas represivas del Estado, luego de que 4 balas 9mm terminaran con la vida de la concejala Marielle Franco, y otras 3 con la de su compañero y chofer Anderson Gomes. Más allá de las presunciones, hasta ayer domingo no había podido establecerse con claridad la autoría del crimen, día en que los peritajes demostraron que las municiones utilizadas por los asesinos pertenecían a la Policía Federal; las mismas que se utilizaron en la masacre paramilitar de Osasco, por la que ya fueron condenados tres policías y un guardia civil.

Desentrañando los motivos que llevaron a que unos sicarios mataran a sangre fría a Franco, no parece desatinado comenzar recordando que esta mujer afroamericana se opuso tenazmente a la militarización de la seguridad de Río ordenada por Temer para “frenar el aumento de la criminalidad” (Patricia Bullrich aplaudía emocionada desde algún bar porteño).

Brasil ha sido, desde el golpe a Dilma, un territorio inhabitable para cualquiera que se oponga de alguna forma al orden abusivo propulsado por el hampa de las finanzas. Sus hombres de maletín voltearon a Rousseff, electa y reelecta con casi el 52% de los votos, y pusieron en su lugar a un tal Temer, representante directo de los bancos extranjeros y de las corporaciones multinacionales, cuya imagen positiva es de un minúsculo 4%: la de los pocos que se benefician con su política de ajuste. Después le dieron un revés judicial a Lula, futuro ganador de las elecciones presidenciales venideras según cualquier encuesta que se quiera observar (hasta las de O Globo), y protagonista de un proceso político que sacó a más de 40 millones de brasileros de la pobreza.

Esos mismos son los que asesinaron cobardemente y por la espalda a una concejala llegada de la pobreza de las favelas, y que gracias a un gobierno popular logró desarrollarse políticamente para combatir el hambre y la injusticia del lugar del que provenía. El hampa de las finanzas, con sus esbirros locales, aborrecen a dichos gobiernos que pugnan porque cada vez hayan más Marielles; por eso es que con todos sus mecanismos (principalmente los medios) atacan sus candidaturas y luego a sus gobiernos.

Con la conducción del Estado brasilero en manos de los bancos, hoy se trata de perseguir a todo aquel que diga cosas que incomoden y pongan en aprietos a los que promueven la abundancia de unos pocos por sobre miseria de muchos. Por eso detestan a Francisco, que con astucia denuncia a quienes tienen como ídolo al dinero. Por eso acosan y matan a todo aquel que se mueve y conmueve por una sociedad más justa. La mafia financiera no quiere movilización, no quiere paros ni conductores que remuevan el sufrimiento y lo conviertan en acción.

Los argentinos tenemos que alarmarnos porque Macri y su gabinete vienen de la misma estirpe, y aunque hayan diferencias que salvar, Maldonado y Nahuel fueron muertos por expresarse en contra del sistema de ideas imperante. El temor que intentan instaurar Macri y Temer tiene por fin paralizar a la sociedad para seguir con la trasferencia de nuestra riqueza a sus cuentas off shore. Por nuestra parte, nos toca transformar la penuria de las tragedias en esperanza y lucidez, para poder pensar un mejor futuro para América Latina y descubrir a quienes lo postergan.

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