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Papa Francisco: sobre las falsas promesas de felicidad y libertad

En su visita al sur de Asia, el Papa Francisco dejaba un claro mensaje al mundo y en favor de la libertad frente a la falsa felicidad. Independientemente del contenido religioso que se le pueda endilgar, el claro contenido espiritual y con validez en el mundo terrenal nos permite pensar y reflexionar sobre las palabras de Jorge Bergoglio.

A los jóvenes les dijo: “no se pasen todo el día con el teléfono, ignorando al mundo”, siempre tan atinado y actualizado el compañero. Mientras nos presentan en sociedad a la generación X o Y, o millenials o centennials, donde ignorar el mundo es la regla, el Papa convoca a pensar y a mirarse a los ojos para descubrir en el otro la felicidad de saberse parte del conjunto y no una individualidad al servicio del dios dinero.

“Los jóvenes están siempre listos para ir hacia adelante, hacer que todo suceda y arriesgar. Los animo a continuar con ese entusiasmo en las circunstancias buenas y malas…”, dijo Francisco.

A renglón seguido dijo: “les aconsejo viajar en la vida” y “no vagar sin rumbo”. La pregunta sería ¿Cómo se viaja en la vida? Alguien podrá decir “¡vamos al Machu Pichu!” ¡No, Puchi! diría un amigo. No voy a pensar que con estas líneas interpreto al jefe máximo de la resistencia que armó bunker en el Vaticano. Pero se trata de viajar en nuestra historia, para comprender nuestro presente, tal vez. Se trata de saber quiénes somos. Como decía un clásico: “sería imposible evaluar lo que fuimos y lo que somos, si ignoramos por qué dejamos de ser”.

De esa manera entonces, podríamos munirnos de sabiduría, esa que como dijo Francisco, “…nos ayuda a reconocer y a rechazar las falsas promesas de felicidad”, para no encerrarnos en nuestros mundos, parafraseándolo. “Cuando un pueblo, una religión o una sociedad se convierten en un ‘pequeño mundo’, pierden lo mejor que tienen y caen en una mentalidad presuntuosa, la del yo soy bueno y tú eres malo”, dijo Bergoglio.

“Una cultura que hace falsas promesas no puede liberar, sólo conduce a un egoísmo que nos llena el corazón de oscuridad y amargura…Es triste cuando comenzamos a cerrarnos en nuestro pequeño mundo y nos replegamos sobre nosotros mismos. Entonces hacemos nuestro el principio de ‘o como digo yo o adiós’ y quedamos atrapados, encerrados en nosotros mismos”. La cultura del engaño que se impone hoy desde la concentración oligopólica de los medios de comunicación que no son más que órganos de propaganda de los partidos políticos, y la mayoría de éstos cooptados por los de afuera y los de arriba para imponer su programa, nos exige reflexionar sobre lo nuestro, sobre la cultura de los de adentro y los de abajo. Una forma de libertad, es la verdad.

Insistió, como en muchos de sus discursos, en la necesidad de que la juventud escuche y respete a los ancianos para, entre otras cosas, “evitar repetir los errores del pasado”. Esa sería una forma de viajar en nuestras vidas. Hoy, desde las usinas de pensamiento concentradas en las oficinas del sistema financiero internacional, pretenden que vaguemos sin rumbo para que no nos demos cuenta de lo que está sucediendo en el mundo ni en nuestro propio país. Así, nos saquean nuestros recursos, nuestra renta, nuestra dignidad, nuestro trabajo y nuestros salarios.

“Hablen con sus padres y abuelos, ¡no se pasen todo el día con el teléfono, ignorando el mundo que los rodea!”. El Papa invitó a los jóvenes a abrirse a los demás y a «mirar más allá de nuestras comodidades personales y de las falsas seguridades que nos convierten en ciegos frente a los grandes ideales que hacen la vida más bella y digna de ser vivida».

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