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Parada de fábrica

Pablo Cerra, abogado de UOM: “El panorama es muy delicado”.

Compartimos la siguiente nota porque nos deja una conclusión muy sencilla. El gobierno de MAcri está destruyendo la industria y el mercado interno. El termómetro de un gobierno es la cantidad de afiliados que tiene la UOM, ese es el verdadero Índice Industrial. En Rosario, uno de los polos industriales más grandes del país los últimos años la situación empeora día a día. El abogado de la UOM, Pablo Cerra, nos lo deja en claro y sus ejemplos son concluyentes. (RIN)


Por Luis Bastus

Hay unos 5 mil trabajadores metalúrgicos en Rosario y zona de influencia con su estabilidad laboral tambaleante: las fábricas que los emplean están bajo procedimiento preventivo de crisis hasta diciembre, status que puede desembocar en la quiebra y cierre definitivo, reveló Pablo Cerra, abogado de la delegación local de la Unión Obrera Metalúrgica (UOM). Casi un tercio de los 17.500 afiliados que tiene ese gremio aquí. “Cada semana nos notifican tres o cuatro procedimientos preventivos, el cierre de alguna empresa o taller chico. Las empresas trabajan al 20 por ciento de su capacidad. El panorama es muy delicado”, contó.
La última persiana en caer ha sido la fábrica de silos Dasa, en Firmat. Sus catorce obreros, que habían tomado la planta desde julio pasado, salieron anteayer del Ministerio de Trabajo provincial con la certeza del mal presagio que advertían: los dueños decidieron pagar las indemnizaciones de una sola vez y liquidar la firma. La escena es cotidiana en la planta alta del edificio ministerial de Lagos y San Lorenzo, el área de “Conflicto colectivo”.

“Da vergüenza ver adonde hemos llegado: a valorar que por lo menos les pagarán toda la indemnización, porque en otros casos la empresa cerró y nadie cobró un peso”, analizó el abogado del sindicato metalúrgico.

“Es durísimo ver a diario tantos trabajadores en esa angustia de no saber cómo seguirá su vida y la de su familia. Llegan al Ministerio sin saber si de ahí se irán con trabajo, despedido, suspendido, habiendo cobrado o no. El trabajador se siente indefenso, no por su gremio sino por el Estado nacional, es el clima de época”, resumió Cerra.

El letrado transmitió que los obreros que representa le cuentan de sus jornadas laborales sin nada para hacer. Horas ociosas que presienten como la antesala de un declive que tarde o temprano hace crisis.

“Estoy seguro de que un montón de actividades no se van a reactivar hasta febrero o marzo. ¿Y mientras tanto qué? En la UOM Rosario tenemos 5 mil trabajadores inmersos en procedimientos preventivos de crisis hasta diciembre. Y enero no sabemos qué pasará con ellos”, expuso.

Esta seccional metalúrgica tenía unos 20 mil afiliados hasta hace un par de años, tuvo bajas propias del achique de la actividad industrial y hoy tiene unos 17.500 afiliados. Cinco mil de ellos, en riesgo de desempleo.

A nivel macro, el titular nacional de la UOM, Antonio Caló, estimó hace un tiempo que desde 2015 su sector sufrió 28.000 despidos y 20.000 suspensiones. La metalurgia aún explica el 25% del empleo industrial en el país.

Un caso que justifica el alerta gremial es el de las fábricas de línea blanca, que tiene su temporada alta de producción y venta entre agosto y diciembre. Electrolux, por ejemplo y sin embargo, le dio vacaciones a sus 1.000 empleados en octubre, para aminorar costos y no generar un sobre stock por falta de demanda en el mercado interno. “Lo mismo sucede en Bambi, en Inelro, imaginemos cómo le va a una empresa con menos espalda, con diez o veinte empleados”, observó Cerra.

El rubro de las carroceras y la fundición corre la misma suerte, dijo.

El abogado gremial señaló también la matriz económica del gobierno de Cambiemos: tasas altísimas, créditos imposibles, inflación y destrucción del mercado interno. “¿Quién va a invertir en la industria y sus visicitudes, si total quedándote en tu casa con la plata a interés ganás 60 o 75% sin hacer nada? Y encima, abren las importaciones y aniquilan el mercado interno: es la tormenta perfecta”, percibió.

De su trajinar cotidiano en las audiencias de conciliación en el Ministerio, Cerra confesó lo que no puede superar: “Lo peor es ver a un obrero de 60 años, que no se puede jubilar todavía, pero que queda desocupado y nadie lo tomará. Laburantes de años, manos gruesas, piel curtida, y se les caen las lágrimas. Eso es lo más duro de ver”.

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