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Pensamiento situado (Hacia una filosofía política situada)

Lo universal situado es una categoría que se caracteriza por un estilo de pensamiento filosófico que no renuncia al horizonte de lo universal, sino que lo redefine de una manera especial. Es un concepto alternativo tanto al clásico universal sin más abstracto como al universal concreto (a la manera hegeliana). Afirma una universalidad situada que acepta el desafío de la singularidad y a la vez, es capaz de liberarla de la particularidad, del accidente y de cualquier forma de egoísmos, folklorismos o nacionalismos de viejo cuño. El sujeto del pensamiento situado es un nosotros cultural y latinoamericamente situado.

La situación es el suelo nutricio de partida y no un techo que impide mirar las estrellas. Por eso, en estos pensamientos que pintan aldeas, se puede descifrar con mejor claridad la pintura del mundo.

No se trata de renunciar a la abstracción de los conceptos y a su pretensión de universalidad sino que la situacionalidad del pensar remite siempre a un aquí y ahora que es el que motiva las indagaciones, los acentos y los sentidos.

Los conceptos, el conocimiento si bien trascienden las situaciones particulares, surgen siempre asociados a contextos y a procesos singulares.

El pensamiento situado posibilita relacionar, articular los planos universal, particular y singular. Lo que se pone en juego es la relación universal-particular, o mejor dicho, un modo de entender esa relación. El desafío está en mantener la tensión sin reduccionismo teóricos ni prácticos.

Se procura superar al helenocentrismo, el eurocentrismo e incluso al occidentalismo fijando la mirada en el locus enuntiationis ( lugar de enunciación ) como modo de situar la universalidad. Los conceptos y categorías científicas tienen que ser siempre remitidos a la situación particular en la que fueron elaborados para devolverles su sentido más pleno. Aunque ese sentido trascienda la particularidad y pueda ser retomado desde otras experiencias análogas, la remisión a la situación de origen forma parte constitutiva de su significado. Todo concepto deberá ser adaptado y corregido en su referencia a nuestra realidad.

El lugar de la enunciación no es solamente gnoseológico o epistemológico, sino también axiológico: hay opciones, posicionamiento, hay valoraciones en nuestra mirada, conformando un horizonte de precomprensión que debe ser explicitado y criticado para ser asumido conscientemente. Una consecuencia de la no explicitación de este “lugar” es el ocultamiento del posicionamiento político respecto del eje autonomía-dependencia en las relaciones intra e internacionales.

El pensamiento no es situado porque se refiera a un “objeto” particular situado en el tiempo y en el espacio, la ciudad de Paraná o la selva Misionera, sino porque el sujeto que piensa está situado. Un pensamiento universal situado “amplifica la experiencia cotidiana e histórica tanto como singulariza la problemática universal” (Mario Casalla, 1986). Hay que comprender la situación como el horizonte de sentido a partir y en contra del cual surge el conocimiento y opera un determinado pensamiento.

Que todo pensamiento es un discurso situado significa que todo pensamiento es un discurso de una determinada situación, tanto como la superación de esta. Todo pensamiento lleva la huella de la situación de la que parte, de sus preocupaciones y de sus sentidos, y al mismo tiempo, es la superación de la situación porque implica tomar distancia de la misma, abriendo los horizontes de comprensión.

No se ve igual la Argentina desde Santiago del Estero o Catamarca que desde Buenos Aires. De modo que un pensamiento situado, lejos de estrecharse en el análisis descriptivo de particularismos aislados, se abre hacia la consideración de contextos cada vez más amplios para la comprensión de la situación particular y de la posición política que se ocupa en ellos.

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