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Periodista venezolano confiesa que sabía del atentado contra Maduro

Las clases antinacionales y extranjerizantes, existentes en los países semicoloniales de la América Morena desde la aparición de cada Estado latinoamericano, han sabido mutar su forma de accionar conforme al paso del tiempo. Cuando creíamos que la violencia explícita, física y directa hacia un gobierno popular, había perdido vigencia décadas atrás, nos desayunamos con que al presidente venezolano, Nicolás Maduro, le explotaba un dron a metros de donde se encotraba dando un discurso el 4 agosto pasado.

El caso, de por sí, tiene profusa relevancia por tratarse de un atentando cuya víctima, se pretendía, fuera el representante electo democráticamente por el pueblo soberano de Venezuela. Pero más se agrava al incluir en el análisis a los acontecimientos que han tenido lugar en otros países suramericanos. Nos referimos al hostigamiento mediático-judicial a Dilma, que fue apartada de la presidencia del Brasil por una causa inventada y respaldada por un Congreso plagado de corruptelas; a la limitación electoral cuasi fascista impuesta (por el momento) a Lula, que tiene más del 40% de intención de voto, y cuyo apresamiento deviene de vastas presunciones y ninguna prueba; al golpe parlamentario al paraguayo Fernando Lugo en 2012.

Algo similar ocurrió en la Argentina, donde durante el gobierno de Cristina Fernández el oligopolio mediático se ocupó de imponer los temas de discusión con absoluta impunidad, generando opiniones infundadas (al menos hasta ahora) en la sociedad. Así, Aníbal Fernández fue contrabandista de efedrina, Cristina fue al departamento de Nisman a dispararle en la cabeza y el féretro de Kirchner solo estaba lleno de dólares. Toda es clase de barrabasadas todavía se repite en los cafetines mediopelo argentinos con el mero fin de justificar que la deuda macrista haya llegado al 80% del PBI, que el Gabinete de Ministros esté plagado de evasores con cuentas offshore*, y que 8.000.000 niños argentinos vivan HOY en situación de pobreza. Un cuaderno de primaria escrito a mano, vale más que el hambre de miles que no salen por televisión, pero que todo frecuentador de cafetines sabe que existen.

Tal es el efecto que la concentración mediática, como herramienta política de los bancos internacionales y de las oligarquías locales, ha surtido sobre el devenir de los pueblos. Y por si estó no fuera suficiente, aparece hoy en las pantallas venezolanas un periodista de los más gorilas confesando que días antes del atentado en cuestión, los organizadores “compatriotas”, sus “amigos”, lo habían puesto al tanto de la opereta, y que él respondió “hágale!”. Inflando el pecho, amenaza después: “Van a venir más”

La situación ha llegado a ser tan crítica que ya no es necesaria una profunda investigación para determinar quiénes son los culpables de accionar contra la democracia y contra la voluntad popular. Ellos mismos salen a alardear, exentos de toda culpa, que promueven esa conducta en contra del gobierno cuando ya no hay forma “pacífica” de correr a los obstáculos que obstruyen la trasferencia de renta al exterior. Cuando ya no queda golpe parlamentario posible o proceso judical viable por la eficacia y comprensión política de un gobierno o por su apoyatura popular, ponen a volar a un dron con dinamita. Por suerte, esta vez fallaron.

 


* ¡Pero estos tienen ojos claros, apellidos compuestos y desprecio por el morochaje!

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