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Política cambiaria, endeudamiento y transferencia

El “uno a uno” en la década del 90 no solo hace refencia a la paridad cambiaria sino también, estrechamente vinculada, a la relación entre endeudamiento y salida de capitales. Es en está década en donde se perfeccionó, consolidó y terminó de legalizar el patrón rentístico-financiero. Tras el modelo sojero pero de emancipación del capital financiero internacional del kirchnerismo, Macri inaugura una etapa que a grandes rasgos busca emular el cuarto de década final del S XX. Bajo la falacia de “terminar con el cepo cambiario”, Cambiemos unificó un tipo de cambio que se habìa diversificado sin planificación e impulsó una brutal devaluación cuyos beneficios cayeron en especuladores y exportadores y cuyas consecuencias diezmaron el mercado interno. Ahora mantiene un dólar barato, que por la composición de clase del gobierno podemos determinar que más que para pisar la inflación es para facilitar la salida de capitales; la misma llega en el primer bimestre del año a significar el 50% del endeudamiento realizado por Luis Caputo. Recordemos finalmente que el endeudamiento por sí mismo no genera valor, lo único que genera valor es el trabajo, por lo que es imposible pensar en endeudamiento y tranferencia de riqueza si en el medio no hay ajuste. (RIN)


Había algo que crecía, la fuga de capitales
El Banco Central informó que en febrero siguió la venta masiva de dólares para ahorro y turismo. Fueron 3089 millones y 1049 millones, respectivamente. La demanda sigue en niveles record a pesar de que la cotización del billete verde está planchada.La fuga de capitales no afloja. En el primer bimestre de 2017 la demanda de dólares para atesoramiento y turismo consumió la mitad de los fondos obtenidos por el Estado nacional a través de la colocación de títulos en moneda extranjera y la solicitud de préstamos a bancos internacionales. El Ministerio de Finanzas y el Banco Central tomaron deuda por una suma cercana a los 18.000 millones de dólares mientras que la dolarización de carteras y las divisas compradas para viajes se ubicaron en términos brutos en 9000 millones de dólares. Cuando se computan la deuda tomada por empresas y provincias, la fuga de capitales pasa a representar 3 de cada 10 dólares que ingresaron en el año. Las estimaciones elaboradas a partir del Balance Cambiario que el BCRA difundió ayer exponen la creciente vulnerabilidad externa de la economía a los movimientos de capitales.

En el Central no piensan igual. El endeudamiento externo y el ingreso de capitales especulativos no solo financian la fuga sino que le permiten acumular reservas y planchar el dólar. Funcional a la estrategia de corto plazo del Gobierno para disciplinar la inflación con apreciación del tipo de cambio –programa que también se vale de la apertura importadora e incremento del desempleo–, esa dinámica engrosa los compromisos por pago de intereses, expone la economía a los vaivenes del mercado financiero y agudiza las dificultades comerciales.

Los datos del Balance Cambiario publicados ayer evidencian que la formación bruta de activos externos, el ítem donde se imputa la demanda de billetes para atesoramiento y la demanda de divisas para transferencias al exterior, ascendió hasta los 3089 millones de dólares en febrero. El mismo dato había llegado a 3428 millones de dólares en enero y alcanzado los 4854 millones de dólares en diciembre pasado. La marca del finales de 2016 fue la más elevada desde noviembre de 2011 cuando el gobierno anterior decidió regular y limitar el acceso al mercado cambiario.

En tanto, la compra de moneda extranjera para turismo en el exterior demandó 1049 millones de dólares: 959 fueron para pagar gastos y 90 para pasajes. En enero la cifra global había trepado hasta 1433 millones de dólares. El giro de utilidades realizado por las multinacionales se ubicó en 125 millones de dólares en febrero y acumula 182 millones durante el primer bimestre de 2017. La inversión extranjera directa fue de 98 millones de dólares y suma 345 millones en el mismo período.

“Es preocupante que luego de más de un año desde la asunción del Gobierno y con un Banco Central que ha desregulado por completo el mercado cambiario y la cuenta de capital, los argentinos siguen ‘apostando al dólar’, y la apuesta es cada vez más grande”, sostiene la ex presidenta del BCRA, Mercedes Marcó del Pont. El último informe de la Fundación de Investigaciones para el Desarrollo (FIDE) que dirige la economista explica que “el abundante ingreso de dólares financieros provenientes de la colocación de deuda nacional y provincial está permitiendo compensar con creces esta demanda, acumular reservas y planchar el tipo de cambio. Con igual signo se ha sumado el blanqueo de capitales lanzado por el Gobierno durante el año pasado. Sin embargo, esta dinámica no es sostenible en el tiempo, en la medida que se acentúa el desequilibrio de la cuenta corriente y el creciente endeudamiento engrosa los compromisos por pago de intereses en moneda dura”.

El informe de la entidad presidida por Federico Sturzenegger precisa que las compras de billetes ascendieron hasta 2335 millones y fueron concretadas por 862.000 clientes, cantidad 11 por ciento menor a las que accedieron al mercado de cambios para adquirir moneda extranjera en enero. El 12 por ciento de esas operaciones para compra de billetes físicos fueron por más de 2 millones de dólares. Como se vendieron 608 millones de dólares, la demanda neta para formación de activos externos de libre disponibilidad  totalizó 1865 millones en febrero.

“La salida de capitales financiada por la deuda externa es un problema endémico de la economía argentina. La dinámica actual no es sustentable a menos que ingresen dólares genuinos, comerciales o inversiones extranjeras. En esquemas de atraso cambiario como pasó con Martínez de Hoz y al final de la convertibilidad te endeudás hasta que no te prestan más”, advirtió Aldo Pignanelli, ex presidente del BCRA y economista del Frente Renovador.

Tomar deuda en sí no es malo, el problema es el uso que se da a esos flujos. Los procesos de endeudamiento externo como el que caracterizó a la Argentina entre 1976-2001 no tuvieron un correlato con procesos de desarrollo económico, ampliación de la capacidad productiva y mejoras sostenidas en la infraestructura del país. En cambio, incrementaron la vulnerabilidad externa, generaron nuevas fuentes de volatilidad macroeconómica, tensionaron las cuentas públicas y profundizaron los problemas en la balanza de pagos. La reinserción plena del país en el mercado financiero internacional lograra por la administración Macri reprodujo hasta el momento esa lógica ignorando la existencia de un escenario internacional adverso. (Tomás Lukin para Página12)

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