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Proteccionismo afuera, librecambio adentro, en el  2018 como en los ´60

 

                “La economía nunca es libre, o la controla el Estado en beneficio del pueblo, o la controlan las grandes corporaciones en perjuicio de este”

Juan Domingo Perón

Mientras las grandes potencias como EEUU o China protegen sus economías, las semicolonias como la Argentina abren las barreras arancelarias y las restricciones a los capitales especulativos, permitiendo la transferencia de la renta nacional hacia el exterior y con ella el desfinanciamiento del Estado y la destrucción de la industria nacional.

Con la excusa de “ingresar al mundo”, reducir el déficit fiscal y el gasto público, el gobierno de Cambiemos con Macri a la cabeza, redujo aranceles a las exportaciones e importaciones, quitó los subsidios a los servicios públicos, implementó la reforma previsional, recortó (y piensa seguir haciéndolo) los presupuestos en Salud y Educación, este último además de someter a condiciones de infrahumanas a grandes grupos de trabajadores de la educación, se cobró la vida de la Vicedirectora y el auxiliar docente de la escuela N° 49 de Moreno.

Es un ingreso algo traumático, tal vez por estar a contra pelo de los que sucede verdaderamente en el mundo. Según la OMC han aumentado las medidas proteccionistas entre los miembros del G20 y se declara preocupado por el comercio “mundial”. La OMC es el organismo con que los bancos buscan regular el comercio mundial. El “mundo” que le dibujaron a Macri es el del sistema financiero y los dibujantes son los bancos. La comparación con otro gobierno de carácter similar, salta a la vista.

En el ‘66, mediante un golpe de Estado al Presidente Illia, asume la primera magistratura  Juan Carlos Onganía, que designa como  Ministro de Economía y Trabajo a Adalbert Krieger Vasena; “(…) que aplicó sin vacilaciones la política económica dictada por los intereses del gran capital industrial y comercial, de los monopolios extranjeros radicados en la Argentina y de los grupos capitalistas nacionales vinculados a tales intereses.”[1]

Entre otras medidas antipopulares que llevó adelante congeló los salarios y ofreció créditos a las empresas extranjeras; como corolario entregó el manejo de los bancos nacionales al poderío extranjero. Estas medidas ahogaron la incipiente industria nacional. Para no dejar librado nada al azar disolvió los partidos políticos y cualquier intento sindical de rechazo a su política fue acallado. Esto se daba en el marco de una modificación de las relaciones comerciales con Europa.

Salvando las diferencias, a Macri no le hizo falta las botas para llegar al poder, con los medios de comunicación monopólicos, los bancos, y los sectores sojeros  de su lado, fue suficiente. La intervención del Partido Justicialista, principal opositor, y el ataque constante a los gremios es otra política de represión de la voluntad del pueblo. ¡Pobre del que quiera pronunciarse en contra! Tanto en la fatídica “Revolución Nacional” como en la de “La Alegría”,no hay ajuste sin represión. En la década del 60’ gobernaban representantes antinacionales de las Fuerzas Armadas conducidos por miembros de la oligarquía financiera, en la actualidad sacan su poder represor a las calles con la excusa de mantener el orden interno.

Los planes político-económicos de estos dos periodos históricos responden a un solo interés, el del sistema financiero internacional; del cual las grandes potencias son beneficiarias. El idiota útil de Macri  deja librado el destino y la soberanía de nuestro pueblo a los grandes capitales bancarios e industriales fusionados. Mientras Trump y Xi Jingping imponen aranceles a la importación, protegen la industria nacional y sus materias primas, nosotros permitimos que ingrese a nuestro país todo aquello que fomente sus economías.

[1] Jorge Abelardo Ramos. Revolución y Contrarrevolución en la Argentina. La Era del Peronismo (1943-1976). Pág. 193.

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