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¿Qué están haciendo los bancos con nuestra plata?

Mientras recrudece la crisis, el dinero depositado por los argentinos en el sistema bancario está siendo usado para sostener al macrismo y las ganancias de un puñado de especuladores.

Con la llegada de Sandleris al Banco Central se profundizó la política de económica que marca la recesión. El macrismo ha dispuesto todos los recursos del país al servicio de la especulación financiera y la transferencia de renta al exterior.

Luego del último acuerdo con el FMI, el gobierno ya no puede usar los dólares que le presta el organismo para venderlos a los bancos. Sin embargo por su alianza directa con el sector financiero, personificada en los diversos ministros, tampoco puede perjudicarlos sacándolos del negocio especulativo. A su vez el macrismo necesita del constante endudamiento para sostener su forma de manejar el Estado.

Habiendo gastado la bala de plata que supone el acuerdo con el FMI y siendo rechazado por las grandes financieras internacionales, su única alternativa es continuar apoyándose en la banca que opera en el país. Es por eso que cada día que pasa les ofrece mayores ganancias con las Leliq. Estos títulos de deuda emitidos por el BCRA y compran los bancos, vienen a reemplazar las infames Lebac.

Dentro del sistema bancario pasan la mayoría del dinero que circula en el país. Desde el salario que cobra un maestro hasta las ventas que cobra una empresa. Es por ello que la orientación que tome resulta determinante en el devenir del país. Hoy el sistema bancario nacional se ha convertido en una herramienta central de la política de devastación, funcionando como un embudo que capta la mayor cantidad de recursos que serán destinados a financiar la deuda.

Los fondos que depositaron los argentinos producto de su trabajo, siguen alimentando las abultadas ganancias de la banca que los usan para entregar usurarios créditos y comprar deuda pública.

Los bancos siguen recibiendo depósitos y sueldos en sus cuentas, los cuales prestan con interés y multiplican el dinero. Por ejemplo, para financiarse con tarjetas de crédito ahora hay que pagar intereses del 130% anual. Aumentando el encaje bancario y fomentando las Leliq (que pagan a los bancos un interés cercano al 73%), el Estado macrista usa la plata de los argentinos para continuar financiándose. No se trata de un apriete sino de una negociación donde los únicos beneficiados son los especuladores.

El macrismo ampara de esa manera un saqueo por partida doble, primero dilapidando los recursos del Estado en deuda pública y luego usando los depósitos nacionales para continuar el endeudamiento.

Sin embargo los efectos de esta política son aún más profundos. Estableciendo altas tasas de interés, cada día hay menos recursos para la actividad productiva. A diferencia de las empresas de gas, a los asalariados argentinos no le compensan la pérdida de sus ingresos por la devaluación. Los salarios siguen perdiendo ante la inflación, adquirir bienes y servicios resulta cada día más caro, lo que provoca una caída del comercio, luego en la producción y así sucesivamente. En resumidas cuentas, cada vez quedan menos recursos en manos del mercado interno.

Es por esto que el nivel de endeudamiento de empresas y particulares venía creciendo enormemente hasta que se impusieron escandalosas tasas de interés a los préstamos. Todos los créditos otorgados por los bancos a empresas y particulares han caído, no sólo por los usureros intereses que alejan a cualquiera, sino también porque se vuelcan cada día más recursos a la compra de Leliq.

Cuando el Estado ya no pueda pagar el endeudamiento y el ajuste se haga insoportable ¿A quién cree el lector que salvará el gobierno? ¿En qué lata meterá la mano para sostenerse?

Un ejemplo del pasado reciente se viene a la memoria. En el 2001 cuando ya no quedaba nada por empeñar en el país para pagar las deudas, el radical De la Rúa implementó el infame Corralito. El mismo tomaba la plata de los argentinos para asegurar la supervivencia de los bancos, que eran los mismos que le prestaban dinero al gobierno.

Los sueldos que se cobraban en los cajeros iban a al consumo y cuando esos  recursos que alimentaban el esquelético mercado interno se cortaron, se produjo  un colapso económico y social sin precedentes.

Ojalá esto no suceda, miles de argentinos padecerían el desempleo y el hambre. El macrismo debe terminar, antes que la historia vuelva a repetirse dos veces como tragedia.

 

Imagen y Referencia

La súper tasa de las Leliq. Página12

https://www.pagina12.com.ar/147550-la-super-tasa-de-las-leliq

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