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¿Qué hizo Putin para arrasar de esta forma?

Según los últimos datos de la Comisión Electoral de Rusia, con el 99% de las actas escrutadas, Vladímir Putin ha ganado con el 76,65 % de los votos. Ante tal paliza electoral a sus competidores, cabe preguntarse cuáles son las razones del tan arrasador triunfo.

En la mayoría de los grandes diarios del mundo, tres palabras se repiten en las noticias como crítica a la elección: “autoritarismo”,”abstención” y “zar”. Resulta difícil encontrar sustento más allá de las afirmaciones, teniendo en cuenta el porcentaje de votos y la participación. De los 1.500 observadores internacionales en el país, ninguno ha manifestado quejas graves o probadas hasta el momento.

Según las autoridades electorales del país, la participación en los comicios ha alcanzado un 67 %. Como primer dato el voto en la Federación Rusa no es obligatorio y la participación en unas elecciones presidenciales nunca ha llegado al 70%. En 2008, la cifra superó levemente el 69% y en 2012 la participación fue del 65,3%.

Si Putin es ilegítimo por falta de representatividad, ¿qué queda para otros países con el voto voluntario?

En EEUU, mas allá de su sistema de colegio electoral, en las elecciones que Trump ganó participó el 55% de los habilitados para votar, teniendo el nivel de participación más bajo de los últimos 20 años. El 2016 en España participó el 66% y en Portugal el porcentaje no llegó al 47%. Si pasamos a Latinoamérica, Chile trata de acceder al campeonato mundial de abstención; sólo el 42% participó en el ballotaje que ganó Bachelet y el 49% votó en aquella que ganó Piñera. En todos estos países el voto no es obligatorio y los porcentajes corresponden a las últimas elecciones.

Quedaría entonces preguntarse por sus competidores. En un cómodo segundo lugar quedo Pável Grudinin del Partido Comunista, con el 11,8% de los votos; un multimillonario más cercano a la socialdemocracia europea que al estalinismo que profesa. Los otros 6 candidatos no llegan en conjunto al 10%, sumando progres liberales y el derechoso ocasional.

Ahora bien, si a Putin no lo vota la embajada alemana o la yanki, los comunistas, la progresía o los conservadores xenófobos, ¿quién lo vota? Claramente, todos los demás.

En un mundo donde EEUU y sus socios amenazan y atacan cualquier intento de algún país por un futuro independiente o más justo, los rusos han votado todos juntos a Putin.

Cuando la prensa internacional se sumó a los reclamos de la OTAN por Crimea, le atribuyeron al presidente ruso un papel desestabilizador. Siendo tres regiones de conflicto en las que participó a lo largo de los últimos años, uno podría pensar que allí fue donde tuvo peores resultados. Sin embargo en Crimea lo acaba de votar más del 90% de los habitantes, en Chechenia superó el 92% y en Osetia del Norte más del 80%.

A pocas horas de finalizada la elección en Moscú, miles de personas concurrieron al acto en conmemoración de la reunificación de Crimea y a festejar el triunfo electoral, con una temperatura de 12 grados bajo cero.

A su apoyo popular y llamado a la unidad, no le faltan bases. Su respaldo a la multipolaridad, la participación en los BRICS y la oposición a las “revoluciones de colores” son algunos de sus éxitos en materia internacional. Hacia dentro de la Federación impuso el freno a la fragmentación, impulsando una política de integración que reconoce la diversidad cultural de los pueblos y la defensa de la soberanía. Ambos logros son indiscutidos en el país y son la fuente de un enorme apoyo.

Por si fuera poco, ha convertido al país en la sexta economía del mundo en términos de paridad del poder adquisitivo del producto interior bruto, según datos del Banco Mundial. Consecuencia directa de un programa económico avocado al consumo y la producción, impulsado por los recursos obtenidos de los hidrocarburos. Una disputa que no termina, con ejemplos como la recuperación del 30% de los activos del petróleo y gas rusos en 2015. En el 2000 la esperanza de vida era de 65 años para las mujeres y sólo 60 para los hombres, hoy es de 73 años. Entre otras cosas, por que la pobreza se redujo a la mitad.

Sin embargo, los problemas no se han acabado en Rusia. Las grandes diferencias de ingreso, salarios estancados, atraso tecnológico para la producción, 14% de la población bajo la línea de pobreza, el envejecimiento poblacional, alta contaminación y baja del crecimiento económico son algunos de sus asuntos pendientes. A pesar de todo ello y reivindicando sus logros, los rusos lo reconocen como el indiscutible jefe capaz de defender su país. En especial de los ataques de “occidente”; ese raro término que reapareció producto de la discusión entre Rusia, EEUU y la UE.

Como vivimos en el otro extremo del globo, no podemos visualizar en él a un enemigo si nunca nos atacó. Tampoco tenemos que reconocerlo como líder de los oprimidos del mundo. Es, en primera y última instancia, muy ruso. Un defensor de los intereses de su pueblo, que supo acordar en un momento con Bush para evitar intervenciones y rearmar su país. Ahora propone nuevas relaciones en pie de igualdad y en busca de beneficios mutuos, lo que lo hace merecedor cuanto menos de respeto y apoyo.

Al final serán los rusos los que lo juzgarán, como lo han hecho hoy, y millones que ya dieron una respuesta. Algunos dicen que el origen del apellido del presidente responde a su idioma, en ruso Putin significa “el camino”.

 

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