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¿Quiénes ganan y quiénes pierden con el aumento de combustibles?


Desde el domingo 2 de julio el valor de los combustibles fue incrementado considerablemente -en un 7,2% la nafta y en un 6% el gasoil-, y más allá de que los aumentos son propuestos por las compañías petroleras, el Ministerio de Energía encabezado por el ex CEO de Shell Juan José Aranguren, debería ser el encargado del control de su evolución.

Sin lugar a dudas, el historial del Ministro ha jugado un rol fundamental en las negociaciones, que han resultado en incrementos sensiblemente mayores a los previstos en los acuerdos de principio de año. Según las palabras de Raúl Castellano, presidente de la Federación de Expendedores de Combustible, “lo que más influyó en la suba fue el tipo de cambio”.

Desde su asunción el gobierno de Mauricio Macri se ha preocupado por mantener el valor del dólar estable en vistas de que la “bicicleta financiera”, puesta en marcha hoy casi idénticamente que en la década del 70 y durante la convertibilidad, sea rentable para bancos y financieras extranjeras que retiran los dólares del país. Para ello, ha realizado un endeudamiento externo indiscriminado que sirve entre otras cosas para mantener las reservas ficticias del Banco Central. Hoy la Argentina debe cerca de 210.000 millones de dólares.

Pero este sistema impuesto por las políticas macristas es insostenible y comienza a resquebrajarse. Desde hace meses el valor del dólar viene aumentando lenta pero incesantemente; este 5 de julio trepó hasta el record histórico de $17,60 para la venta. Los argentinos, por nuestra parte, venimos sufriendo los consecuentes aumentos del precio de bienes y servicios, en este caso de los combustibles, y tendremos que acostumbrarnos a esta lamentable realidad, ya que casi todos los productos de consumo diario exigen el uso de nafta o gasoil en su cadena productiva.

Los ciudadanos de Mendoza sentiremos sobre todo las subas en productos llegados desde afuera de la provincia: carnes, lácteos, frutas, verduras, alimentos importados en general, panificados, galletas, legumbres, etc. Pero no solo eso, sino que los bienes mendocinos de exportación también verán aumentados sus costos, lo que hace peligrar los niveles de venta.

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En sus inicios, Macri contaba con el apoyo fundamental de dos sectores con vasto poder: los bancos (y con estos los medios de comunicación) y el (mal llamado) “campo”. Como ya vimos, para el primero ha sido fundamental mantener el dólar bajo o “planchado”, pero no así para los agroexportadores, que prefieren un dólar alto y a quienes Macri decidió beneficiar eliminando o reduciendo las retenciones.

Pero el precio de los productos del campo aumenta junto con el combustible (este sector consume 1/3 del total de gasoil consumido en el país), las ventas al exterior se reducen y el gobierno pasa a ser una molestia. Tanto la Sociedad Rural como la Confederación Rural Argentina han puesto el grito en el cielo, denunciando que “esto es un castigo” y que el precio del gasoil “bajó en todos los países que compiten con la Argentina en producción y exportación de alimentos”.

Los argentinos no debemos engañarnos. Dice Macri que “no le preocupa” el aumento del dólar, ya que la moneda “flota, sube y baja” conforme a “los flujos de oferta y demanda”. Tampoco a los productores del agro les temblará el pulso al trasladar este incremento al precio de los productos de consumo final. Seremos otra vez los ciudadanos “de a pie”, a quienes ya nos sobra buena parte del mes a fin de sueldo, los que tendremos que sufrir las consecuencias de estas medidas.

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