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Sobre el terrorismo ideológico de Joaquín Morales Solá: Cinismos y Persecuciones

Hace ocho años atrás, en 2010, publicábamos en esta revista la nota que reproducimos a continuación.

En ella, destacábamos la alegre presencia de más de seis millones de argentinos que festejaban el Bicentenario de la Revolución de Mayo. Esa alegría no era casualidad: habían motivos para festejar. Se habían recuperado más de cinco millones de puestos de trabajo, la Argentina había pagado su deuda al Fondo Monetario Internacional sacándose ese lastre de encima que nos otorgaba soberanía y nos hacía más libres. Habíamos recuperado, tardíamente, YPF y nuestros viejos cobraban mejores jubilaciones.

Sabíamos también, sin embargo, que existían alertas que ese gobierno elegido democráticamente y que contaba con una amplísima legitimidad popular debía atender: el “chorro” de la transferencia de renta nacional al exterior no paraba, no había sido modificado el regresivo sistema tributario y el manejo del comercio exterior se mantenía casi intacto. La cuestión cultural fue tibiamente atendida: fue insuficiente crear nuevas universidades nacionales si en ellas no se modificaban los planes de estudio introduciendo los contenidos que les permitieran, a los que a ellas asisten, comprender lo propio y lo cercano, la historia política de los argentinos y de la región, en el marco de la imprescindible integración latinoamericana ante la permanente agresión y dominación del imperialismo. Un dato lo ejemplifica: en 2015, el 80% de los estudiantes de la Universidad Arturo Jauretche, votaba por Macri.

La Ley de Medios, la más democrática de todas en su elaboración y discusión, jamás fue aplicada en su totalidad, manteniendo los medios oligopólicos todas y cada una de sus licencias.

Ocho años después de aquella fiesta, nos encontramos con algo que se parece bastante a una tragedia: el gobierno de Mauricio Macri negocia un nuevo acuerdo con el FMI, la deuda en LEBAC supera los dos billones de pesos, el desempleo aumenta día tras día y la inflación carcome el salario de los trabajadores. El ajuste está acompañado de la represión.

***

“Cualquiera puede ponerse furioso… eso es fácil. Pero estar furioso con la persona correcta, en la intensidad correcta, en el momento correcto, por el motivo correcto, y de la forma correcta… eso, no es fácil”

Aristóteles
No hay que ser el filósofo Ricardo Forster, para entender que en el bicentenario hubo un “derrame de pueblo… la ciudad en el bicentenario fue una pueblada”.

El pensador citado sintetiza en esta breve frase la impresión que le causó Buenos Aires celebrando el 25 de Mayo. Es obvio que había algo que celebrar. El pueblo dejó de ser “la gente”, esa expresión gorila de derechosos y progres que piensan en un vecino despolitizado, amorfo, colonizado, zonzo, que no sabe ni le interesa la política. Y de pronto fue pueblo.

Las implicancias políticas, y electorales por ejemplo, de este cambio cualitativo producido en el seno de la sociedad argentina, sin certezas o precisiones, nadie las duda. Dicho de otra manera, el gobierno de Cristina Fernández ha mejorado su imagen, Néstor Kirchner ha mejorado su intención de voto. A la oposición le va como el traste, y Joaquín Morales Solá escupe sapos y culebras en sus editoriales dominicales del diario La Nación. No por omnipotente ni por torpe. De puro contrera nomás niega lo evidente.

En su editorial del domingo 30 de mayo, expresa con indignación que luego del bicentenario Néstor Kirchner está exultante (este último calificativo es textual), y en consecuencia, la emprende contra un futuro infernal para la Argentina que según sus falaces silogismos, es inevitable.

En primer lugar, si en los festejos de Mayo hubo un “derrame de pueblo” es sencillamente porque las aproximadamente 6 millones de personas que en Buenos Aires acompañaron los actos conmemorativos, tenían algo que festejar. Existe una sensación de que el humor colectivo ha mejorado en razón de la mejora de la vida cotidiana de muchos de esos millones que festejaban. Me refiero, en principio, a las materialidades: o consiguieron trabajo, o estaban en negro y ahora están en blanco, o mejoraron su salario, o piensan simplemente que les va a ir mejor (varias consultoras informan que la confianza del consumidor en los últimos 60 días en mediciones interanuales ha crecido significativamente).

También, o les tocó o se han enterado que alguien cobra salario universal por hijo, o simplemente es alguien informado que sabe que los números le están cerrando al gobierno mucho mejor que hace un año, que está bien, y que le va a ir bien.

A Joaquín Morales Solá también le constan todas estas cuestiones. Sin embargo, observa “en los K dos problemas. Uno consiste en que ni la política ni la historia son estáticas, sino dinámicas y cambiantes”. Vale decir, de casualidad estamos bien, pero nos va a ir mal. Es decir, Kirchner está exultante al cuete. Todo va a cambiar y Kirchner va a perder las próximas elecciones. No lo vote. La otra es la fundamentación científica de por qué no hay que votar a Kirchner y es la siguiente: “cualquier crisis de las características de la actual se convierte en una pandemia. A la Argentina le va a pasar lo mismo que a Grecia” porque Kirchner no hace lo que tiene que hacer, vamos a la quiebra. No se olvide, no lo vote.

Cualquier consultora (incluso las más gorilas), y los diarios de insospechable peronismo como Ámbito Financiero informan lo contrario. Sin dejar de pegarle al gobierno, admiten que mientras los países centrales y semiperiféricos europeos están al borde de la recesión económica, la Argentina va a crecer este año y el que viene. Inadmisible esta opinión para Joaquín. Su pronóstico es “menor crecimiento, mayor inflación que pulveriza la seguridad jurídica, caída de la inversiones nacionales y extranjeras, etc.”, haciendo imposible este panorama el impulso de una buena oferta electoral por parte de este gobierno. “¿Es que acaso dentro de un año y medio los argentinos van a votar por la resaca del bicentenario?” Bueno… ¡al fin encontraste algo lindo, Joaco! ¡Parece que el bicentenario estuvo bueno! En tu cerebro atrasado y mitrista no te habías dado cuenta que es emocionante y además fundante de una reconstrucción del tejido cultural de los argentinos el hecho simple de que algunos millones, en la 9 de Julio o en su casa frente al televisor, canten “La Balsa” con Litto Nebbia y el tango junto al folclore, y las letras de los grandes poetas del llamado “Rock Nacional” despeinen las telarañas de la antigualla que conforma tu mal gusto y te duela que su rebeldía forma parte de la historia. Pero como dice Litto “cualquier gesto espiritual que tengas te deja fuera de la ley”, y para vos Joaquín, estos festejos a puro espíritu nacional están fuera de la ley.

Pero esto no es todo. El cinismo de Joaquín todo lo puede. Condena al gobierno de Cristina Fernándezde Kirchner porque en la Cumbre de Madrid “lloró por la crisis Griega, y culpó al capitalismo de esos estragos en la tierra de Aristóteles. Ya en Buenos Aires, despachó con increíble frialdad a los griegos y a su comercio”. ¿Qué cree el columnista mitrista, que como a los griegos le va mal la Argentina le tiene que comprar toda su producción, y a los portugueses también, y a los españoles…, y al África subsahariana, y a la madre que lo…? ¡Qué terrorista que sos Joaquín, y cínico! Porque esta estupidez no se puede decir de otra manera que con esa cara de póker que ponés en tus notas. Es más sencillo: a los griegos les va mal porque así como De La Rúa ató al país a un dólar barato y éste estalló ahíto de mercancías extranjeras y con una exorbitante desocupación, a los griegos les está pasando lo mismo, atados al euro y con una enorme caída de la productividad, aumento del déficit comercial y fiscal, y endeudamiento impagable. Es el programa de De La Rúa, de Morales Solá, y de Mitre. Los griegos no pueden devaluar, pero como propone Paul Krugman, deberían hacerlo rompiendo transitoriamente con la Unión Europea. Pero claro, esto es una herejía para nuestro cínico editorialista. La Argentina de Kirchner fluctúa ante el dólar, se pone competitiva, y tiene buena caja: herejía, pero le va mejor. Es ridículo considerar que haciendo todo lo que hizo que nos fuera mal, volviéndolo a hacer nos va a ir mejor (Einstein). A modo de ejemplo, ¿qué diría el ortodoxo mitrista si Cristina por una circular del Banco Central dispusiese que ninguna persona física o jurídica pueda comprar más de 200 mil dólares al cabo de treinta días? Obviamente, esta medida trabaría la transferencia de renta nacional al exterior, y desde la editorial del diario La Nación anunciarían, por el contrario, una catástrofe.

Condenar a alguien que opera intereses oligárquicos y vinculados al capital extranjero ya fueron condenados por el desnaturalizado por la literatura mitrista Padre de la Patria. Decía más allá de las máximas a su hija, cosas como éstas: “¡pero lo que no puedo concebir es que haya americanos que por un indigno espíritu de partido se unan al extranjero para humillar a su patria y reducirla a una condición peor que la que sufrimos en tiempo de la dominación española; una tal felonía ni el sepulcro la puede hacer desaparecer!”. La nota del último domingo, dentro de algún tiempo nadie la recordará, pero al editorialista, ni el sepulcro lo hará olvidar.

El gobierno debe seguir en desajustes coyunturales, heterodoxos, y estructurales. Y Morales Solá… que se joda. Hemos elegido la persona correcta y la forma correcta para ponernos furiosos… No es fácil. Pero qué satisfacción.

Revista Integración Nacional – Nº 13 – junio de 2010

Dr. Mauro Aguirre
Abogado. Prof. de la Cátedra de Doctrina e Ideas Políticas II, Fac. Cs. Políticas y Sociales- UNCuyo. Ex Convencional Constituyente.
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