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Terratenientes, macrismo y represión: de la desaparición forzada al asesinato por la espalda

El sábado 25 de noviembre, fuerzas de seguridad a las órdenes del ministerio conducido por la ex funcionaria delarruista, Patricia Bullrich, volvieron a sembrar la muerte en un operativo de represión contra manifestantes sociales integrantes de una comunidad mapuche en Villa Mascardi, a 30 kilómetros de Bariloche, Provincia de Río Negro.

El muerto se llamaba Rafael Nahuel, tenía 22 años y era carpintero. Participaba del “Colectivo al Margen” de la CTEP de Bariloche, es decir, era un trabajador de la economía informal. Murió asesinado por la espalda a manos del Grupo Albatros de la Prefectura Naval argentina, según informa el diario La Nación, en el artículo titulado “Un mapuche murió de un tiro en Villa Mascardi durante un enfrentamiento con Prefectura” (1).

Sabemos que, pese a la censura mediática, es posible leer La Nación y Clarín contra sí mismos, y entrever la verdad por sus huellas inequívocas, a pesar del encubrimiento periodístico de la prensa oligopólica. Veamos el relato de La Nación:

“Un grupo de manifestantes permaneció en el predio desalojado el jueves, y generó un cruce con la fuerza de seguridad; además [de un muerto] hay dos heridos; disturbios en Bariloche”.

Son tres hechos: 1) la permanencia de los manifestantes en el predio desalojado; 2) el cruce con la fuerzas de seguridad; 3) disturbios en Bariloche.

El primero se refiere al desalojo de un predio ocupado por un grupo mapuche, ubicado en la zona de Villa Mascardi, perteneciente al Estado nacional (Parques Naciales). Luego abordaremos este punto.

Hablemos del segundo asunto: se califica como “cruce” con fuerzas de seguridad; luego, como “virulento enfrentamiento con armas de fuego entre efectivos del grupo Albatros, de Prefectura Naval, y miembros del Lof Lafuken Winkul Mapu, vinculado presuntamente a Resistencia Ancestral Mapuche”.

La noticia es presentada como un tiroteo y se identifica a los partícipes: Grupo Albatros y miembros del Lof Lafuken Winkul Mapu. Desde el inicio, se inculpa a estos últimos, pues “generaron” el “cruce” (enfrentamiento), lo que parece esperable, ya que se los vincula con la RAM (Resistencia Ancestral Mapuche), que es un grupo sindicado como “terrorista”. Desde el comienzo, La Nación presenta los hechos como un enfrentamiento entre dos organizaciones armadas: una legítima y otra ilegal.

Lógicamente, el relato de terroristas muertos que, caprichosamente se resisten a ser arrestados por las fuerzas de la ley y el orden, siempre comienza, desde las crónicas periodísticas de la época de la dictadura, con la agresión por parte de los “terroristas” (subversivos, guerrilleros, etc.) contra las fuerzas de seguridad que intentan capturarlos en cumplimiento de órdenes superiores. El siguiento relato no escapa de este modelo. Pero ¿realmente fue un enfrentamiento o una persecución tipo “cacería” entre los cerros? Escribe La Nación:

“En el tiroteo, que comenzó en la tarde de ayer con pedradas lanzadas por una decena de mapuches ocultos en lo alto de un cerro, en una edificación que no había sido localizada en los diversos rastrillajes de las fuerzas de seguridad y que rápidamente fue escalando con fuego cruzado, resultó baleada una persona identificada como Rafael Nahuel, quien falleció horas después, cuando sus compañeros lo depositaron en la vera de la ruta 40 para que fuera atendido. La bala le ingresó de manera ascendente por el glúteo y le atravesó el tórax. Miembros de criminalística se aprestaban a realizarle las pericias, entre ellas, para examinar si en sus manos había restos de pólvora.”

La Nación habla de un “tiroteo”; que curiosamente comienza con “pedradas” lanzadas por diez “mapuches”. Detengámonos un momento: un tiroteo se compone de balazos, no de piedrazos. Si alguien lanza piedras y otros tiros de arma de fuego, no es un tiroteo.

El relato hable de una “decena” de mapuches ocultos en una “edificación” no detectada por rastrillajes anteriores de las fuerzas de seguridad; ubica la misma en “lo alto de un cerro”. Parece un asalto por parte de la polícía, más que un ataque de los mapuches. ¿Si la edificación [que no se dice de qué puede tratarse] y los mapuches estaban ocultos, por qué atacaron con piedras a una fuerza provista con armas de fuego, en vez de seguir escondidos? ¿O fueron intimados a rendirse y “se resistieron” con piedras…?

La redactora de La Nación habla de un “fuego cruzado”; quizá pretende reforzar la idea del tiroteo, pero no hace más que complicarse, pues, las opciones lógicas son dos: a) los mapuches atacaron con piedras y recibieron como respuesta balazos policiales; entonces contratacaron con sus propias armas de fuego; b) los mapuches fueron atacados por la policía y respondieron a balazos, salvo que se pretenda que a las balas policiales contestaron con piedras, y después, cuando se cansaron de cambiar cascotazos por tiros, empezaron a disparar sus propias armas de fuego. Evidentemente, hay algo que no concuerda.

Sigamos adelante. Dice La Nación que “…[Rafael Nahuel] falleció horas después, cuando sus compañeros lo depositaron en la vera de la ruta 40 para que fuera atendido.” Esto implica que las fuerzas de la represión no se hicieron con el cuerpo del carpintero, sino que fueron sus compañeros quienes lo “depositaron” en la ruta. Se nota la tendenciosidad periodística que cuenta el hecho como un abandono de persona herida por sus propios compañeros, aunque se matiza la afirmación diciendo “para que fuera atendido”. ¿Por qué lo “depositan” en vez de llevarlo para ser atendido? La respuesta está en el acecho de las fuerzas de seguridad. Curiosamente, se insiste en el “abandono”, tal como se hizo en el relato del caso Maldonado, montando dos imágenes similares: los mapuches fugitivos abandonan a uno de los suyos y siguen escapando.

A continuación, la misma nota da un dato que no ha sido cuestionado: “…la bala le ingresó de manera ascendente por el glúteo y le atravesó el tórax.” Es decir, confirma que fue baleado por la espalda. La lógica indica que es difícil disparar armas de fuego o lanzar esas terribles pedradas letales para grupos de élite de la Prefectura Naval estando de espaldas; por el contrario, el disparo que entra por la nalga y asciende por el tronco, concuerda mucho más con una persona que huye de los disparos.

Párrafo seguido, la cronista, conciente de la pura verdad que acaba de escribir, incluye la siguiente oración: “….Miembros de criminalística se aprestaban a realizarle las pericias, entre ellas, para examinar si en sus manos había restos de pólvora…” [o sea, no se sabe si disparó armas de fuego].

La Nación primero informa que un fugitivo fue asesinado por la espalda, pero (posiblemente) armado. Se pretende volver legitimar el asesinato, como si fuera en defensa propia. Sin embargo, la tendenciosidad de La Nación no alcanza para ocultar dos hechos sobresalientes: piedras contra balas, y tiro por la espalda a una persona que, armada o no, escapaba de la represión, igual que Santiago Maldonado.

Por ahora, detengámonos en estos hechos y su versión periodística de los medios monopólicos. Como decíamos al principio, la metodología del encubrimiento no es nueva. En 1977, en plena dictadura cívico militar de los banqueros, terratenientes y contratistas del Estado como la Familia Macri, un obrero moría durante el conflicto ferroviario. Todos los medios masivos difundieron esta nota:

“El comando de zona I informa… [que] una patrulla de las fuerzas legales [subrayado nuestro] sorprendió a un activista que incitaba al cese de actividades y trataba de impedir la concurrencia al trabajo de algunos operarios, siendo abatido por el fuego… Las fuerzas legales cumplieron con la misión impuesta tendiente a asegurar la libertad de trabajo.”

Comenta Álvaro Abós, de cuya obra extraemos la cita, que “del texto resulta claro que la víctima ni estaba armada ni ofreció resistencia. Era simplemente un trabajador que integraba un piquete de huelga, derecho sindical reconocido hoy en todo el mundo. Cínica, paladina confesión de un asesinato con deliberada intención intimidatoria.” (2)

De la represión estatal en defensa de la propiedad privada de medios de producción (“libertad de trabajo”) contra obreros urbanos, a la represión estatal contra comunidades rurales sin tierra, hay una continuidad política que sobrepasa las diferencias temporales y espaciales. En ambas situaciones, (incluyendo en la segunda al Caso Maldonado) el Estado desaloja violentamente, y luego reprime, persigue y mata o causa la muerte de quienes ¿resisten? [o escapan de] las órdenes judiciales ejecutadas por Gerdarmería, Prefectura, Policía Federal o la Policía de Seguridad Aeroportuaria, enviadas por Patricia Bullrich.

Si en el caso de Rafael Nahuel se intenta poner armas en manos del muerto, con Maldonado no quedó duda de su desarme. Santiago murió al ser acorralado por la persecución de los gendarmes, quienes violaron la orden del juez federal y persiguieron a los mapuches de la Lof Cushamen. Maldonado se ahogó “rodeado de gendarmes” en un operativo dispuesto por Mauricio Macri a través de la ministra Bullrich. Se trata de una víctima “que no estaba armada ni ofreció resistencia” (salvo que se demuestre lo contrario) que murió a manos de la represión. Los cuerpos hablan. Y denuncian el crimen intimidatorio.

Pero ¿por qué tanta represión? Porque la propiedad privada de la tierra, en manos de grandes compañías internacionales como Bennetton, o de magnates extranjeros amigos (sí, MUY AMIGOS) del Presidente, como el inglés Lewis, es sagrada para Cambiemos, que es una dictadura del capital financiero y todo otro capital concentrado (sojero, mediático, contratista público, etc.) foráneo y extranjero, envuelta en una máscara republicana; pero sin república verdadera, ya que la concentración monopólica de los medios masivos, el control nortamericano de internet y la complicidad antinacional de la cátedra univeritaria, aplastan a vastos sectores de la sociedad argentina mediante la colonización cultural que deforma, oculta y desnaturaliza la realidad nacional, debilitando a las organizaciones del campo nacional y dejando indefensa a la Nación frente a la agresión de la extranjería y sus socios locales.

En definitiva, por si alguien quiere más datos, el mismo artículo de La Nación admite que, entre los “rebeldes” había “mujeres, niños y otras personas [o sea, NO rebeldes] que llegaron para apoyar el reclamo mapuche”; además, se dice tales “rebeldes” querían “negociar la entrega” con el Juez y la Fiscal federales.

Si todavía algún espíritu suspicaz alberga dudas, no hay nada mejor que el propio órgano fundado por la familia Mitre, y sostén de todas las dictaduras y gobiernos gorilas, para responderlas. Dice el maligno órgano porteño:

“En el desalojo del jueves, que fue comandado por el jefe de la Policía Federal, Néstor Roncaglia, tres hombres habían logrado fugarse, entre ellos, Nahuel. Ocultos durante días, según fuentes policiales, entre la tupida vegetación de un cerro contiguo al predio de Parques Nacionales, intentaban recuperar el lugar cuando fueron sorprendidos por el grupo Albatros.”

O sea que la represión estaba al acecho ¡admitido por el diario La Nación! Asimismo, la crónica confirma la alevosía (obrar criminal a traición y sobre seguro, según el derecho penal argentino):

“Miembros del grupo GEOF, GE1 estaban apostados en el lugar… Durante días rastrillaron el lugar para capturar a los prófugos y asegurar el predio, cuando en un nuevo rastrillaje, esta vez por parte de la Prefectura, ubicaron la construcción en la que se habían atrincherado unos 10 weichafes (guerreros) mapuches.”

O sea que los buscaron, los encontraron y provocaron el enfrentamiento. ¿No se podría haber negociado antes? ¿Acaso la única solución era perseguir, acechar y reprimir?

En verdad, Macri reprime a los manifestantes (habitantes rurales, obreros urbanos, docentes o trabajadores informales) y luego trata de acusarlos como culpables de la violencia. (3)

No tenemos dudas: el régimen macrista es violento y represor, porque la violencia es la sombra del ajuste. Y, es mentira que los “inversores” quieran tranquilidad; están dispuestos a derramar la sangre que la lógica de la renta exija.

Así, en el marco de las reformas laborales, previsionales, tributarias y educativas, junto al tarifazo, la importación descontrolada de mercancía extranjera, la desindustrialización y los despidos masivos, así como el ajuste y una explosiva situación de endeudamiento público, se crean condiciones de volatilidad política y conflictividad social. Frente a ello, el gobierno provoca violencia. Primero, fue la desaparición, ahora, el asesinato. El carácter sanguinario del macrismo recién comienza a mostrar las uñas. / (RIN)


Fuentes

(1) La Nación, 26/11/2017

(2) ABOS, Álvaro, La Columna Vertebral, Sindicatos y Peronismo, Ed. Hyspamérica (2º edic.), Bs. As., 1986, pág. 194. La noticia se publicó en “La Nación internacional” nº 894, del 07/11/1977.

(3) “El disparo que tiene el peñi da cuenta de que tiraron a matar. Como vienen diciendo la gente de la comunidad esto no es un allanamiento sino que es directamente una caza racista del pueblo mapuche.” Testimonio de manifestante mapuche. Diario Página 12, 26/11/2017.

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