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Un carroñero en el Banco Central

Lo que elegantemente Cambiemos denominó “salida del default” no fue más que el pago excesivo a los usureros fondos buitres. A partir de ahí la lógica es sencilla, como en nuevo gobierno aseguraba pagarle a los “garcas” internacionales, entonces nuevos “garcas” iban a desembarcar en el país. A esto Cambiemos tituló “atraer inversiones”, preludio de la “lluvia de inversiones” que nunca sucedió.

Uno de los que llegó allá por el 2016 fue el fondo de inversiones Templenton, que como buen fondo de riesgo, no va a poner un peso en producir sino en la especulación. Lo paradójico es que en las condiciones creadas por Macri, Caputo, Dujovne y demás, los riesgoso es invertir en el aparato productivo, ya que no hay mayor peligro a cerrar gracias a las tarifas, apertura aduanera, devaluación constante, altísimas tasas de interés, etc.

De este fondo, que llegó para especular con deuda argentina en moneda local, deuda en dólares  y deuda latinoamericana, sale el nuevo número dos del BCRA, Gustavo Cañonero, a quien llamaremos de aquí en adelante Carroñero.

Carroñero, al igual que Christine Lagarde, mientras que era empleado de Templenton, felicitaba al gobierno pero criticaba al gradualismo al mismo tiempo, por lo que se justifica su llegada al BCRA tras el acuerdo entre Cambiemos y el FMI. Es una de las expresiones del paso del ajuste en cuotas pero constante al ajuste salvaje, al shock.

Resaltan dos puntos más en su curriculum. Estudio en el MIT junto a Alejandro Werner, quien fue designado por el FMI como responsable del Hemisferio Occidental del organismo. Tienen entonces, para la tecnocracia, el mismo “perfil”, habiendo sido formados en la víscera de la bestia para luego repartir las recetas para expoliar a los pueblos de la periferia y garantizar la especulación financiera.

El otro punto es su trabajo en el Deutsche Bank junto a Luis Caputo. Esta banca alemana es concocida por una evasión fiscal de 850 millones de euros (solo en Alemania), por haber realizado espionajes a sus críticos durante por lo menos seis años. Pagó multas (pero también recibió un salvataje) por haber trabajado con títulos hipotecarios tóxicos que desembocaron en la crisis financiera del 2008. Recibió una multa récord en 2014 por su participación en el escándalo Libor, manteniendo esta tasa de referencia en su mínimo histórico permitiendo el crecimiento de una burbuja especulativa que se cree que será la próxima -etapa en la- crisis financiera. También fue declarada culpable la institución por lavado de dinero en Estados Unidos y Gran Bretaña de capital rusos y está siendo investigado por vínculos con Siria -aunque sería el vínculo entre los países centrales y los causantes de las atrocidades en ese país).

De esta forma la banca coloca a Caputo, un especulador cambiario, lleno de contratos de dólar futuro, y aun especulador financiero neto, Carroñero, en la cúpula del Banco Central. El perro se quedó cuidando el asado.

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