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Una reflexión sobre la Salud Mental en la era de Macri

Hace menos de un mes se realizaba la Marcha Federal por la Salud en la cual más de 30.000 personas y 300 organizaciones convocantes, transitaron las calles de Buenos Aires en defensa del derecho a la salud. Concomitantemente, en Mendoza, se realizaba una Radio Abierta donde expusieron referentes de distintas organizaciones vinculadas a la salud. Tiempo después se conmemoraba el día de la Salud Mental. La columnista de esta revista y miembro de la Fundación Solidaridad e Integración, Lic. Carla Fontana, nos acerca una reflexión. (RIN)

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Allá por el 2010 los argentinos/as nos dimos el debate sobre qué salud mental necesitábamos y en ese extenso debate se culmino con la Ley Nacional de Salud Mental N°26.657. Tal ley, fue pensada, redactada y ejecutada a partir del principio fundamental que representa la salud como un derecho humano imprescindible y dentro de ella la salud mental. A la cual se debía acceder sin importar raza, religión, clase social, orientación política, sexual, etc.

A partir de este marco legal se garantizó el pleno goce de los derechos humanos de todas las personas con padecimientos mentales, hasta el momento vulnerados. Mejoró la atención tanto cuantitativa como cualitativamente a partir de la aplicación de los equipos interdisciplinarios. Y concomitantemente generó nuevos puestos de trabajo.

En las antípodas de este paradigma de la salud mental como un derecho, del cual el Estado era promotor y garante, observamos las políticas de Macri y Cornejo. Ambos tienen a la salud como un bien de consumo, luego, en la necesidad de recortar el gasto público para sanear los rojos, los argentinos/as debemos “consumir” menos salud. En este principio está encuadrada la Cobertura Universal de Salud (CUS), el reciente paso de ministerio a secretaria de salud y, por supuesto, la subejecución de los presupuestos anteriores y su achicamiento en el proyecto Presupuesto 2019.

¿En mérito de qué debemos acceder menos a la salud? O mejor dicho ¿quiénes ganan con el ajuste en la salud?

En primer lugar, el Fondo Monetario Internacional que, después de muchos años, volvió a auditar a un gobierno argentino y a impartir las reglas del juego. Entre esas reglas está la pauta de exprimir en el gasto público al máximo para incrementar el caudal de pago a los vencimientos de deuda contraída con ellos mismos. Concretamente, según el proyecto de presupuesto 2019, el pago de deuda representa 5 veces el presupuesto de salud, he aquí las prioridades de la Alianza Cambiemos.

Por otro lado, comienza a caminar el negocio de las oligopólicas empresas farmacéuticas extranjeras y nacionales. Estas han tenido vía libre en el aumento de los precios de los psicofármacos en la era macrista y se deleitan con el enorme negocio que se presenta ante ellos en vistas al recorte, que harán caer a las prestaciones en salud mental pública en calidad y cantidad, dejando a la atención privada como única salida.

En síntesis, tenemos una Ley de salud mental de vanguardia en Latinoamérica, perfectible, pero sin duda combatida fuertemente por Macri y Cornejo, pues sus alianzas de clase y la falta de consideración social -y nacional- en sus políticas los llevan a combatirla en todos sus aspectos. Con ella, combaten a quienes padecen y a quienes pretendemos cuidarlos. Nadie, sino una minoría opulenta, sale ganando de tal desgracia. Ojalá fuera un desvarío o una imprecisión del gobierno. Pero sucede que es su plan de gobierno y, de querer modificarlo, será hora de que los cuidadores de la salud mental luchemos en conjunto con las distintas manifestaciones del campo nacional.

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