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Vigencia del movimiento popular y del Coronel de la esperanza en el nuevo siglo

En épocas dolorosas, los hombres y mujeres del pueblo engrosan sabias estadísticas o son meras multitudes anónimas de oscuros individuos que llenan las fábricas, oficinas, escuelas, plazas u hospitales. Son nada más que el conjunto de habitantes de un territorio determinado.

Pero a veces los “dolores inescuchados”, como decía Yrigoyen, o las libertades que faltan, en términos de la Reforma Universitaria, se articulan y emergen a la superficie de las aparentemente estancadas aguas de los confiables países administrados por los amigos oligárquicos del poder colonial extranjero.

Y así surgen las multitudes populares, es la masa hecha pueblo, donde las capas más dinámicas de la sociedad “bajan a la arena” a luchar por sus derechos y su porvenir; así “toman el cielo por asalto” o rescatan de la Isla de Martín García al Coronel Perón, quien pocos meses antes era un pequeño desconocido.

El ingreso del pueblo argentino a la Historia de la Argentina moderna, encabezado por la clase trabajadora, se incubó en un proceso molecular durante varios años, no demasiados, mientras el país se industrializaba debido a la crisis bélica del imperialismo envuelto en la guerra “mundial”.

Luego, la revolución de los coroneles del 4 de junio de 1943, volcó la conducción del Estado y la orientación de su política económica en un marcado sentido nacional, con acentuadas medidas de nacionalismo económico. Pero la revolución juniana se agotaba rápidamente y el imperialismo anglosajón, tras el fin de la guerra, empujaba a todas las clases sociales hijas de la vieja Argentina agropecuaria a recuperar el poder y restablecer el Régimen oligárquico de la Década Infame.

El nacionalismo militar sin pueblo no tenía destino y parecía que una gigantesca Marcha de la Constitución y la Libertad pondría fin a la estrella de ese odioso Coronel Perón, rodeado de líderes obreros, emergidos de quién sabe dónde; delegados y dirigentes sin la respetable tradición de Juan B. Justo o pertenecientes al “antifascismo” del Partido Comunista, aliado a Washington y Londres.

El país oficial, la Argentina entera parecía estar en esa marcha; tal como las movilizaciones contemporáneas de moda del falso ingeniero Blumberg, o de los fiscales macristas en nombre del fiestero Nisman.

Pero, como explica Jorge Abelardo Ramos, el actor más importante del drama estaba por ingresar a escena.

El 17 de octubre de 1945, no solamente los cientos de miles de obreros y obreras, jóvenes, muy jóvenes, recuperaron al Coronel de la Esperanza y cambiaron para siempre la historia argentina. Sino que esa noche, los más impetuosos oficiales de la tendencia nacionalista popular del Ejército ocuparon los principales edificios y resortes del Gobierno, sellando de esa manera, como explica el autor citado, el triunfo de las masas por arriba y por abajo, inaugurando una década gloriosa de alianza entre la clase trabajadora y el Ejército, dando lugar a un gran Frente Nacional antiimperialista, nacionalista latinoamericano y por ello, profundamente popular, donde los trabajadores industriales fueron la columna vertebral del movimiento nacional de masas encabezado por un Jefe militar: Juan Domingo Perón.

Así surgía la Argentina moderna; con industrialización, con sus fabricantes (“buguesía nacional”) y los trabajadores industriales, que componían junto al resto de la masa trabajadora, los empleados públicos y de servicios, sectores burocráticos, comerciantes y empresarios del interior, y una vital incorporación política y social de las mujeres argentinas con nuevos derechos. El vasto, abigarrado y complejo conjunto social del movimiento nacional en marcha.

Tal hecho permanece poco comprendido. La Universidad no lo explica; los partidos lo invocan y muchos lo ignoran; la prensa recuerda efemérides vanas o los monopolios injurian a las mayorías de hoy adjudicándoles su origen maldito: el peronismo.

Nunca más que hoy, a setenta y tres años de aquellas jornadas capitales de la vida argentina y latinoamericana, se impone la explicación del significado profundo de las mismas. Dejemos su evocación a los traficantes de siglas de la partidocracia, y saquémoslas de la inmovilidad fosilizada en que la vengativa academia semicolonial abandona a los próceres y grandes protagonistas que combatió en su momento, y luego deformó hasta volver irreconocible su verdadero sentido y significado.

Hoy el movimiento nacional necesita ser reconstruido. El macrismo, como aliado y eficaz empleado del negocio de las finanzas, la pata más sólida y desarrollada del imperialismo, destruye una a una las conquistas y logros de ese Estado peronista que es la expresión más acabada de la soberanía económica y su independencia política.

Mientras un empleado del FMI hace de presidente, a los sectores populares nos expropian nuestra renta sumiendo a millones a la pobreza y la desesperanza.

A esta nueva Argentina, como al resto del mundo oprimido, luego de haberle despojado la actividad política a sus padres y madres desde 1976, intentan volverla incomprensible para sus hijos e hijas, y lo que es peor, poco importante, desprestigiada (“TODOS los políticos son corruptos”), poco conocida, para que no valga la pena defenderla y sea ejercida por los “técnicos” hijos del individualismo.

Pero aquí nos empeñamos en colaborar y contar políticamente lo que pasó el 17 de octubre de 1945, porque sabemos lo mismo que los enemigos permanentes del pueblo latinoamericano: en la movilización democrática popular de mujeres y hombres en defensa de la liberación nacional, está la clave del conflicto presente; y en su debate está la base misma del nacimiento de la dirigencia política capaz de encender las antorchas del avance nacional del pueblo argentino y latinoamericano, en búsqueda nuevamente, aunque en forma quizás inorgánica e intuitiva, pero bien orientada, hacia su libertad, justicia y felicidad.

 

 

Lic. Gastón Navarro
Director de Revista Integración Nacional. Licenciado y Profesor en Ciencia Política y Administración Pública (UNCuyo). Diplomado en Historia Argentina en Latinoamérica. Diplomado en Geopolítica y Defensa Latinoamericanas.
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