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2019 ¿próspero año nuevo?

Llegó a la Redacción el siguiente artículo de opinión que con ustedes compartimos. La lectora/escritora comparte el punto de vista de la línea editorial respecto la necesidad de la unidad electoral y política del Campo Nacional para vencer a quienes son los responsables de la mayor crisis económica y social registrada.(RIN)

El objetivo de este artículo es reflexionar acerca de cómo nos ha ido económica, laboral, y socialmente en estos últimos tres años, y en vista a las elecciones generales del próximo mes de octubre, ser conscientes sobre qué tipo de proyecto apoyamos con nuestro voto y qué política desarrolla desde el poder.

2018 será recordado como el año de los paros y de los tarifazos. Cabe preguntarnos ¿cómo y por qué ocurrió?

En la Argentina desde 1983 han gobernado el país dos tipos de ideologías políticas: la del campo nacional y popular y la neoliberal. Ambas líneas políticas opuestas entre sí, sólo se vuelven realidad cuando personas las “encarnan”, caso contrario, sólo quedan en el papel.

La ideología del campo nacional y popular beneficia desde el niño hasta la jubilada y el ama de casa; desde el dueño de un almacén y el propietario de muchas hectáreas de tierra en la Patagonia. En tanto que la ideología neoliberal sólo favorece a un 5 % provocando el 95% restante se suma en la pobreza o en el estres de no llegar a fin de mes.

Creo que nadie recuerda gratamente el 2001 y eso es bueno, porque el nuevo milenio llegó cargado de saqueos, robos, asaltos, altos índices de inseguridad, de miseria y de hambre; pero sobre todo con la sensación y el dolor en el corazón de cada compatriota de que su trabajo no alcanzase para satisfacer las necesidades básicas de sus familias y las propias.

Esto se debía a que el Fondo Monetario Internacional gobernaba gracias a la complicidad de Carlos Menem primero y Fernando de la Rúa después (ambos neoliberales). Tales gobiernos acordaban con el FMI y sólo favorecían económicamente a los sectores concentrados, provocando miseria para el resto.

El 19 y 20 de diciembre de aquél año salimos a las calles sin importarnos si estaba a nuestro lado un recolector de residuos, una enfermera, un jubilado, una abogada ó un comerciante, porque teníamos algo en común: nuestros bolsillos estaban secos y había hambre en la Argentina. De la Rúa parecía no dar marcha atrás con su plan financiero acordado con el FMI, pero tuvo que retroceder e irse en helicóptero porque no pudieron sacarnos de las calles, pese a que la represión de la Alianza dejó cuarenta muertos.

Luego de un período de presidencias interinas llegó a la Casa Rosada otro presidente: Néstor Kirchner (político nacional y popular). Con ideas que parecían de fábula y con todas las críticas que podamos hacer a su gobierno y a los de Cristina Fernández (también nacional y popular), la bandera argentina recobró vida: cada trabajador y trabajadora iba tranquilo y sin miedo al despido a realizar su actividad; las heladeras estaban llenas de cosas ricas, las escuelas de verano repletas de niños y niñas sonrientes, los destinos turísticos no daban abasto; comíamos asado seis veces al mes, abrían fábricas en todas las regiones del país, entraban productos del exterior, y por sobre todo: el índice de pobreza descendió de un 50% (2001) a un 20% (2015).

Todo ello significa que debíamos seguir manteniendo las mismas políticas nacionales y populares para llegar a la justicia social y dejar de ver en las calles personas abandonadas, niños y niñas sin derechos, injusticia y dolor.

2019 empieza con pésimas noticias: aumentos en los servicios públicos. Es inhumano tener tres trabajos, mantener una familia de cinco integrantes y pagar semejantes tarifas. Pero no es el fin del mundo. La buena noticia de toda esta tormenta es que si nos unimos como aquel 19 y 20 de diciembre y exigimos la aplicación de subsidios, nos oponemos a los tarifazos, y en octubre le decimos NUNCA MÁS a los gobiernos neoliberales, las heladeras de las casas estarán llenas, alcanzarán los sueldos a fin de mes, habrá trabajo, nos podremos ir de vacaciones, dejaremos de ver a personas en situación de calle, entre otras desgracias que hoy nos aquejan.

Por ello cada compatriota debería tomarse su tiempo y estudiar las carreras profesionales, los antecedentes políticos y el programa de gobierno de cada candidato o candidata a presidente. Cada voto es importante. Recordemos que, ante nada, no debemos ser indiferentes si nuestra familia, nuestro vecino o vecina, nuestros compatriotas, tengan trabajo o no; coman o se queden con el plato vacío./

Autora: Emilia Abrego

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