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Acuerdo Mercosur – UE: para Mendoza no hay nada para celebrar


En Mendoza, como dice el  candidato a presidente por el Frente de Todos, Alberto Fernández respecto al acuerdo entre el Mercosur y la Unión Europea “no hay nada para celebrar”. La alegría del presidente Macri tras el “emocionado audio” de Jorge Faurie ministro de relaciones exteriores, son las penas futuras de la agroindustria cuyana.

Con un simple análisis se puede observar que el área económica más perjudicada en con este acuerdo que se celebra desde Cambiemos, es sin lugar a dudas la Industria Nacional que queda relegada en cualquier intento de competencia con la producción europea. El acuerdo celebrado es un nuevo pacto Roca – Runciman o como mejor lo expresaran desde el pensamiento nacional un nuevo “estatuto legal del coloniaje”.

Como lo fue en el pasado y lo es en la actualidad, el beneficio del acuerdo Unión Europea – Mercosur es para el sector agroexportador de la Pampa húmeda. Con este acuerdo, en Brasil se consumirán los quesos de Parma, Italia en desmedro de los lácteos santafesinos o podrán los brasileños beber finos vinos franceses y quedarán relegados los productos de una de las mayores industrias cuyanas.

Para ilustrar mejor esta explicación, citamos la explicación que el sitio La Política Online dan acerca del alcance del tratado:

“Los especialistas destacan que a Brasil le convendrá a partir de la entrada en vigencia del tratado importar quesos y leche en polvo de Europa en desmedro de la Argentina y Uruguay que también producen dichos productos.

La Unión Europea es la mayor productora y exportadora de aceite de oliva del mundo. Según indica el sitio valorsoja.com, España, Grecia e Italia son los formadores de precios en el mercado y cuentan con marcas reconocidas internacionalmente.

En tanto, Francia, España e Italia son los principales exportadores de vinos del mundo y a partir del acuerdo serán competencia para la Argentina que experimenta serias dificultades para exportar por las retenciones y la quita de reintegros.”

Aquí una diferencia: en el Pacto Roca-Runciman el vínculo era con Inglaterra y los victoriosos, la rosca oligárquica ganadera y su puerto. Pero había un beneficio secundario. La competencia con los franceses le bloqueó la entrada de vinos a nuestro país, consecuencia: el consumo interno debió suplirse con las bodegas cuyanas. Crecieron al calor del pacto las bodegas y sus trabajadores. El Partido Demócrata, conservador popular, si se lo quiere clasificar, tuvo su esplendor, pues nucleaba a esos añejos sectores de la industria vitivinicultora que, aunque fuertemente agraria, tenía trabajos culturales intensivos. Los trabajadores hacían un trabajo con poca tecnología y peor suelo. La diferencia con el “ocio pampeano” salta a la vista: el mismo pacto frenaba cualquier intento industrial nacional -que recién sobrevendría con las crisis por la Guerra- mientras estimulaba el trabajo de unas pocas industrias ligadas al agro.

Si la misma industria hoy produce aproximadamente un 20% de Producto Bruto Geográfico, en el futuro está claramente amenazada: los vinos europeos no están bloqueados, todo lo contrario: forman parte del acuerdo. ¿A donde irán a parar las pocas bodegas que quedan y sus trabajadores? ¿Que sucederá con los alimentos como conservas que corren la misma suerte? Esperemos no tener la respuesta esperada.

 

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D.I. Guadalupe Delgado
Diseñadora. Docente. Consejera Superior - UNCUyo
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