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Un TLC en vísperas del día de la Independencia

Viernes 29 de junio del 2019 es el día en que Mauricio Macri firmó, en el marco del G-20, el tratado de libre comercio entre el Mercosur y la Unión Europea (UE). Sellando así la dependencia colonial de nuestro país antes de las elecciones de octubre. Si bien las negociaciones habían comenzado en 1995, desde aquel año hasta 2016 ningún gobierno había cedido tanto ante la fuerte imposición de condiciones por parte de la UE. A pesar de esto, el acuerdo aún debe ser revisado y aprobado por el Congreso.

Pero ¿qué es un tratado de libre comercio? En principio, implica la libre circulación de productos entre los países involucrados, sin trabas y/o aranceles. El problema de los acuerdos de esta naturaleza es que al eliminar cualquier tipo de regulación estatal dejamos a los “mercados” en una especie de ley de la selva, donde domina el más fuerte. En consecuencia, siempre que haya un tratado de libre comercio entre distintos países, los más poderosos dominarán a los más débiles, perjudicando fundamentalmente a los sectores populares de estos.

Hay, sin embargo, algunos sectores concentrados de poder de estos países dominados que sí salen beneficiados con este tipo de acuerdos. Como el caso de los grandes terratenientes y los sectores vinculados al  gran comercio y la exportación. Estos sectores, la oligarquía terrateniente y la alta burguesía comercial, configuran lo que comúnmente se denomina “rosca oligárquica”, y son los únicos que realmente salen beneficiados en países atrasados como el nuestro.

Como resultado tenemos una doble opresión: una de los países centrales a los periféricos, y la otra de las clases pudientes hacia los sectores mayoritarios y populares.

¡Vamos a poder comprar productos europeos de primera mano sin ningún tipo de trabas!, se habrá alegrado algún desavisado al oír la noticia, pensando en términos individuales y no de manera colectiva; y tendría razón, al menos así será para los pocos que puedan llegar a fin de mes.  Porque será también un problema el hecho de que todos los precios de nuestra economía, inclusive los de los alimentos, van a “ponerse a la altura” de los precios europeos (cuyos salarios son mucho mayores a los nuestros). Esto quiere decir que el detrimento de la calidad de vida para las grandes mayorías es una consecuencia inevitable con un acuerdo de esta naturaleza.

Al no poder competir nuestra débil industria en igualdad de condiciones con la europea, es inevitable la primarización de nuestra economía, y con ella la defunción de la industria nacional. El problema de quedar relegados a la producción de productos primarios (principalmente soja, trigo, maíz, carne, entre otros agropecuarios), es que el valor agregado de éstos es ínfimo en comparación con los productos industriales; hecho íntimamente vinculado con que el “agro” produce mucho menos puestos de trabajo. La desocupación laboral y el hambre del pueblo serían las consecuencias evidentes.

Para muestra basta un botón; y sobran los ejemplos de tratados de libre comercio entre la poderosa Europa industrial con países de la periferia. En los siguientes cuadros mostraremos solo algunos.

El gráfico muestra el deterioro de la balanza comercial de los países que han firmado un tratado con la UE, donde con el tiempo, el déficit comercial se profundiza cada vez más. Esto quiere decir, que, en estos casos, el ingreso de productos europeos es mucho mayor a la exportación por parte de estos países.

Ya lo advertía hace doscientos años Manuel Belgrano “Hay que darle trabajo a la gente, (…) los países civilizados no exportan materia prima sin antes transformarla localmente, de lo contrario estamos creando ocupación en el país comprador [en este caso la Unión Europea entera], y desocupación en el país proveedor. No exportemos cueros, exportemos zapatos”.1

¿Seremos capaces de estar a la altura de nuestra historia y dar la lucha que ya hace doscientos años advertían los hombres de la Independencia? En la semana previa a la celebración de la fecha patria, esperemos encontrar con las voluntades para vencer, como entonces a los enemigos de afuera y sus socios internos.

 

Fuentes:

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