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Alberto en Tucumán: federalismo, educación pública y peronismo

Las definiciones públicas del candidato a presidente del Frente de TODOS consultan las mejores tradiciones nacional-populares de la historia política de nuestro país. En Tucumán, celebrando el Día del Maestro junto a gobernadores, docentes y la conducción de la CGT dijo que

Cuando uno habla de educación habla del futuro, lo primero que tenemos que hacer para empezar a construir un futuro es hacer una Argentina federal que integre a toda la Argentina, que le de la oportunidad a todos los argentinos de nacer, crecer, educarse, trabajar  y morir feliz en el mismo lugar donde nació

Buena definición del federalismo. En los albores de nuestra patria, cuando porteños y provincianos se enfrentaban levantando unos las banderas unitarias y otros los estandartes federales, estos últimos (en particular los de las provincias mediterráneas) reclamaban proteccionismo y el reparto justo de la renta aduanera producida por todo el país y apropiada monopólicamente por Buenos Aires. Pero, en definitiva, detrás de las banderas federales ¿no habían argentinos y argentinas que sencillamente reclamaban poder nacer, crecer, educarse, trabajar y morir felices en la tierra en la que nacieron? Ese sentimiento sigue vigente en millones de compatriotas y, por lo tanto, el programa del federalismo que Alberto Fernández recoge, también.

Ese sentimiento es una pasión: la de vivir y morir felices en nuestro suelo, clima, paisaje y con nuestros seres queridos cerca. Muchas cosas pueden cambiar en la Argentina pero como dijo el personaje de la película El secreto de sus ojos: “las pasiones no se cambian” y por eso esta utopía sencilla pero cara al corazón de millones se mantiene en el tiempo como un horizonte a alcanzar.

El candidato continuó su discurso diciendo que

De repente nosotros, que fuimos un pueblo admirado por todo el mundo porque hicimos una revolución universitaria en la Reforma Universitaria, que dispuso que la universidad debía garantizar la libertad de pensamiento, la libertad de debate, la libertad de cátedra; que debía estar gobernada no solo por autoridades académicas sino también por los docentes, por los alumnos, por los no docentes. Fuimos distintos en América Latina por esa Reforma Universitaria del año 18.

Pero no se detuvo allí. La Reforma se profundizó en los 40.

Pero más distintos fuimos, el día que Perón dijo que esa universidad era gratuita y ahí podían ir los hijos de los trabajadores. Y entonces, fuimos más distintos porque los hijos de los que trabajaban no estaban condenados a seguir la suerte de sus padres y allí empezamos a ver aquello que el peronismo tanta veces levantó como bandera: la movilidad social ascendente.

Y así, los argentinos fuimos distintos.

Y fuimos tan distintos, que el mismo gobierno le dio derechos a los que no lo tenían y entonces, los trabajadores se sindicalizaron, los trabajadores reconocieron el aguinaldo, los trabajadores empezaron a reconocer las vacaciones, los trabajadores empezaron a tener derechos. Y ¿qué nos hizo distintos? ¡Ser parte de una sociedad donde los que trabajaban tenían derechos y no eran explotados! Donde sus hijos podían seguir estudiando y mejorar su condición social. Todo eso nos pasó… y ahora nos dicen que ese es el problema.

Corrían los días de septiembre de 1955 cuando se produjo el golpe de estado autodenominado Revolución Libertadora. Los que estaban en la maniobra explicaban que venían a terminar con la dictadura del presidente que contaba con más del 60% de los votos en la última elección. Sin embargo, cuenta Ernesto Sábato que el contraalmirante Arturo Rial, uno de los integrantes del grupo golpista, dijo a unos trabajadores municipales los verdaderos motivos que los impulsaban: “sepan ustedes que la Revolución Libertadora se hizo para que en este bendito país el hijo de barrendero, muera barrendero”.

La barbarie federal del interior, la chusma yrigoyenista, el aluvión zoológico peronista, los “negros de mierda” y los “choriplaneros que no quieren trabajar” son y han sido el gran problema de la oligarquía argentina portadora de un odio de clase que también parece mantenerse inmóvil a lo largo de la historia de nuestro país. De ahí su desprecio por la educación pública como instrumento de ascenso social, por los derechos laborales y por el peronismo como expresión política de los intereses de las mayorías postergadas que sueñan con una vida más digna. Para muestra sobra un botón, como el contraalmirante.

Para finalizar, el candidato dijo

Que no nos confundan más, que no nos mientan más. Está en nuestras manos tener la sociedad que queremos, está en nuestras manos hacer de la educación pública una bandera que nunca, nunca bajemos, está en nuestras manos que los que trabajan sigan teniendo derechos y está en nuestras manos hacer de la Argentina el país que todas y todos nos merecemos.

¡Que así sea!

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