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ALBERTO Y ARGENTINA EN LA TORMENTA MUNDIAL

Sin lugar a dudas estamos viviendo un momento bisagra del siglo XXI. Sin ánimos tremendistas, que sobreabundan en estos tiempos, es sensato afirmar que la crisis global desatada por la pandemia del coronavirus está reconfigurando el mundo, política y económicamente hablando, tal como este se venía desarrollando en los últimos 50 años.

Frente a semejante situación no queda más opción que intentar sacar algunas conclusiones de tipo conceptual, abstractas, un poco borrosas; pues todavía los hechos se están desarrollando. Sería soberbio querer profetizar ante tamaña confusión. Adivinar el futuro no es cosa de “cientistas sociales”, en verdad estos se dedican a estudiar los fenómenos sociales una vez que estos ya ocurrieron, pero si nos podemos tomar la licencia de avizorar algunos trazos en el bosquejo del porvenir que guardan cierta semejanza con fenómenos del pasado.

Primero analizaremos, brevemente, el tablero internacional y el contexto económico para luego ir hacia la Argentina, que navega en un barquito de papel en medio de la tormenta, con Alberto Fernández en el timón intentando llevarla a buen puerto.

LO QUE EL VIRUS SE LLEVÓ

Como un fuerte vendaval que lo tira todo a su paso, el Coronavirus ha puesto en jaque a la pata especulativo-financiera del capitalismo globalizado que ha reinado en el mundo desde mediados de los años 70´. La valorización financiera y la supremacía absoluta del capital especulativo que transitaba libre como un “ciudadano del mundo” por la “gran aldea global” han quedado al desnudo en las últimas semanas negras de Wall Street.

En verdad lo único que genera valor genuinamente es el trabajo y la producción, los hijos olvidados de la economía capitalista de occidente por lo menos desde Reagan y Thatcher en adelante. Ahora que la producción, el comercio y el trabajo se encuentran paralizados a escala mundial; el castillo de naipes que es el mundo financiero se derrumba, pues en verdad sus columnas siempre se elevaron sobre la espalda sufriente de la “economía real”. La aparición de Trump y su perfil industrialista-proteccionista, y el Brexit y la virtual desintegración de la Unión Europea eran fenómenos que anticipaban este momento histórico.

Sería sencillamente infantil suponer que es el fin de una era, que la esfera financiera desaparecerá, o algo por el estilo. Pero es prudente pensar que el mundo vuelva hacia formas más “tradicionales” de capitalismo, una vez más con el Estado como garante y árbitro de la situación, y no siendo considerado como un “estorbo” como lo fue en la última etapa a la que hacíamos mención.

El mundo unipolar con la supremacía de Estados Unidos también se va, es inevitable. China con su disciplina (Partido/Estado y sociedad/cultura), la resolución rápida de la pandemia y su monstruosa capacidad industrial; sumado a Rusia y demás potencias emergentes ya le disputan sin tapujos el tablero a la Vieja Europa en llamas, y a su Hijo Pródigo en desgracia, el glotón Estados Unidos que no puede parar en seco su economía bajo ninguna circunstancia.

Una vez más, sería inocente suponer que tremendos bloques capitalistas quedarán relegados del escenario mundial, sencillamente se trata de que al parecer no ocuparán una posición totalmente dominante. En términos ajedrecísticos, el mundo entraría “en tablas”.

Además del mundo unipolar, otra de las cosas que se llevó el Coronavirus fue la credibilidad de teóricos de buena fe, mercenarios bien pagos e idiotas útiles que han negado la importancia del papel del Estado y sus atribuciones reguladoras e interventoras para lograr una vida en sociedad más armónica y viable. Por estos días el Estado de Nueva York, centro del capitalismo mundial, confiscó los respiradores del sector privado para distribuirlos más equitativamente. [i]Para muestra basta un botón.

PIDELE AL ESTADO QUE VUELVA

Hoy todo el mundo parece pedirle al Estado que vuelva, que vuelva a resolver la hecatombe económica que ya existía previo a la pandemia, pero que ésta develó en cuestión de semanas. Estados Unidos, Italia, Francia, Irlanda y demás países están tomando medidas regulacionistas que van en contra del libremercadismo tantas veces venerado.

El filósofo alemán Carl Schmitt, ligado al pensamiento escéptico y negativo de la teoría política occidental, hablaba del “estado de excepción” para justificar su teoría del decisionismo. Retomando vagamente (muy vagamente) algunos de sus conceptos y elementos lógicos es que podemos resumir en sus palabras que “lo normal no demuestra nada, la excepción lo demuestra todo; no sólo confirma la regla, sino que la regla vive gracias a ella”. Vale decir que, en un estado de crisis, de emergencia extrema, se ven los pingos en la cancha. Cuando las papas queman es cuando las cosas tal y como son se revelan con mayor claridad. Lo público ordenando lo privado, lo colectivo por sobre lo individual, la solidaridad por sobre el egoísmo, la unidad como algo superior al conflicto. Tal como ha quedado demostrado en las últimas semanas.

Hoy los diferentes Estados intervienen, y nadie parece oponerse demasiado a que ello ocurra excepto a algún desubicado en tiempo y espacio.

¿Y NOSOTROS LOS ARGENTINOS QUÉ?

La Argentina, al igual que los demás países semicoloniales del mundo, naufraga en la tremenda tormenta desatada. Nobleza obliga decir que nuestro país ya estaba en crisis, la autoinducida por el macrismo; que dejó un 40% de pobreza, altísimos niveles de inflación, una deuda impagable en moneda extranjera, una matriz productiva desmantelada, y un Estado quebrado financieramente.

Es decir que nuestro país atraviesa una doble crisis: a) una crisis económica y social gravísima, de carácter endógena, previa a la pandemia; b) la crisis global desatada por el Coronavirus, obviamente exógena.

La segunda no solo puede profundizar la primera, sino que además cambia las recetas con las que se tenía pensado combatirla. Veamos:

Hasta el 20 de marzo (día en que se decretó la cuarentena obligatoria) la estrategia del gobierno de Fernández podría haberse resumido en:

  1. Conseguir un arreglo en los plazos de vencimiento de la deuda con el FMI (estirarla por lo menos a 5 años, “los muertos no pagan”) para con ese apoyo simbólico poder arreglar una quita con los bonistas privados con rapidez (la fecha autoimpuesta por el gobierno era el 31 de marzo) que le permita hacer la deuda “sostenible” y que esta no sea una espada de Damocles sobre la economía argentina.
  2. Un equilibrio fiscal (no un aumento desbocado y atolondrado del gasto público que pueda empujar aún más hacia arriba de la ya altísima inflación heredada del macrismo, sino un reordenamiento interno de este gasto a favor de los más humildes más aumento de las retenciones a los grandes sojeros) que le permita generar algún tipo de excedente en pesos destinado a comprar divisas generadas por un nuevo perfil exportador del país para hacer frente al pago de la deuda ya “reestructurada” y convertida en “sostenible”.

Es decir, un rápido arreglo de la deuda iba a traer al gobierno el oxígeno necesario para aplicar políticas macroeconómicas que permitieran devolverles poder adquisitivo a los argentinos. Un acuerdo con el “mundo financiero” permitiría condiciones estables para hacer crecer el “mundo de la producción y el trabajo”, el mundo de “la economía real”.

Pero con el Coronavirus cambió todo. Las prioridades, las condiciones, todo ¿Ahora quién te va a venir a cobrar? ¿Qué legitimidad va a tener un bonista rapaz – acaso buitre- en un mundo que se desploma y genera miles de enfermos y pobres? ¿Qué importancia tiene que el riesgo país esté por las nubes? ¿Cuánto miedo nos genera la palabra “default”? ¡Si hasta el mismísimo FMI y Banco Mundial piden restructuraciones, moratorias y condonaciones![ii] Si no lo viera no lo creo, el mundo entero puesto patas pa’ arriba.

Dada la crisis económica global resulta obvio que no habrá perfil superexportador (exportar mucha soja o derivados) para conseguir la divisa necesaria para pagar la deuda, sencillamente porque no habrá facilidades en un mercado mundial totalmente recesivo. ¿y el siempre tan preciado “equilibrio fiscal” qué importancia tiene ahora que se necesita más que nunca una ayuda económica a todos los sectores golpeados por la crisis sanitaria y económica?

¿Acaso no está legitimado ahora hacer uso de “la maquinita” para apuntalar la demanda? Si hasta Estados Unidos implementará una suerte de AUH para no desamparar a los de más abajo.

¿Y si en Argentina en vez de buscar un equilibrio fiscal que permita apropiarse de un excedente en pesos destinados a comprar dólares y pagar la deuda; se gobierna a déficit con un altísimo gasto público para que la población tenga un acceso mínimo a servicios, salud y comida?

Estamos en economía de guerra, las medidas son excepcionales, pero todo vale.

Suele repetirse el cliché de que cada crisis es en verdad una oportunidad. Esta vez esa frase tiene algo de sentido. Es un momento histórico donde están dándose algunas condiciones favorables a una “desconexión” (en términos de Samir Amin) que le permita a la Argentina retomar la senda del desarrollo soberano con justicia social. Las grandes potencias están distraídas resolviendo los problemas que le explotan en terreno propio por el ejército invisible del Coronavirus y, después de mucho tiempo, aflojan sus tentáculos de dominación sobre el mundo colonial y semicolonial. En mi humilde opinión, la última vez que sucedió algo similar a esto en nuestro país fue en 1943.

El presidente tiene aproximadamente el 90 % de apoyo popular[iii], y en sus manos han confiado los argentinos el timón. La crítica situación y el buen manejo demostrado hasta ahora le otorgan crédito para tomar medidas que de un volantazo permitan no solo defendernos a los argentinos de la pandemia sino también salir del pozo en nos encontramos subsumidos como país desde hace ya mucho tiempo.

 

[i] https://www.clarin.com/mundo/coronavirus-unidos-registrar-pico-muertes-nueva-york-anunciaron-confiscaran-respiradores-clinicas-privadas_0_XLWw8n6uW.html

[ii]https://www.infobae.com/america/mundo/2020/03/25/el-fmi-y-el-banco-mundial-pidieron-la-suspension-de-pagos-de-deuda-de-los-paises-mas-pobres-del-mundo/

[iii]https://www.cronista.com/economiapolitica/Coronavirus-y-la-gestion-de-Alberto-Fernandez-que-dicen-las-encuestas-20200326-0043.html

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