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Ante el ajuste de Cambiemos unidad obrero estudiantil

Aires de mayo inspira este marzo de 2017. ¿Francés? Señalaría un progre con vicios cosmopolitas. Argento, preferimos nosotros. Nos huele a Cordobazo. Es que con el paro del próximo 7 de marzo en ciernes, vemos acelerarse aquel acercamiento entre los sectores asalariados que sufren a flor de piel los costos del ajuste, y los estudiantes universitarios (muchos de los cuales votaron a Macri y a Cornejo), quienes prometen asistir a la movilización conjuntamente con los trabajadores. Parte de los sectores más dinámicos de la pequeña burguesía, aunque no la única. La mediana y pequeña empresa también rechazan la política nacional de Cambiemos.

Desde Revista Universitaria celebramos la reunión realizada por el Centro de Estudiantes de la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales de la UNCuyo con representantes gremiales de varios de los sindicatos más importantes de la provincia. Este hecho político reviste un fuerte carácter simbólico en alusión no solo a los eventos que podrán sucederse en los próximos meses, con estudiantes y asalariados marchando conjuntamente en contra de las medidas antipopulares de Macri y su acólito Cornejo; sino también pretendiendo retomar una tradición histórica del movimiento nacional en uno de sus momentos más lúcidos.

Y remarcamos esto último: la necesidad de nuclear a todos los sectores del campo nacional bajo un programa político contrapuesto al del gobierno de la CEOcracia, análogo al formulado por la CGT y las 62 Organizaciones a fines los 50´ y principios de los 60 en Córdoba, tales y como fueron los programas de La Falda y de Huerta Grande. En ellos, la nacionalización de los resortes básicos de la economía, el control de capitales, la defensa del poder adquisitivo del salario, una estrecha relación política y comercial con los países latinoamericanos, entre otras medidas de nacionalismo económico, justicia social y soberanía política; fueron la contra reacción ideológica de la clase trabajadora organizada en sindicatos ante los gobiernos oligárquicos que devastaron el Estado peronista durante los 18 años de proscripción.

Una clase trabajadora que no solo constituía la columna vertebral del movimiento, sino además el cerebro que despertaba los estímulos que movilizaban a todo el cuerpo con consignas tan claras. Estudiantes por su parte, que hasta no hacía muchos años, integraban los comandos civiles que atentaban contra los sindicatos en épocas del golpe a Perón, quedaban varados del otro lado de la brecha entre los capitales foráneos aliados a la oligarquía terrateniente, y las capas populares de nuestro país. Este enfrentamiento explotó con violentas puebladas a lo largo y ancho del país, con universitarios y trabajadores unidos por el espanto. Pocos años luego, motivados en este caso por la esperanza, concurrirían en masa a las urnas para votar a Perón.

No quiera decir esta brevísima reseña histórica que se esperan movilizaciones de tal magnitud para este próximo martes. Pero un creciente proceso de descontento generalizado con este gobierno impera en nuestro país y allana el camino, inclusive en aquellos sitios como la Universidad argentina, donde el radicalismo juega de local. Aún cuando Franja Morada, renovada en Juventud del PRO, funcione como el brazo populista de Cambiemos y se encargue de cuidarles las espaldas, se los lleva puesto el solo rugir del subsuelo de la patria con la sublevación en ciernes.

Lo que Cornejo o Vidal se empeñan en sectorizar y menospreciar como un simple reclamo salarial, es en realidad la discusión acerca de la propiedad concentrada en pocas manos en la Argentina. El salario, remuneración dada al trabajador por su fuerza de trabajo, que se impone por debajo de la inflación estimada, ensancha los márgenes de ganancias de los principales productores de bienes y servicios en nuestro país (concentrados y extranjeros), si sabemos que la fuente de sus beneficios en la diferencia entre el salario que le abonan a sus trabajadores y el precio que imponen a sus mercancías en el mercado. Esto denota la clara transferencia de recursos de los sectores asalariados a los sectores dominantes de la economía.

En el caso del empleo estatal, funciona de la misma manera. Los recursos que ahorra el Estado al no pagar sueldos que se ajusten a la inflación imperante,  son utilizados para cubrir el déficit fiscal que genera la quita de presiones tributarias a los sectores concentrados de la economía o para mantener a raya el pago de las comisiones e intereses de la deuda externa.

Además el decretazo salarial y la negativa a una paritaria nacional docente (medida ilegal que contradice una ley sancionada hace unos años), ignora, o al menos intenta dejar en el pasado una larga tradición de discusiones paritarias y convenios colectivos inauguradas por el peronismo que permiten a los trabajadores discutir un importante rasgo de la política económica de un país. El mensaje es claro, quienes ejercen el poder hoy en el Estado no son los asalariados sino lo que se benefician con la reducción de los costos laborales y la desregulación de las grandes riquezas.

La Redacción de esta revista posee una postura clara ante este gobierno. No son sus errores los que nos preocupan sino más bien sus aciertos; aciertos que en clara consonancia con una política de transferencia de la renta nacional al exterior son una serie de golpes devastadores para el pueblo argentino. Por eso creemos que la paulatina toma de conciencia que pueden estar tomando los sectores vinculados a la Universidad de estos hechos y que los alinee detrás de las banderas de la clase trabajadora, puede anticipar la insurrección popular que le ponga freno al gobierno de los CEÓcratas.

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