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Bolivia: Evo y Alberto, los candidatos de la Integración

Impedido de acceder a su franja litoral luego de la guerra con Chile en el siglo XIX, la política externa de Bolivia se vio signada por el problema de su insularidad geográfica. Fue un largo camino de tratados y acuerdos multilaterales de comercio el que hubo de andar “el corazón de América” en busca de resolver esa condición, hasta terminar incorporándose (no como miembro pleno) al Mercosur en el 2015. Su ingreso fue marcado por un auge de este bloque, y un notorio carácter político de parte del presidente Evo Morales.

En el Mercosur, Bolivia no encuentra ventajas u obstáculos significativos para su principal materia prima, los hidrocarburos, ya que no se ven incluidas en las pautas arancelarias y los mismos podrían seguir comercializándose indistintamente por fuera de dicho bloque. Pero uno de los provechos más relevantes es, sin dudas, la integración extra comercial que le brinda el bloque y la capacidad de negociar en conjunto.

Lo que el propio mercado interno boliviano y sus condiciones históricas no le permiten por el momento son, ante todo productos manufacturados de mayor tecnología.(1) Obtener estos bienes, ya sea porque se los brindan miembros intrabloque o porque ingresan gracias a ellos, es determinante para la continuidad del crecimiento que atraviesa Bolivia, en donde el bajo desarrollo industrial de las exportaciones pone coto a su expansión económica y el desarrollo de su mercado interno.

Pero como la base de la integración es la política, la continuidad y la dirección del Mercosur esta signada por la orientación que determinen los países miembros con respecto a la región y al bloque en sí (2). En estos momentos, se cierne sobre el mercado mundial una incertidumbre del sistema multilateral de comercio por la disputa China-EE.UU., y un fuerte avance de los intereses norteamericanos sobre la región de América Latina. En éste contexto, la consecución de la integración es de importancia geopolítica inestimable.

Sin embargo, la dirección encarada por los principales gobiernos del cono sur es contraria, y llevan hoy adelante un proceso de desintegración regional, que no es más que la política acorde a los intereses de Estados Unidos. Bolivia, atrapada ahora no solo en la insularidad geográfica, sino también en la insularidad política, tiene en Alberto Fernández y la victoria del Frente de Todos en las próximas elecciones argentinas un aliado estratégico. Una suerte de candidato de la Integración. (3)

Por ejemplo, uno de los temas centrales en materia bilateral es el litio, el cual Bolivia desarrolló significativamente a nivel mundial y que Argentina esta por comenzar a tratar, sobre todo en los salares de Catamarca, Jujuy y Salta. Y es que en esta región de América latina se concentra aproximadamente el 85% de todo el litio disponible del planeta (4). Actuar de forma compartida en la extracción y comercialización internacional de uno de los componentes más decisivos y requeridos por el desarrollo tecnológico mundial, puede marcar la diferencia para la región y volverse decisivo en el porvenir a mediano y largo plazo.

La “integración al mundo” no es el problema en sí. El dilema reside en los términos que se da tal vinculación. O lo hacemos en forma aislada e individual, de manera subordinada, o conformamos un bloque política y comercial que busque generar un mercado en común, acompañado de una complementación económica, que esté dispuesto a buscar de manera soberana por fuera de quienes lo integran aquello que no pueden brindarse sus propios miembros. Los inicios del Siglo XX nos encuentran separados y dominados. Es menester del pueblo latinoamericano y de sus dirigentes que sorprendamos al medio siglo unidos y emancipados.

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