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Bolsonaro no viene, lo mandan

La noticia en todos lados es que el presidente del vecino país, Jair Bolsonaro ha venido a nuestro país. Dos temas importantes lo traen por estas pampas: La campaña de Cambiemos y Venezuela. Que es, realmente, un solo y único tema: el de los intereses norteamericanos en su supuesto patio trasero.

Serán los coletazos de la crisis que azoró primero a Norteamérica y luego al resto del mundo hace mas de diez años. Es que las consecuencias del quiebre de la Lehman Bro. puso al país del norte en una posición más débil de lo que tenía hasta antes del 2008. Antes, allá por el comienzo del nuevo milenio Bush hijo trazaba la raya entre los buenos y los malos y, como excusa, ponía al “terrorismo”. Con su poder, le puso el tono a las guerras “por partes” que se viven en el medio oriente y parte de Europa. Todos los que estaban con Irán, el “estado terrorista”, eran (eramos) los malos. Los del otro lado, cómo no, los buenos. Pero el poder es, en una parte no despreciable, capacidad para fundir a tu enemigo: con balas o económicamente, o ambas. Y el 2008 hizo ver una parte del Rey, desnudo. China y Rusia pasaron del BRICS a ser China y Rusia. Es decir, los malos. Hoy la guerra es comercial y tiene como armas fundamentales los impuestos y las de siempre, “hoy las guerras se libran cada vez con mayor frecuencia con artefactos distintos de los convencionales: ataques informáticos, pulsos electromagnéticos teledirigidos, propaganda, terrorismo mediático, sanciones económicas, presiones diplomáticas, nanotecnología y robótica aplicadas al campo militar”.

Esas armas señaladas por el politólogo Atilio Borón pusieron (con algunas ayudas, para no ser reduccionistas) dos presidentes: Bolsonaro y Macri. Macri es un fiel representante del sector financiero y a la postre uno de los muy pocos a los que le ha ido mas que bien en este gobierno. Lo acompañan los demás sectores concentrados (grandes cadenas de supermercados, sectores agroexportadores y empresas vinculadas con la energía) que son lo mismos que ocupan un lugar en el gabinete. Bolsonaro es una rara avis del experimento latinoamericano: un tipo del Ejército y la política parlamentaria (dos cosas que han sido oportunamente silenciadas) con una apoyatura del sector financiero y un blindaje mediático paralelo al del pre(cin)dente argentino. Paulo Guedes es su mejor expresión: un Chicago Boy que llegó para vehiculizar el saqueo que no logró hacer con éxito Temer. Ahora tienen el ejército.

Foto: Adrian Escandar

“Queremos lo mejor para nuestros pueblos, toda América del Sur está preocupada en que no haya nuevas Venezuelas en la región”. (J. Bolsonaro)

Ha venido a nuestro país un Bolsonaro, que es el peor, el que puso a Guedes, es decir, a EEUU y, mas precisamente, su sector financiero. Pero no el único. Porque el imperialismo norteamericano no es solo su expresión económica es, ademas, su geopolítica, con los recursos dentro, con la mano de obra barata, con el agua y, ahora más que nunca, su capacidad de compra y endeudamiento. Estos dos conceptos los hallo centrales porque el tandem industrial-militar-inmobiliario-financiero que preside (pero no maneja en su totalidad) D. Trump necesita de países a quienes: a) prestarle dinero, b) prestarle dinero para construir cosas con empresas amigas, c) comprarle lo que no reciba de China y, a su vez, que no sea socio de China, d) venderle tecnología, sobretodo comunicación, material pedagógico y armas. De allí su preocupación por estos dos asuntos: Venezuela, por su enorme recurso petrolero, por su proximidad, por su posición central en el subcontinente, con salida al mar y por su ejemplo de resistencia popular. Tiene el capital simbólico y el material, dicho de otro modo, y por eso piden la “intervención extrajera” (guiño, guiño). Y Argentina, por razones similares pero muy puntualmente por su proyección hacia Vaca Muerta, Malvinas y la Antártida, además de la producción de alimentos. Si había formado parte del “tercer mundo”, “no alineado”, o “neutrales” en las distintas guerras, el secreto es que no dé el mismo ejemplo en esta -comercial-, “por las buenas, o por las Bullrich”.

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