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Sobre “Calibán y la Bruja” de Silvia Federici y la emancipación de la mujer en América Latina: coincidencias y diferencias

De lectura obligatoria para quién quiera comprender la dominación que ha sufrido históricamente la mujer, “Calibán y la Bruja” utiliza categorías provenientes del marxismo para analizar la naturaleza de la opresión patriarcal que subyuga a la mujer bajo el capitalismo, desde su surgimiento hasta su consolidación.

Tomando el nombre de la mítica obra de Shakespeare “La Tempestad” Silvia Federici traza una analogía con algunos de sus personajes pero con un sentido diferente. Mientras que en la obra teatral Calibán es un esclavo deforme y bárbaro que personifica los sentimientos más pedestres e impuros, en el libro de Federici representa el rebelde anticolonial símbolo del proletariado mundial1. La Bruja llamada Sycorax, madre de la bestia Calibán, tiene un papel secundario en la obra, casi imperceptible. En cambio es principal para Federici, no solo porque representa la mujer rebelde dueña de su propio destino sino también porque es el eje central de la tesis del libro: La explotación de la mujer en general, y la caza de brujas en los siglos XVI y XVII en particular fueron esenciales para que se diera el proceso de acumulación primitiva que permitió el surgimiento del sistema capitalista.

De Marx a Sycorax

Federici advierte que Marx conceptualiza sobre el surgimiento del capitalismo y lo explica a través de la acumulación primitiva entendida como un proceso fundacional que revela las condiciones estructurales que hicieron posible su surgimiento y desarrollo. En el capítulo 24 de “El Capital” Marx explica que el origen de esta acumulación primitiva se funda “…En la violencia, la conquista, la servidumbre, el robo a mano armada y la fuerza bruta…” y que “… La llamada acumulación originaria no es más que el proceso histórico de disociación entre el productor y los medios de producción…”2.

Así las cosas, la estructura económica de la sociedad capitalista brotó de la estructura económica de la sociedad feudal en descomposición. Sin embargo Marx analiza este proceso de conversión de la explotación feudal en explotación capitalista desde el punto de vista del proletariado masculino europeo. Reconoce como principales causas:

a) La expropiación de la tierra a gran parte del campesinado europeo y la consecuente formación de un proletario independiente que al no tener propiedad de los medios de producción solo poseía su fuerza de trabajo para vender.

b) La conquista de América y el mundo colonial, el saqueo de sus recursos y la explotación esclavista y semi-esclavista. En palabras de Marx “…El descubrimiento de las comarcas auríferas y argentíferas en América, el exterminio, esclavización y soterramiento en las minas de la población aborigen, la conquista y saqueo de las Indias Orientales, la transformación de África en un coto reservado para la caza comercial de pieles-negras constituyen factores fundamentales para la acumulación primitiva…”3

Federici agrega:

a) El desarrollo de una nueva división sexual del trabajo que somete el trabajo femenino y la función reproductiva de las mujeres a la reproducción de la fuerza de trabajo

b) La construcción de un nuevo orden patriarcal, basado en la exclusión de las mujeres del trabajo asalariado.

c) La transformación del cuerpo de la mujer en una máquina de producción de nuevos trabajadores, vale decir, el cuerpo como instrumento para la reproducción del trabajo y la fuerza del trabajo poniendo la procreación al servicio de la acumulación capitalista.

d) La persecución y asesinato de las brujas en Europa y en América Latina

Capitalismo, Estado y caza de brujas en Europa

Como vimos anteriormente Federici le asigna una importancia fundamental a la cacería de brujas que se llevó adelante en los siglos XVI y XVII. A raíz de distintas investigaciones se estima que cerca de 200.000 mujeres fueron acusadas de brujería y 100.000 fueron brutalmente asesinadas en Europa. Si bien no había plena igualdad con los hombres, la mujer tenía un papel de relativo poder en la sociedad feudal en el manejo comunal de la tierra y la economía familiar y sobre todo en los movimientos heréticos (de herejes) que se oponían al régimen feudal. Fue así que varias de las sublevaciones campesinas fueron encabezadas por mujeres o tuvieron una fuerte participación de estas.

Las “brujas” en realidad eran mujeres que tenían conocimientos milenarios en el manejo de la medicina sobre todo en lo referido a la sexualidad y la reproducción (brebajes, uso de hierbas y otras técnicas tanto como para aumentar la fertilidad, mejorar los partos, o para no quedar embarazadas, o abortar por ejemplo).

Según Federici el desarrollo del capitalismo y la conformación del Estado moderno en Europa determinó la derrota de los movimientos heréticos anti-feudales y anti-capitalistas. Además se aplicó una política sexual desde el Estado, en convivencia con la Iglesia, de promoción de la prostitución y legitimación de las violaciones hacia mujeres; sumado a la persecución contra aquellas (las brujas) que no se amoldaban a la moral establecida y tenían algún tipo de control sobre ellas mismas. Ante el surgimiento de un nuevo modo de producción (el capitalismo) se hacía necesario garantizar la reproducción de la fuerza de trabajo, es así que (según Federici) ”…el Estado se convirtió en el gestor supremo de las relaciones de clase y en el supervisor de la reproducción de la fuerza de trabajo, regulando la procreación y quebrando el control de las mujeres sobre la reproducción y sobre sus cuerpos…”4. La primer “máquina” desarrollada por el capitalismo fue entonces el cuerpo del ser humano y particularmente el de la mujer, antes incluso que la máquina a vapor.

Además se creó un prototipo de mujer obediente y domesticada forjada al calor de la hoguera donde miles eran quemadas para que otras millones aceptaran toda una vida de sumisión.

En síntesis, “…la caza de brujas fue un ataque a la resistencia que las mujeres opusieron a la difusión de las relaciones capitalistas y al poder que habían obtenido en virtud de su sexualidad, su control sobre la reproducción y su capacidad de curar. Así se construyó un orden patriarcal en el que los cuerpos de las mujeres, su trabajo, sus poderes sexuales y reproductivos fueron colocados bajo el control del Estado y transformados en recursos económicos…”5

De la postura anti-capitalista de Federici es que se desprende su concepción anti-estado en todo su planteo que luego criticaremos no por su rigor teórico, sino por su posible mala interpretación y aplicación en un feminismo situado en el conflicto latinoamericano. Nuestra crítica no es al planteo de Federici en sí, sino a quienes “copiando y pegando” trasladen sus ideas y categorías a la realidad semicolonial latinoamericana sin hacer algunas salvedades.

¿Y en América Latina?

Según Jorge Abelardo Ramos “…El Estado Nacional en Europa debía asentarse sobre un territorio común. Sus habitantes ligados entre sí por una tradición cultural análoga se relacionaban por una lengua común y una “psicología nacional” elaborado por un largo período de convivencia. Esa comunidad, entrelazada por territorio, lengua, tradición cultural –particularmente religiosa– encontraba su fundamento dinámico para constituir su Estado Nacional en un desarrollo previo de relaciones capitalistas de producción…” “…El Estado Nacional, preparado por el absolutismo, con frecuencia instaurado por enérgicas revoluciones, o por guerras nacionales, daba paso al progreso general y facilitaba un amplio desarrollo del capitalismo…”6

Vale decir que en Europa el surgimiento y consolidación del capitalismo y la conformación del Estado Nación se fue dando concomitantemente, potenciándose uno con el desarrollo del otro, y viceversa. Se hace imposible identificar la delgada línea entre un proceso y otro. No está demás aclarar que este proceso tardó siglos en desarrollarse y que no se dio de igual modo en Inglaterra y Francia que en España o Italia por ejemplo.

Es en este sentido que el planteo de Federici de identificar al Estado como colaborador de un patriarcado capitalista o un capitalismo patriarcal es sumamente lógico. De allí su feminismo anti-estado.

Pero en América Latina la historia fue totalmente diferente. Los Estados-Países se terminaron de conformar en el último tercio del siglo XIX y no sobre la base de una cultura, idioma, idiosincrasia y territorio común sino alrededor de las ciudades-puertos que tenían una dependencia comercial y cultural con Europa. Fue así que una sola Nación, Latinoamérica, fue disgregada en 20 estados.

El saqueo y colonialismo aplicado por Europa sobre el Nuevo Mundo impidió la acumulación de capital (nuestro oro, plata y demás recursos estaban siendo “acumulados” en Inglaterra, Holanda y Francia) y el desarrollo capitalista “a la europea”. Luego, la formación de oligarquías exportadoras de materias primas y de burguesías comerciales portuarias vinculadas a las metrópolis industriales europeas obstaculizaron nuestro progreso y nos condenaron a ser los “países granja” de los “países taller”.

Más tarde, finalizando el siglo XIX y entrado el XX, el Imperialismo (el capitalismo en su fase ulterior*) nos succiona la renta nacional a través de sus grandes empresas transnacionales y nos oprime con el látigo de la deuda externa y las recomendaciones del FMI.

¿Cómo salir de este embrollo? ¿Cómo terminar con esta dominación y dependencia? El fortalecimiento del Estado como regulador social que redistribuya la riqueza y lime las injusticias sociales; y la integración de la Nación Latinoamericana que refuerce los lazos de hermandad entre los pueblos para enfrentar el imperialismo parece ser parte de la respuesta.

Así se entiende que plantear un feminismo anti-estado en América Latina es prácticamente suicida. A Federici, su lucha antipatriarcal-capitalista euronorteamericana (recordemos que ella es ítalo-estadounidense) la lleva a decir que “…no podemos tomar el Estado, no podemos tomar la industria, la ciencia o la tecnología porque los objetivos de explotación para los que fueron creadas determinan su constitución y modo de funcionamiento…”7. Sucede que en Nuestra América no hay Estado (nos referimos a Estado-Nación) y por lo tanto no hay industria, ciencia o tecnología suficiente.

Federici, quizás sin quererlo, termina siendo presa de un planteo eurocéntrico. Lo que falta en Latinoamérica es, justamente, Estado-Nación. He aquí la mayor diferencia de su planteo con el nuestro.

El feminismo, en su búsqueda de la emancipación y la igualdad social, no puede desatender la realidad latinoamericana y su situación semicolonial. Es así que, situado en el conflicto que atraviesa América Latina, lejos de plantear un anti-estatismo suicida se debe promover la participación femenina en la lucha política y en la toma del poder del Estado. El Estado es la mejor arma que tenemos los latinoamericanos y latinoamericanas para lograr una sociedad más justa y la actividad política la fuerza motriz para blandir ese arma.

Sin embargo, a pesar de la diferencia anteriormente planteada, hay una feliz y fundamental coincidencia. Federici considera al feminismo como un movimiento de liberación y de cambio social, no solo para las mujeres sino para toda la sociedad, y lo expresa magníficamente en el título de su obra. Somos los calibanes y las brujas, los hombres y mujeres oprimidos del mundo, quienes en conjunto podemos transformar nuestra realidad en una donde seamos socialmente iguales, humanamente diferentes y totalmente libres8. Consideramos que tiene que ser en el marco de la liberación nacional, entendiendo como Nación a toda nuestra América Morena. Así quizás, algún día, nos atrevamos a plantear esta justa lucha sin la necesidad de recurrir metafóricamente a Shakespeare; sino a partir de reconocer en los ojos de nuestros hermanos y nuestras hermanas el dolor propio y ajeno, y así producir nuestras propias metáforas, nuestras propias categorías y nuestras propias soluciones.

Fuentes

1 – “Calibán y la Bruja”, Silvia Federici.

2– “El Capital”, Carlos Marx.

3- Ibídem.

4 – “Caliban y la Bruja”, Silvia Federici.

5– Ibídem.

6– “Historia de la Nación Latinoamericana”, Jorge Abelardo Ramos.

7- Marx, el feminismo y la construcción de los comunes en “El patriarcado del salario”, Silvia Federici.

8– Frase atribuida a Rosa Luxemburgo.

*Consideramos que hay una errada traducción de la obra de Lenin “Imperialismo, fase superior del capitalismo” ya que tanto para Lenin como para nosotros el Imperialismo no tiene una connotación positiva o de progreso sino más bien todo lo contrario. Es por eso que consideramos conveniente caracterizarlo como una fase posterior o ulterior del capitalismo.

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