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Cornejo también se perdió con el Mendotran

Por Marcelo Zenetil

Alfredo Cornejo transita los días más complicados desde que está al frente del Gobierno y también los de mayor riesgo para la continuidad de su proyecto político. Todo por Mendotran. Si logra calmar los reclamos, podrá respirar aliviado. Pero si los usuarios de micros no perciben una mejora real, el camino hacia las elecciones para el oficialismo será cuesta arriba.

El nuevo sistema de transporte ha generado enojo y hasta furia entre los mendocinos como nunca antes lo hizo ninguna de sus reformas. Acostumbrado a un apoyo popular “pasivo”, como el que ofrecen las encuestas, de pronto el Gobernador terminó apuntado por las críticas.

Es cierto que ha debido afrontar otros reveses en los últimos tres años, no muchos, pero en general fueron lo que acostumbramos a calificar como “derrotas políticas”. Integran esa corta lista la frustrada reforma constitucional con reelección incluida que no llegó a presentar; la ampliación de la Suprema Corte de siete a nueve miembros, que aún espera en la Legislatura los votos que nunca pudo juntar, y si se quiere hasta los cambios a la ley antiminera, que impulsaba un sector del PJ y que él acompañaba con callado entusiasmo.

Pero hasta ahora ninguna de sus decisiones había afectado inmediata y sensiblemente la vida de tantas personas ni había logrado unificar las críticas. El ítem Aula, por ejemplo, fue rechazado por el grueso de los docentes y los gremios estatales, pero a la vez fue apoyado por una mayoría silenciosa de mendocinos.

Esta vez, el rechazo trasciende a un sindicato y atraviesa varias capas sociales. En los micros viajan las clases baja, media baja y media, pero también los hijos de la media alta, que no siempre tienen a sus padres dispuestos a llevarlos en auto adonde quieran.

Todos ellos conforman el tercio de los habitantes del Gran Mendoza que a diario usan el transporte público.

Demasiada gente, demasiados votos y poco margen para maniobrar.

Hace algo más de un mes, ya hubo otro plan oficial que despertó más críticas que apoyos: el inicio de clases el 18 de febrero para completar 190 días en el año. La reacción contraria fue tal que se decidió dar marcha atrás rápidamente y el reconocimiento del error fue bien visto.

En el caso del Mendotran es distinto. No se trata de una idea tirada al aire. Lleva dos años de estudio y preparación. Por eso la pregunta que recorre una y otra vez las cabezas oficiales es ¿qué salió mal?

Tal vez lo que más sorprende es que haya habido dos traspiés del Gobierno tan seguidos, algo más típico de la gestión nacional de Mauricio Macri, que ha vivido a prueba y error. Es como si Cornejo hubiera perdido “el toque” que lo diferenciaba y el desgaste por el tiempo transcurrido esté influyendo más de lo que se cree. Ningún equipo puede jugar concentrado los 90 minutos.

El propio Cornejo ha dicho públicamente que el cambio que se venía no lo dejaba dormir.

De hecho, el 1° de enero, tras seis días de vacaciones, regresó apurado de Chile para estar en el arranque.

Pero en la previa del estreno, el Gobierno no pareció poner el énfasis adecuado en la profundidad de los cambios para alertar a todos los usuarios sobre la necesidad de informarse.

Se confió excesivamente en la comunicación a través de redes y en el uso de la tecnología, pero no bastó. Lo cierto es que muchos terminaron de entender qué micros debían tomar cuando recibieron la revista con los nuevos recorridos.

El problema fue  que ya estaba en marcha el Mendotran y que no sabían dónde subirse.

Tal vez si las revistas hubieran llegado antes a los pasajeros, se habría evitado el caos de los primeros días. Así como se hubieran ahorrado  reproches si el viaje gratuito regía desde el primer minuto y dejaba el aumento a 18 pesos para cuando ya estuviera asentado.

Quizás sea pronto para juzgar si el Mendotran es positivo o negativo, habrá que dejarlo correr unos días más, que las frecuencias se acomoden, que los recorridos que se sumarán desde mañana acerquen al Centro a quienes habían quedado aislados y que los choferes terminen de conocer su camino, porque así como algunos ayudaron a los pasajeros ,otros parecieron agitarlos.

El miedo al cambio es intrínseco al ser humano y los usuarios de colectivos pasaron los primeros tres días experimentando la misma sensación que uno tiene cuando se sube al micro equivocado y empieza a recorrer calles desconocidas.

Por eso, el Gobierno debe estar preparado para no conformar a todos. Así como se queja el que antes se tomaba el micro en la puerta de su casa y ya no lo puede hacer, también se queja el que antes debía caminar y ahora tiene un recorrido por su calle que lo despierta de la siesta.

El anterior sistema estaba lejos de ser bueno y nadie estaba conforme con las frecuencias, el estado de las unidades y los recorridos, pero en este caso parece aplicar aquel viejo refrán que dice que “es mejor malo conocido que bueno por conocer”.

Cornejo asumió un gran riesgo  cuando, en la larga transición de 2015, le pidió a su antecesor, Paco Pérez, que frenara la nueva concesión de transporte. En aquel momento, la adjudicación se vencía y el anterior gobierno, que parecía encaminado a renovarla sin mayores cambios, no opuso resistencia al pedido del radical.
Igual, el oficialismo no puede seguir usando como argumento de su defensa todo lo que el peronismo no hizo o hizo mal. Así como el peronismo no puede hacerse el desentendido y olvidar que sus gestiones legitimaron a estos empresarios y no los controlaron. De hecho, un ex ministro de Jaque es hoy su vocero.

De cómo termine esta crisis, la mayor que debió enfrentar, dependen en buena medida las chances electorales oficialistas. Si el cambio termina convenciendo, entonces Cornejo podrá pensar en su sucesor y sus opositores internos en candidatearse. Pero un gran traspié será usado por toda la oposición, en particular el peronismo, como principal eje de campaña. El daño puede ser grande.


Los Andes

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