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Coronavirus y Economía ¿Se complican los planes del gobierno?

Se estima que los efectos de la pandemia del coronavirus sobre la economía mundial, se asemejen o superen los del estallido financiero del 2008. Tanto es así, que sus consecuencias económicas serán más contagiosas y profundas que los efectos probables que tenga sobre la salud humana a largo plazo.

Para una economía en estado crítico como la nuestra, esto puede significar un golpe fatal ¿Por qué y cómo impacta el coronavirus en nuestras posibilidades de sortear la crisis? ¿Cómo condiciona el programa económico del gobierno fundando en la premisa “pagar primero para crecer después”?

Dividamos para una mejor comprensión, el análisis de los efectos locales e internacionales de esta situación. Distinción hecha con fines meramente explicativos, son dos caras de una misma moneda y se retroalimentan permanentemente.

Son bien sabidas las consecuencias de la cuarentena sobre el consumo y el ingreso de las “empresas”. Esto repercute sobre el sector público con una menor recaudación, y sobre el sector privado con recortes a los gastos corrientes (vía despidos, reducción de jornadas laborales, etc.) y menor inversión. La ejecución de gastos del Estado es más ajustada y las transferencias hacia el sector privado son reducidas, afectando nuevamente el consumo y reproduciendo este círculo recesivo de la economía.

Esta breve síntesis que corresponde al análisis de la economía particular de un cualquier país, tiene una correlación directa sobre el conjunto de las economías de otros países. Sobre este punto podemos diferenciar entre un aspecto comercial y otro financiero.

Que la pandemia haya afectado severamente a las primeras economías del mundo, tal como son China, EEUU y la Unión Europea, no es un dato menor para los países de América Latina, proveedores de materias primas y con economías con escaso valor agregado. Si la producción industrial de las principales potencias se achica, la demanda y el precio de los commodities, cae y se reduce el ingreso de divisas.

A su vez, esto lleva a una enorme sangría de capitales consecuencia del abandono por parte de los especuladores financieros, de los activos de riesgo de los países emergentes (acciones o bonos de deuda) para refugiarse en activos de riesgo nulo, como son los bonos de deuda estadounidense. “Vuelo hacia la calidad” le llaman los economistas de la city porteña. Se calcula que, desde principio de año, unos u$s 60.000 millones se transfirieron desde los países emergentes a las economías de países centrales, la mayor transferencia de recursos en menor tiempo desde el crack de 2008[1]. En Argentina, los efectos de este masivo movimiento de capitales han estado a la vista: brutal crecimiento del riesgo país y desplome del valor de los bonos de deuda soberanos.

Si con la profundidad de la crisis económica y el calamitoso estado de las cuentas públicas heredadas de cuatro años de macrismo, el panorama era al menos desalentador, el gobierno deberá ahora sortear la tormenta perfecta en un navío en pésimas condiciones.

Existen, sin embargo, algunos indicios positivos. Mientras que el FMI ha reconocido la insolvencia de la deuda argentina, instando a los acreedores a reestructurar sus bonos, el Banco Mundial ha solicitado la suspensión del pago de la deuda de los países subdesarrollados[2]. Por otra parte, existen cada vez más voces disidentes provenientes de los centros del establishment económico, sobres las medidas que deben adoptar los gobiernos para atravesar esta crisis: una mayor intervención estatal mediante el impulso a la Demanda Agregada (es decir, al consumo, la inversión, etc.). Los instrumentos para tales fines, ante el horror de los gurúes económicos, son la emisión monetaria y el aumento del gasto público.

En consonancia con lo anterior, el anuncio del gobierno de Donald Trump de un paquete de estímulo fiscal de 2 billones de dólares ha revertido la brutal caída que las bolsas de valores de todo el globo venían experimentando durante las últimas semanas. Análogamente, Alberto Fernández ha anunciado bonos extraordinarios para beneficiarios de la seguridad social, monotributistas y trabajadores informales; alivios fiscales para las PyMES, créditos a tasas negativas, entre otras medidas.

Cualquier proyección futura sería poco sincera con el crítico y ambivalente panorama. Las negociaciones del ministro Guzmán con el FMI y los acreedores privados, aunque formalmente continúan, se han visto pausadas, supeditadas al curso que adopte la economía global ante la pandemia.

Pero aún en el más severo de los escenarios, el gobierno del Frente de Todos ha sostenido sus premisas claras. De esta hecatombe se sale empezando con los de abajo. En el largo camino de la reactivación económica no se puede dejar atrás a los más golpeados por la crisis.

 

[1] El costo económico de la pandemia. Página 12. 22/03/20

[2] Pese a que nuestro país no está incluido en ese listado de países, el dato pinta de cuerpo completo un cambio en las posiciones de los principales centros financieros a nivel global.

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