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CRECER PRIMERO, PAGAR DESPUÉS

“Ganar grados de libertad para la decisión nacional, puesto que a partir de esa medida, el país será otro: tendrá soberanía política e independencia económica”

Néstor Kirchner, luego del pago de la deuda al FMI

El mayor desafío para Alberto Fernández es el deordenar  y encender el motor de la economía para así sentar las bases del desarrollo nacional. Este objetivo jamás podrá realizarse si no se resuelve primero el principal problema macroeconómico, la DEUDA PÚBLICA.

La política económica de Cambiemos dejó una Deuda Pública (deudas contraídas por el Estado y sus instituciones) de 311.251 millones de dólares[1], equivalente a 91,6% de su PBI, deuda que se destinó a financiar  la transferencia de renta nacional al exterior (roll-over de deuda, fuga de capitales, etc.) en el marco de un mercado cambiario y de capitales desregulado.

Bancos y fondos de inversión internacionales prestaron miles de millones de dólares al gobierno nacional y a una decena de provincias en apenas dos años, cobrando una tasa del 7 al 10 por ciento anual, cuando el promedio era la mitad en otros países de la región.

Para impulsar el crecimiento argentino es necesario aumentar la recaudación y conseguir un superávit fiscal primario, para luego finalmente empezar a pagar la deuda. Crecer primero y pagar después.

 

¿PARA QUE EL SUPERÁVIT FISCAL?

Es un claro mensaje destinado al sistema financiero local e internacional y a los acreedores privados. Dado que la reestructuración de la deuda implica una merma en sus ganancias, es necesario darle ciertas “garantías de pago” para que accedan a esta propuesta. Al no percibir por 2 o 3 años capitales ni intereses, podría haber un excedente en las cuentas públicas que le permita al Estado garantizar la sustentabilidad de la deuda. Se debe a su vez presentar un plan de sostenibilidad en el tiempo que implica destinar una parte del presupuesto público para comprar las divisas y pagar a los acreedores del exterior.

Además, de lograrse no pagar los servicios (intereses y amortización del capital) de la deuda por dos años, permitiría utilizar esos recursos para acrecentar obra pública, vivienda, hospitales, escuelas, rutas, etc., incrementar las jubilaciones y pensiones e impulsar el mercado interno.

El monto que debe renegociarse es de unos 195.000 millones de dólares (57% del PIB), entre deuda con bonistas privados y con organismos bilaterales y multilaterales. La intención es que haya un recorte de los intereses del 50% y que no haya quita de capital. Con respecto a los plazos, el objetivo de Guzmán es que haya por lo menos dos años de gracia.

Frente a esto, las discusiones con el Fondo Monetario Internacional son fundamentales dado que sería la fórmula para despertar el interés de los acreedores privados a que también acepten estas condiciones.

¿HACIA DÓNDE VAMOS?

Esta política recién empieza. El proyecto de ley presentado hace apenas unas semanas para llevar a cabo la  “Restauración de la Sostenibilidad de la Deuda Pública Externa” tiene como principal objetivo obtener la aprobación parlamentaria del proceso de reestructuración bajo legislación extranjera que se hará en el corto plazo, antes del 31 de marzo.

En ese marco se están llevando a cabo reuniones entre Guzmán y la directora del Fondo Monetario Internacional (FMI), Kristalina Georgieva, para avanzar en la renegociación del préstamo de u$s44.000 millones que ese organismo le otorgó al país. Mientras, Alberto Fernández consigue el apoyo de los principales estados que componen el directorio del FMI. Veremos qué pasa.

Ya hay antecedentes en la historia  Argentina sobre  este asunto. Y así como con Nestor Kirchner, creemos que a partir de esa medida el país será otro.


Referencia:

[1]El endeudamiento macrista fue por tamaño e intensidad el más brutal desde que en la última dictadura cívica militar, se impusiera el modo de acumulación de  valorización financiera.

 

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