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“De Cristina espero gestos hacia la unidad”

Después de haber dedicado los últimos meses de 2018 a visitar el interior del país, Felipe Solá arrancó el año de recorrida en su distrito, la provincia de Buenos Aires. En pocos días pasó por cinco municipios de la costa y por muy poco no coincidió con Sergio Massa, Juan Manuel Urtubey y Daniel Scioli. “Sí, pero yo estoy menos de vacaciones que ellos”, responde mientras muestra su indumentaria poco playera: camisa, pantalón largo y zapatos. Unos metros más allá, la gente aprovecha el sábado a pleno sol y se zambulle en el mar de Varese, uno de los balnearios emblemáticos de Mar del Plata. También está aquí su compañera del bloque RedxArgentina, Victoria Donda. Solá promociona su candidatura presidencial pero, por sobre todo, la necesidad de la unidad para enfrentar al macrismo.

–¿Qué clima se encontró en esta visita?

–La gente está de vacaciones y te mira raro, tiene toda la razón. O no te da pelota o se quiere sacar una foto. Piensa un rato quién sos, en mi caso, y uno de los dos de la pareja dice “Solá”. Entonces me piden una foto. Salvo que tengan más de 45 años, entonces sí me reconocen. En general, lo que veo es una sensación de preocupación y de tristeza. Por eso digo que Macri les apagó la luz, es lo que ví. Estamos en la playa, es un día espléndido y hay que aprovechar. Pero tocaron muchos días feos, la gente camina y los chicos quieren consumir y la gente no puede. Hay una decadencia que se ve.

–¿La cuestión de la unidad opositora es un reclamo de la calle o es algo del microclima político?

–Las dos cosas. Los que son peronistas te paran y te dicen “qué esperan para unirse”. Si están indignados es más fuerte. Te dicen “sirvan para algo, les pagamos para que se unan”. Como diciendo “haganmela fácil”.

–En pocos días pasaron por aquí Urtubey, Massa, Roberto Lavagna que está de reuniones, se lanza Scioli. Los tiempos se acortan y la unidad no parece más cercana.

–En primer lugar, en cuanto avance la fecha van a avanzar también la pavura y el peligro. Fierro decía “no hay como el peligro para refrescar a un mamao”. En segundo lugar, hay dos tipos de reuniones: las que sirven y las que se hacen para la foto. Estamos hartos de las fotos. El “busco la foto con…”, es lo más lejano a lo necesario para pensar la unidad. Sobre todo con fotos que confunden a la gente muchas veces. Yo también me saqué fotos, pero hay que tratar de caminar en un solo sentido. Frente a la posibilidad de unirse, yo no voy a objetar a nadie salvo a la gente de Cambiemos.

–¿Cómo se entiende que el macrismo se mantenga competitivo con la crisis en la que está envuelta su gestión?

–Después de estos tres años de hacer daño el Gobierno es muy fuerte y poderoso porque todavía es competente electoralmente. Esa fuerza se deriva de una especie de noción de los argentinos de que ellos tienen el poder. En segundo lugar, una aceptación resignada de muchos argentinos de que el poder no necesariamente es popular. Que el poder es algo concentrado y que el poder popular está en retroceso. Un poco decir las cosas son así, que Donald Trump hace lo que quiere, que el poder está concentradísimo y que lo único que pueda hacer que no se desbarranque todo en la Argentina es el apoyo externo. Esa idea ha permeado en algún sector y está representada cabalmente por el PRO, y los radicales siguen ahí pegados porque les gusta el queso.

–¿Los que lo apoyan es gente que se resignó?

–Alguna gente. Están los fanáticos de Cambiemos que no vamos a poder cambiar, que será el 15 por ciento, y después hay otro 15 por ciento que está ahí que yo pienso que está en esa posición. Además, cierta prensa consiguió concentrar la corrupción en el gobierno anterior. La corrupción de este gobierno –que tiene que ver con el conflicto de intereses, con la compra y venta de activos relacionados con decisiones económicas, los aportes electorales, el haber nombrado a un sector del PRO en la Oficina Anticorrupción, el enriquecimiento ilícito de muchos y la mentira repetida– no figura. Se ha logrado que la corrupción sean los bolsos de José López, que es una corrupción insólita y mamarrachesca. Después de eso vienen todos los juicios, pero lo que no consiguieron fue que se consoliden esos juicios. Está por verse hasta dónde es lawfare, un ataque del Poder Judicial, y cuánto hay de cierto. La gente no lo sabe pero lo da por hecho. El rol de los medios ha sido muy importante. ¿Cuántas veces vimos esa máquina de contar billetes, la de la Rosadita? ¿Mil veces? Y del otro lado tampoco hubo una actitud de aclarar los tantos respecto a la corrupción por parte del gobierno anterior. Se lo considera todo un ataque político, y de vez en cuando hay que dar alguna explicación.

–¿Qué considera que debería hacer?

–Separar la paja del trigo. Decir “sí, en este caso está bien que se investigue y en este caso no”. La traición a la Patria por el acuerdo con Irán es una barbaridad, aunque piense que el acuerdo fue un error. Lo mismo que el dólar futuro, no es judiciable. Después hay todo un montón de causas que están estancadas, aunque tienen impacto político. Todos los días se las acicatea, se condena desde la televisión. Hay programas que son un Nuremberg nocturno cotidiano.

–En algún momento el dirigente Juan Grabois planteó la necesidad de una “purga” de la corrupción, lo que le valió críticas desde algún sector del kirchnerismo. ¿Coincide con su visión?

–Lo de Grabois fue un poco teórico respecto a cómo es la política, aunque eso no quiere decir que uno debe aceptar totalmente cómo es. Además, en lugar de elegir vamos a tener que optar entre a o b, seguramente iremos a un ballottage. Por lo tanto la idea de “sí, pero sin esto”, va a llegar un momento que tanto Grabois como cualquiera van a tener que optar. Teóricamente está muy bien lo que dice. Queremos un gobierno representativo, popular, que defienda el trabajo argentino como prioridad número uno, y no queremos ninguna corrupción. La responsabilidad de la corrupción es mucho mayor de arriba para abajo. Lo digo con experiencia.

–¿El candidato del peronismo tiene que plantear posición sobre este tema?

–Absolutamente tajante, no debe eludir el tema. La corrupción no es un tema del que puede hablar solo Cambiemos.

–Además de Cambiemos, quien se muestra competitiva en las encuestas es Cristina Kirchner pese a estas acusaciones que le hacen. ¿Por qué considera que mantiene esa centralidad como figura opositora?

–La gente que está muy mal, está indignada y se rebela contra todo lo que le dicen, todo lo que sea a favor del Gobierno. Eso es lo que está pasando en el caso de Cristina y la corrupción. El comerciante, el trabajador, la empleada doméstica, el camionero, todos saben cómo vivían antes y cómo viven ahora. Eso es voto por Cristina. Es así, es objetivo. Y hay un gran porcentaje de gente que votó por Macri y sabe que se equivocó. Si nos ponemos de acuerdo que lo que tenemos que hacer no es una restauración, una vuelta para atrás, un “vamos a volver”, sino que vamos a llegar para cambiar y nos ponemos de acuerdo con cierto lenguaje, y con una unidad de acción y de concepción, podemos captar muchos de esos votos. Si insistimos en que nuestros bordes están cerrados por el kirchnerismo, entonces nos quedamos ahí. El kirchnerismo se puede quedar siendo una gran primera minoría, pero existe el ballottage.

–¿Le planteó estas cosas cuando se reunió con Cristina?

–Sí, lo que yo espero de Cristina es gestual. De Cristina mucho más que ideas y discursos espero gestos hacia la unidad.  Ella tuvo gestos como en un acto que hizo en Arsenal antes de las PASO de 2017. Ahí hubo una Cristina distinta. Pero después pasó que el Gobierno festejó las PASO como si la hubiera ganado cuando la había perdido y Cristina se enojó. Ella tiene que mostrar otro rostro, se lo dije personalmente, por eso lo digo ahora.

–¿Cuál sería un gesto por la unidad?

–Gesto hacia los gobernadores. Creo que fue un acierto que haya tomado distancia de la interna en Tucumán. Tiene que hacer gestos públicos, porque ahora no tienen que estar dirigidos sólo a los dirigentes sino también para que la gente los vea. Hay una actitud de espera. Hay una energía contenida que el día que haya un candidato, sea ella o ella tome una decisión, se va a canalizar y va a ser muy fuerte.

–¿Un gesto sería convocar a una reunión con todos?

–Yo hablé con ella algunas cosas. Le dije también que la situación nos indigna  y que al hablar con la prensa somos todos halcones. Si hay halcones tiene que haber palomas, pero no se ven las palomas. Hay que crear palomas. Gente que razone y haga razonar a un porcentaje de los votantes que están mirando. Hay que preguntarles si quieren recuperar un 25 por ciento de su salario, si quieren tener una inflación de un dígito, volver al PBI por habitante que había en 2015, un nivel de ocupación como el de aquel momento. Y preguntarles también si creen que Macri va a lograr eso en los próximos años.

–¿Su candidatura presidencial es independiente de lo que haga Cristina?

–Me gustaría mucho decir que es independiente, pero no lo es. Hay una gran influencia sobre mi candidatura de la decisión que tome Cristina. El público con el que yo hablo es peronista y cristinista a la vez. Después hay un público adicional al que habrá que ir a buscar.

–¿Y Cristina está en condiciones de ir a buscar ese público?

–Todavía no. Si no hay cambios, no. Si no hay una modificación de la forma de concebirse, no está asegurado eso. Veo cambios, pero no alcanzan. Hacen falta más gestos.

–¿Massa, Urtubey y Pichetto se sumarán a la unidad finalmente? 

–Me interesan los gobernadores y sería importante lo de Massa. Respeto mucho a Urtubey y Pichetto, pero hoy no lo veo. El que tiene que tomar una decisión importante es Massa, que me parece que está tironeado. Pero no tengo que decir yo quién tienen que estar. Bienvenidos los que vengan.


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