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Día de la Madre y emancipación cultural

En nuestro país una lucha desigual se lleva a cabo en el plano cultural. Fechas sin significado propio, exclusivo interés en la ganancia comercial y expropiación de la capacidad de pensar en forma situada.

De este modo, el día de las madres, se centra en el consumo de bienes y servicios con la intención de homenajearlas; pero no se debate el valor cultural, social y político que requiere la participación de las mujeres en la construcción de un país mas justo.

En tal carácter, se torna necesaria la reivindicación de las mujeres decididas a ser madres de millones de suramericanos, dando al homenaje un contenido cultural propio y no importado.

Con origen en una fiesta católica el día de la madre se instituyó en nombre de Julia Ward Howe, activista norteamericana, que nada tiene que ver con la apropiación legitima de nuestro pasado y de sus protagonistas que lucharon por el bien común frente al agresor extranjero o el interés foráneo.

Creemos necesario rescatar a la mujeres que, como Juana Azurduy, tomaron las armas, dieron a luz en pleno campo de batalla y persuadieron a hombres y mujeres a luchar por la emancipación de toda una nación latinoamericana.

Se torna imprescindible rescatar del fondo de la historia a las madres suramericanas que concibieron una Surámerica y soñaron con un continente unido y soberano. Para ello no podemos olvidar a “Macacha” Güemes y sus compañeras anónimas, luchando contra el avance realista.

Debemos resaltar la conquista de los derechos civiles de la mujer con Yrigoyen, los derechos políticos y laborales con Juan Perón y Eva Duarte. Y en ambos movimientos el reconocimiento que merecen las mujeres que se dedican a la noble actividad política.

Hoy, las madres sufren el azote de mujeres y hombres que, perteneciendo a clases sociales dominantes les impiden liberarse de la triple opresión que sufren: de un país a otro (Cristhine Lagarde), de una clase dominante (Juliana Awada) y de género (desigualdad salarial, violencia doméstica).

No alcanzan las leyes con perspectiva de género que resguardan sus derechos pero no permite ejercerlos al no haber justicia social. Ganando un 27% menos para igual puesto que los hombres, las mujeres se hallan en condiciones de flexibilización laboral, lo que feminiza la pobreza y ensombrece el porvenir.

Una mujer con trabajo digno tiene mayor probabilidad de emanciparse de una situación de violencia que una desempleada. Por lo tanto, la lucha por la emancipación femenina es la lucha colectiva del pueblo (mujeres y hombres) por la justicia social. Esta lucha es inseparable de la batalla por la emancipación cultural y económica de la América del Sur./

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